El juego: vitamina para el cerebro

Los juegos potencian la diversidad intelectual en los niños y pueden complementar sus procesos de aprendizaje.

Comprar juguetes no es cosa de niños. Al menos eso es lo que cree Martha Dávila, gerente de Imaginarium en Colombia, una tienda dedicada al diseño de juegos no convencionales pues cada uno de ellos ha sido diseñado para fomentar la diversidad intelectual en la infancia.

“La variedad de inteligencias que tenemos los seres humanos nos da la oportunidad de ofrecer algo particular al mundo”, argumenta Dávila, “la importancia de generar procesos de aprendizaje alternativos que más tarde se reflejen en la transformación creativa de la sociedad”.

Según lo ha defendido por años Howard Gardner, psicólogo y profesor de la Universidad de Harvard, el juego resulta indispensable para la estimulación de las inteligencias durante la infancia y puede convertirse en el complemento de un sistema educativo que “tiende a valorar determinados talentos en detrimento de otros”.

“El sistema educativo ha asumido que todos pueden aprender de la misma manera, a través de medidas uniformes y universales que sirven para evaluar y homogeneizar las capacidades de los alumnos”, afirma en su libro Inteligencias múltiples: la teoría en la práctica.

Gardner define la inteligencia como el potencial biológico y psicológico que permite resolver problemas o crear productos valiosos para una sociedad a través de diferentes habilidades y destrezas. Con base en esta definición, creó la teoría de las inteligencias múltiples, que corresponde a la idea de que la inteligencia de los seres humanos no es única y que, en consecuencia, es posible conocer, interpretar y comprender el mundo de distintas maneras.

Según este psicólogo, los humanos pueden desarrollar ocho inteligencias: visual-espacial, lingüístico-verbal, lógico-matemática, musical, corporal-cinestésica, intrapersonal, interpesonal y naturalista.

“Nuestra manera particular de ser inteligentes a veces desborda los modelos de aprendizaje existentes. Es necesario generar espacios para potenciar el aspecto concreto —y muchas veces despreciado— en el que nos destacamos”, explica.

Instrumentos musicales, títeres, ábacos, vehículos, micrófonos, pinceles, tubos de ensayo, pequeñas ciudades de madera, marionetas, elementos deportivos, disfraces, microscopios, pizarras, piezas para ensamblar y libros ilustrados que permiten al niño construir sus propias historias, son algunos de los juguetes a través de los cuales “niños de diferentes edades manifiestan y potencian sus habilidades”.

“Hay muchas formas de enseñar los números a los niños. Algunos los entienden con un ábaco, otros a través de la melodía que componen en un piano o de la obra teatral que recrean con los títeres. Hay niños que aprenden a contar en un partido de baloncesto, otros por medio de la escritura de un cuento o con los insectos que cazaron y observan en un microscopio”, indica Dávila.

Howard Gardner sugiere que los niños y jóvenes (y posiblemente la sociedad en su conjunto) se verían beneficiados si las diferentes disciplinas escolares se presentaran de diferentes formas, “a través del juego, por ejemplo”.

“Las personas aprenden, representan y utilizan el saber de diversos modos. Las instituciones educativas de todos los niveles deberían comprender que los seres humanos somos intelectualmente competentes de diversas maneras y que, por lo tanto, el aprendizaje de los alumnos debe ser activo y multimodal”.

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