El hambre aumenta por tercer año consecutivo en América Latina y el Caribe: FAO

Según los datos disponibles, el número de personas que padecen hambre ha venido creciendo durante los últimos tres años, volviendo a situarse en los niveles de hace una década. Se calcula que 39 millones de personas de la región la sufren.

Feed My Starving Children (FMSC) Guatemala

En 2017, las personas subalimentadas del mundo alcazaron los 821 millones: casi una persona de cada nueve que habitamos el planeta Tierra.

De acuerdo con el más reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la inseguridad alimentaria grave está aumentada en casi todas las subregiones de África y América del Sur.

En América Latina y el Caribe, unas 39 millones de personas tienen hambre, o viven bajo condiciones de inseguridad alimentaria.

Sobrepeso y cambio climático

“La inseguridad alimentaria que vemos hoy, además de contribuir a la desnutrición, también contribuye al sobrepeso y la obesidad, lo que explica en parte la coexistencia de estas formas de malnutrición en muchos países”, reza el informe.

En 2017, el sobrepeso afectaba a más de 38 millones de niños menores de cinco años; África y Asia representaban el 25% y el 46% del total mundial, respectivamente. La anemia en las mujeres y la obesidad en adultos también están aumentando a nivel mundial: una de cada tres mujeres en edad reproductiva padece anemia y más de uno de cada ocho adultos, o más de 672 millones, son obesos.

La FAO apunta que el sobrepeso y la obesidad están aumentando el riesgo de enfermedades no transmisibles, tales como diabetes de tipo 2, hipertensión, ataques cardíacos y algunas formas de cáncer. Además de los conflictos y la violencia en muchas partes del mundo, la variabilidad del clima y la exposición a eventos climáticos extremos más complejos, frecuentes e intensos están mermando los logros alcanzados en la eliminación del hambre y la malnutrición.

Actualmente se calcula que el número absoluto de personas del mundo afectadas por la subalimentación o carencia crónica de alimentos, se ha incrementado desde alrededor de 804 millones en 2016 a los casi 821 millones en 2017.

Hambre en el mundo

África sigue siendo el continente con la prevalencia de subalimentación más alta, ya que esta afecta a casi el 21% de la población (más de 256 millones de personas). En Asia, para 2017 se calcula que el 11,4% de la población está subalimentada; esto representa más de 515 millones de personas. “La situación América del Sur se está deteriorando, ya que la prevalencia de subalimentación ha aumentado del 4,7% en 2014 a un 5,0% proyectado para 2017”, se lee en el informe.

La obesidad, el hambre y el cambio climático.

La variabilidad del clima y la exposición a condiciones climáticas extremas, frecuentes e intensas amenazan con socavar y revertir los avances realizados hacia la eliminación del hambre y la malnutrición.

Según la FAO, las graves sequías vinculadas al fuerte fenómeno El Niño de 2015-16 afectaron a numerosos países, contribuyendo así al reciente repunte de la subalimentación a nivel mundial. è La situación del hambre es significativamente peor en los países cuyos sistemas agrícolas son extremadamente sensibles con una elevada sensibilidad a la variabilidad de las precipitaciones, la temperatura y a las sequías graves, y donde los medios de vida de una elevada proporción de la población dependen de la agricultura.

Los desastres climáticos han acabado por dominar el panorama de los riesgos hasta el punto de que actualmente representan más del 80% de los principales desastres notificados a nivel internacional. De todos los peligros naturales, las inundaciones, las sequías y las tormentas tropicales son las que más afectan a la producción de alimentos. La sequía, en particular, causa más del 80% de los daños y pérdidas totales en la agricultura, especialmente en los subsectores de la ganadería y la producción de cultivos.

Las inundaciones provocan más desastres relacionados con el clima a nivel mundial que ningún otro evento climático extremo, pues los desastres causados por inundaciones han experimentado el incremento más elevado (un 65%) en términos de incidencia durante los últimos 25 años. En 51 países de ingresos bajos y medianos se produjo un inicio temprano o tardío de las estaciones, 29 experimentaron estaciones de menor duración, y 28 registraron ambas circunstancias

En 2017, el promedio de la prevalencia de subalimentación en países con una alta exposición a los choques climáticos fue de 3,2 puntos porcentuales por encima del promedio de países con una exposición baja o inexistente. Incluso más sorprendente resulta el hecho de que los países con una elevada exposición hayan duplicado con creces el número de personas subalimentadas (351 millones más) en comparación con los países que no registran una exposición elevada. El aumento de la prevalencia de subalimentación es aún más pronunciado y comienza en 2011 en aquellos países con una elevada exposición a eventos climáticos extremos (más del 66% del tiempo) y también niveles elevados de vulnerabilidad.

A la larga, esto tiene un efecto sobre el crecimiento de los niños. Una buena noticia para la región es que posee una muy baja tasa de desnutrición aguda infantil (1,3 %), equivalente a 700 000 niños y niñas menores de cinco años, muy por debajo del promedio global de 7,5 %. Sólo uno de cada 100 niños menores de 5 años en América Latina y el Caribe sufre esta condición.

El retraso en el crecimiento de las niñas y los niños (desnutrición crónica) también se ha reducido, cayendo desde 11,4 % en 2012 a 9,6 % en 2017: hoy afecta a 5,1 millones de menores de cinco años en la región.