El pájaro que esconde la clave para evitar las concusiones en jugadores de fútbol

Desde hace varios años las investigaciones han probado una y otra vez que los fuertes cabezazos de futbolistas de la NFL y la FIFA pueden tener causarles problemas neurológicos graves. Una proteína presente en el cráneo de este animal podría ser la llave para evitarlos.

Los avances tecnológicos y de seguridad en los equipos deportivos se han basado en las adaptaciones anatómicas y la biofísica del pájaro carpintero.Pixabay

El pasado domingo se llevó a cabo uno de los eventos deportivos más esperados por Estados Unidos, y cada vez más, por el resto de países: el Super Bowl, la gran final de la liga de fútbol americano profesional de los Estados Unidos (NFL). Aclamados por el público, los deportistas se enfrentan en una cancha en la que se reparten cabezazos, empujones y patadas por igual.

Si bien son estos elementos los que hacen al deporte emocionante, también pueden ser los causantes de graves enfermedades cuya prevalencia aumenta en jugadores del deporte, incluso en la ligas universitarias y de jóvenes. (Lea también: Cabezazos, un tabú del fútbol)

Tras el suicidio del jugador de fútbol americano Mike Webster en marzo de 2002, el patólogo Bennet Omalu decidió investigar qué podía haber llevadoal hombre de 50 a tomar esa decisión, Su hipótesis era que él, como muchos jugadores de la NFL, había sufrido traumatismo craneoencefálico crónico causado por los repetitivos rebotes del cerebro en el craneo de los jugadores de este deporte.

Desde entonces, la evidencia no deja de aparecer. Un estudio reciente encontró que si bien los jugadores de la NFL viven más que el norteamericano promedio, las tazas de enfermedades neuronales como la esclerosis lateral amiotrófica son muchísimas más altas que en la población general. Para ser exactos, un jugador de la NFL tiene 200% más chance de morir por esta enfermedad que un americano promedio. 

“Para ser jugador de futbol americano debes tener un cuerpo increíblemente saludable”, explicó Atheendar Venkataramani, la directora del estudio. “Por eso, una comparación la población general era como comparar peras y manzanas”, dijo la docente de la Universidad de Pensilvania. 

Lo más grave es que estas lesiones afectan al órgano más importante del cuerpo. Sus consecuencias pueden ir desde deterioro en el comportamiento, alteraciones de memoria, concentración y habilidad, hasta empobrecimiento de habla, pérdida de la intencionalidad y del impulso, alteraciones en la ubicación, pérdida de la capacidad de análisis y pobre toma de decisiones.

La peor parte es que los cascos que usan estos deportistas no ayudan mucho para remediar el problema. Varios estudios sugieren que la presencia de cascos hace que los jugadores sean más propensos a utilizar su cabeza como un “arma” en el campo, lo que hace que los golpes –y el consecuente rebote del cerebro en el craneo– sean más graves.

Hasta ahora, no hay una solución real para el problema, que, de hecho, se extiende también al futbol que disfrutan la mayoría de latinoamericanos durante los torneos locales, la Champion’s League o el Mundial de la FIFA. 

No obstante, una reciente investigación sobre un animal que se la pasa dándose martillazos en la cabeza podría dar unas cuantas pistas para evitar que los atletas más competitivos terminen con sus neurotransmisores afectados, y con la cabeza inundada con alteraciones químicas dañinas. 

Se trata de un estudio publicado en la revista Plos One, en el que los científicos analizaron los cerebros de los carpinteros, que con cada picoteo en la madera, el pájaro sufre una fuerza de 1.200 a 1.400 g. En humanos, una fuerza de 60-100 g puede provocar una conmoción cerebral. Lo interesante es que si bien los investigadores encontraron signos de daño cerebral en los pájaros, éste parecía no afectarles en lo más mínimo.

"Ha habido todo tipo de avances tecnológicos y de seguridad en los equipos deportivos basados en las adaptaciones anatómicas y la biofísica del pájaro carpintero. Lo extraño es que nadie ha mirado el cerebro de un pájaro carpintero para ver si hay algún daño", dijo Peter Cummings, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston, sobre la investigación de la que hace parte.

Los científicos se concentraron en buscar una proteína llamada tau, que se envuelve alrededor de los axones de las neuronas, que son como cables que las conectan entre sí. “La proteína tau les da protección y estabilidad y les permite seguir siendo flexibles”, explicó Cummings al portal Ciencia Plus.

Sin embargo, en exceso esta proteína puede ocasionar interrupciones en la función nerviosa. Las funciones cognitiva, emocional y motriz pueden verse comprometidas, dijo el profesor. 

Lo interesante es que si bien los pájaros carpinteros estudiados estudiados tenían muchísima más tau en sus cerebros que el grupo de control de mirlos, el hecho de que tras 25 millones de años de existencia como especie los pájaros sigan existiendo, podría ser indicativo de que esta proteína no está teniendo efectos nocivos en estas aves.

“Si el picoteo causara lesión cerebral, ¿por qué seguiríamos viendo este comportamiento? ¿Por qué se detendrían las adaptaciones evolutivas en el cerebro? Existe la posibilidad de que la tau en pájaros carpinteros sea una adaptación protectora y tal vez no patológica en absoluto”, djo Cummings.

“La puerta está abierta para descubrir qué está pasando y cómo podemos aplicar esto a los humanos”, añadió.