El origen de la epidemia de ébola

Una nueva pesquisa indica que el simple juego de un niño con un murciélago desencadenó la expansión del letal virus.

En África se han presentado alrededor de 19 mil casos de contagio. / AFP

¿Dónde comenzó la epidemia de ébola? ¿Cuál fue el origen de esa letal enfermedad que hasta el momento ha cobrado la vida de más de 7.000 personas en los países africanos? Responder estas preguntas ha sido una de las tareas a resolver desde que hace varios meses empezó a regarse por África Occidental la enfermedad que hasta la fecha ha infectado a alrededor de 19.000 personas.

Pero ahora, un grupo de investigadores de la organización científica EMBO parece haber puesto fin a ese enigma, luego de llevar a cabo una investigación en el sur de Guinea, en un pequeño pueblo llamado Meliandou. Según su análisis, en el que participaron genetistas, veterinarios y antropólogos, fue allí donde se produjo el primer caso que dio pie a la expansión del virus. Se trató de un niño de apenas dos años que murió a finales de 2013 luego de tener contacto con un murciélago, el principal vehículo de transmisión del ébola.

Aunque todas las pistas hasta ahora encontradas indicaban que el inicio de la expansión del virus pudo darse por la costumbre lugareña de consumir murciélagos, los científicos descubrieron, después de hacer varias entrevistas y llevar a cabo un juicioso seguimiento de las personas que habían estado en contacto con el menor, que en Meliandou, donde murieron en total 12 personas, era frecuente que los niños jugaran en lugares donde había reservorios de estos mamíferos. Y uno de ellos era un árbol que los pobladores habían quemado cuando el brote se empezó a hacer incontenible en el país africano y las autoridades prohibieron el consumo del animal.

“Llegamos a Meliandou, entrevistamos a todo el mundo, preguntamos a los cazadores de murciélagos. De los cuatro del pueblo, ninguno vivía en la casa de los abuelos donde enfermó el niño”, le dijo a El País de España Almudena Mari Sáez, antropóloga que participó en la investigación. “Los niños pueden comer carne, pero la carne hervida no es el problema. La clave es cazar el murciélagos y estar en contacto con su sangre y sus órganos”, aseguró también a ese diario Fabian Leendertz, epidemiólogo del Instituto Robert Koch (Alemania) y autor principal del estudio.

Para hallar el verdadero origen de la epidemia, los científicos se dieron a la tarea de recuperar las cenizas del árbol para luego someterlas a un análisis genético. Entre los restos encontraron ADN del Mops condylurus, una especie de murciélago insectívoro. Con él, dicen los científicos, es muy probable que el niño haya estado jugando. Y a partir de ese juego se infectó y luego contagió a su madre. También ella murió.

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