25/2/2021 5:45:00

El gran error de decir que hay vacunas “perdidas”

Sergio Silva Numa - @SergioSilva03

La Contraloría ha creado zozobra entre el personal de salud encargado de aplicar vacunas al señalar que no aparecen algunas dosis, desconociendo los procesos normales de pérdida que se dan en todo el mundo.

Hay muchas razones logísticas por las que se pueden "perder" dosis de vacunas para el coronavirus. / SEBASTIEN BOZON

Hace un par de días la Contraloría publicó un breve comunicado en su página web. En unos pocos párrafos advertía que varios de sus funcionarios habían reportado vacunas perdidas en algunos municipios. Como muestra de eficiencia aseguraba que habían inspeccionado centros de acopio y verificado el almacenamiento. También habían visitado clínicas y hospitales. Al no descubrir con precisión qué había pasado, “determinaron varias acciones para establecer lo sucedido con las vacunas que no se aplicaron y no aparecen”. (Lea Con 50 mil dosis de vacunas aún falta mucho para celebrar)

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El supuesto misterio investigado por la Contraloría fue replicado por varios medios de comunicación con títulos alarmantes. “Contraloría reporta la pérdida de 15 vacunas contra Covid-19”, rezaba uno de ellos. “Vacunas perdidas ya no son 4, sino 16: Contraloría General de la Nación”, señalaba otro. “Contraloría investiga pérdida de vacunas en Risaralda”, resumía uno más.

Los mensajes levantaron suspicacias. La indignación en redes sociales se multiplicó por un supuesto “robo”. Desde entonces varios químicos farmacéuticos, que son quienes reciben las vacunas en diferentes IPS, tienen temor de que les abran una investigación. Otros trabajadores del personal de salud sienten lo mismo. Como dijo esta mañana en Blu Radio Andrés Aguirre, gerente del Hospital Pablo Tobón Uirbe (Medellín), ahora el mundo está al revés; “nuestras enfermeras preparan la vacuna temblando”.

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El H. Pablo Tobón Uribe publicó ayer un comunicado en el que trataba de explicar por qué la Contraloría se equivocaba en sus apreciaciones. En pocas palabras, le reiteraba al órgano de control que de las 1.170 dosis que recibieron, aplicaron 1.167. Lo que había sucedido con las otras tres faltantes es algo que suele pasar con frecuencia en el mundo farmacéutico: tuvieron que ser desechadas. ¿La razón? Un par de viales, esos frasquitos donde vienen las vacunas, no contenían los mililitros necesarios para administrar el biológico “completo” a un paciente. Tras hacerlo, el Hospital reportó lo sucedido (como debe hacerse).

Ángela Caro, presidenta de la Asociación Colombiana de Farmacovigilancia, le asombra lo que está sucediendo. Su recomendación para quienes buscan abrir investigaciones por esas dosis “perdidas” es que sean un poco más rigurosos. Antes de acusar a alguien, sugiere, hay que preguntarse cómo se pudo “extraviar” una vacuna. “Hay que buscar hipótesis y comprobarlas antes de generar alarmas innecesarias”, reitera.

A lo que se refiere Caro es que hay muchos caminos por los que puede echar a perder una dosis de un biológico. Por solo poner un par de ejemplos, puede pasar que un vial (el frasquito) se rompa o que en el momento en el que se debe mezclar la vacuna con el diluyente se desperdicien unas gotas y eso conduzca a descompletar unas dosis. También puede suceder que haya errores en la cadena de frío o que los instrumentos usados (como las jeringas) no eviten el desperdicio.

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De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) identifica dos grandes grupos de desperdicio: “de viales cerrados” o “de viales abiertos”. Entre sus cifras explica que, aproximadamente, el desperdicio de vacunas en el planeta (no para el caso del COVID-19, claro) puede ser hasta del 50%. Es un porcentaje que varía dependiendo del número de dosis que contenga cada vial: es mucho menor en el caso de las dosis única (5%) y mucho más alto para los viales de más de una dosis. Si tiene 2 a 5 dosis la tasa de pérdida puede ser del 10%; y si contiene entre 10 y 20, entre el 25% y 40%, dependiendo del uso que se le deba dar.

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Por ejemplo, en Cali, durante el 2017, se “perdieron” 37.224 vacunas mientras se llevaba a cabo programa de inmunización, pero se aplicaron más de un millón. Una de la que más se echó a perder fue la de la fiebre amarilla (más de 3 mil), pues debe ser administrada seis horas después de abrirse. Ese año, sin embargo, se aplicaron con éxito casi 11 mil de esos bilógicos. (En este documento puede consultar esos datos)

Para entenderlo mejor, basta con imaginar lo que sucede con la vacuna de Pfizer/BionTech. Cada vial de la multinacional contiene seis dosis de su vacuna. Hay en total 0,45 mililitros. Para poder aplicarla, quienes la preparan deben seguir un riguroso proceso. Primero, tienen que esperar a que se descongele (debe pasar de los -70 °C a entre 2ºC y 8ºC). Una vez la extraigan de los refrigeradores, el vial debe alcanzar temperatura ambiente para ser diluida en 1,8 mililitros de cloruro de sodio. Tras mezclarla (aún en el vial), el siguiente paso es llenar seis jeringas con 0,3 mililitros cada una. Esa cantidad es la que un paciente va a recibir. (Para que se haga una idea, una cucharita de mezclar el tinto puede tener, aproximadamente, 1 mililitro).

Como dice Ángela Caro, en ese proceso pueden ocurrir errores, entre otras cosas, por una simple razón: “somos humanos”. “Pero lo que no puede pasar”, complementa Pedro Amariles, PhD en farmacia y profesor de la Universidad de Antioquia, “es que este asunto se convierta en un tema punitivo porque es contraproducente: puede generar una ausencia de reportes por parte de las instituciones, cuando la invitación debe ser a reportar. Necesitamos más y mejor información”.

Lo cierto, dice Caro, es que todos y especialmente la Contraloría deben tener presente que hasta al mejor panadero se le quema el pan, sin que eso quiera decir que exista un riesgo de malas prácticas en la distribución de las vacunas, como ya ha sucedido en varios países de América Latina.

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El diablo está en los detalles

Hay, claro, muchos otros motivos por los que se puede desperdiciar una dosis. Que el paciente no cumpla su cita o que haya un error en el transporte, son algunos de ellos. Pero hay detalles técnicos que también pueden influir en esa “pérdida” de líquido. Uno que puede incidir es el tipo de jeringa que se utilice.

Volvamos al ejemplo de la vacuna de Pfizer para entenderlo mejor: en cada vial hay 0,45 mililitros que deben diluirse en 1,8 ml de cloruro de sodio. Al mezclarse quedan, en total, 2,25 ml, lo cual quiere decir que, en verdad, cada vial tiene 7,5 dosis (cada dosis es de 0,3 ml).

Entonces, ¿por qué el Ministerio de Salud y la compañía dicen que hay seis? Justamente, porque es muy posible que cierta cantidad quede “capturada” en las jeringas, según el tipo que utilicen. En el mundo farmacéutico suelen llamarlo el “volumen muerto”.

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La recomendación de Pfizer es que no se utilicen jeringas cuyo volumen muerto sea superior a 35 microlitros (o 0.035 mililitros). La pregunta que varios se hacen es si el Minsalud sabe con precisión cuál es el “volumen muerto” de las jeringas que está repartiendo. Le preguntamos, pero al momento de publicar este artículo no habíamos obtenido respuesta.

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