“Las enfermedades mentales no deben avergonzarnos”

El doctor Rodrigo Córdoba asegura que el país debe acabar con el estigma social contra patologías como la depresión.

Rodrigo Córdoba, presidente de la Asociación Psiquiátrica de América Latina. / Reinhard Dienes

La semana pasada el país se conmocionó tras haber conocido sobre las muertes de Gabriel Navarro, hijo del senador del partido Verde Antonio Navarro, y del periodista Juan David Arango y las circunstancias en que estas se dieron. En el marco de esos dolorosos episodios surgen preguntas sobre el trabajo de prevención que viene ejecutando el Estado desde sus políticas para evitar al máximo que este tipo de hechos se presenten. El Espectador habló con el doctor Rodrigo Córdoba, presidente de la Asociación de Psiquiatría en América Latina acerca de las causas del suicidio y cómo se puede prevenir.

¿Qué tan grave es la situación del suicidio hoy en Colombia?

Esta semana en Colombia sucedieron dos cosas significativas: un suicidio consumado y el informe de las personas que mueren por actos violentos. Las dos cosas se relacionan porque la violencia es medida cuando se ve como problema de salud pública. Los dos grandes picos en suicido y en violencia se presentan en persona jóvenes con grandes potencialidades de vida. El gran pico de las muertes violentas está entre los 20 y 39 años y detrás de un acto violento hay una situación de salud mental. Por su parte, en el país hay cinco muertes por suicidio al día, una situación que se podría prevenir y es una discusión importante.

¿Qué tanto debe preocuparles a las autoridades los índices de suicidio?

El suicidio debe ser una preocupación profunda de política pública. Es uno de los grandes indicadores sanitarios.

¿Los índices de suicidio son similares en todos los sectores sociales?

No hay datos precisos por clases, pero es un fenómeno de ambos sexos. Los datos de Medicina Legal muestran que se presenta más en hombres, pero hoy en día no es exclusivo de ellos. Se dice que en cuestión de intentos, la relación es 3 a 1. Y los que consuman el suicido es 3 a 1, más hombres que mujeres. Pero es de todas las clases sociales, sin discriminación.

¿Se presenta mayor número de suicidios en las áreas donde hay conflicto armado?

No tenemos datos concretos, pero por ejemplo se dice que los departamentos de Antioquia y Caldas tienen mayor presencia de trastornos afectivos y por eso tienen mayores tasas de suicido. Pero en general, son todas las regiones las que tienen este tipo de situaciones.

¿Por qué se cree que los países más desarrollados tienen tasas más altas de suicidio? ¿Es eso cierto?

Eso ha estado en el imaginario hace 25 o 30 años. Yo tengo la percepción de que quizás esos países tenían sistemas de salud más organizados y un registro adecuado de lo que estaba sucediendo. Hoy que nosotros tenemos sistemas de medición más precisos nos damos cuenta de que las cifras de América Latina son similares a las europeas. Colombia es el tercer país que tiene mayor número de suicidios.

¿Cada vez desde hay una mayor preocupación en el Estado por generar políticas públicas y atender este problema en particular?

Existe la preocupación por la salud mental, hay más conocimiento del problema pero si nosotros decimos que el factor de riesgo es detectar a las personas que están en riesgo, obviamente todavía los niveles de atención no son suficientes.

¿Por qué prima el suicidio en la población joven?

Los dos grandes picos de edad están en las personas jóvenes de 15-24 años y mayores de 60 años. La explicación de las personas jóvenes está dada porque todavía en sus tratos biológicos y en los fenómenos psicológicos prima más la impulsividad que la reflexión. Es decir, primero actúo luego pienso. Parece que los procesos de edad generaran más un proceso reflexivo. En el adolescente situaciones complejas pueden terminar siendo el detonante para consumar actos suicidas.

Los estudios de Medicina Legal indican que una de las causas principales de suicidio en los jóvenes son las decepciones amorosas. ¿Por qué el joven no es capaz de resistirla y no cuenta con la capacidad de frustración para poder asumirla?

Muchas veces es el intento de explicación que se le da al suicidio. Pero para el suicidio hay dos detonantes principalmente y es lo que la Universidad de Columbia, en Nueva York, ha denominado “fenómeno diátesis”, es decir, que existe una enfermedad mental de base y esa enfermedad mental se enfrenta a un evento estresante. Y síntomas marcados, más un evento estresante es la mayor explicación de suicidios consumados en el mundo.

¿Qué es lo que hace que ante una situación similar una persona opte por el suicidio y la otra no?

El terreno abonado son las enfermedades mentales. Es decir, tener una depresión es un factor de riesgo para tener un suicido.

Pero la depresión se da por factores genéticos, el entorno familiar o ¿qué hace que una persona sea más propensa a tenerla?

Quizás es uno de los grandes vacíos que tenemos en la comprensión de las enfermedades mentales, pues no tenemos una respuesta completa para entender el origen de estas enfermedades. Creemos que es un fenómeno complejo y que debe ser entendido desde diferentes marcos. Creemos que es un juego de interacción. Es decir, hay una carga biológica básica, existe un terreno abonado biológico, carga genética, procesos de neurología cerebral, unas características particulares de personalidad y esto interactúa con fenómenos sociales.

¿Hay países con mayor número de enfermos mentalmente que otros?

En este momento Colombia tiene una particularidad y es que cuenta con tres estudios de salud mental y ha sido aprobado un cuarto que se encuentra en proceso actualmente. En general, en América Latina no hay estudios juiciosos como los hay en Colombia. Esas investigaciones arrojaron datos como que cuatro de cada diez colombianos han tenido, tienen o tendrán algún tipo de enfermedad mental.

¿Qué debe hacer un Estado cuando sabe que el país cuenta con esas estadísticas?

No podemos hacer lo que se hace con las enfermedades infecciosas de decir “vacunemos a la señora del trastorno bipolar”. Entonces lo que nosotros decimos es que hay que dar prevención secundaria, identificar la enfermedad, la manifestación de los síntomas y generar un sistema sanitario amplio. Es muy importante disminuir el estigma porque aquí la gente le da más vergüenza tener una depresión que cualquier otra enfermedad por vergonzosa que sea. La gente tiene mucha dificultad en aceptar que se deprime.

¿Pero no hay una forma específica de prevenir antes de que se empiecen a manifestar los síntomas?

Hay muchas hipótesis en ese sentido como los modelos de crianza y las condiciones saludables. Por ejemplo, una causa altísima de riesgo para una enfermedad mental es el abuso sexual temprano. Eso es un terreno para todas las enfermedades de acuerdo a la potencialidad. Claro que cada vez empezamos a identificar personas con factores de riesgo.

¿Cómo las identifican?

Por ejemplo, la hija de dos personas que tengan la enfermedad, por cambios en el funcionamiento, por el consumo de sustancias psicoactivas etcétera. Ante todas esas personas se debería estar en estado de alertas, son como alarmas rojas que se prenden para ser intervenirlas.

¿Cuáles son los síntomas de las enfermedades mentales y cómo identificarlos?

Los cambios de comportamiento y de funcionamiento, es decir, aquel que no se quiere levantar, que se siente triste, que tiene ideas relacionadas con la muerte como sucede con los intentos suicidas son síntomas a tener en cuenta.

Usted ha hecho énfasis en el consumo de sustancias psicoactivas. Es decir, las drogas, ¿Estas tienen injerencia en que las personas que las consumen sufran de trastornos mentales?

Las drogas como tal no le hacen daño a todo el mundo pero al que tiene riesgo sí le hace daño. Ese es un pequeño porcentaje de la población que hay que identificarlo. Por eso nosotros hemos defendido que la regularización de la droga, creemos que es un paso que se debería dar en política pública porque para las personas que les hace bien debería estar regulada por el Estado, pero a los que les hace daño, los podemos identificar tempranamente e intervenir de manera adecuada.

Las personas le tienen temor al tratamiento de las enfermedades mentales porque se tiene en el imaginario de que estas son tratadas con drogas que generan un cambio de comportamiento, de personalidad y de dificultad en el entorno. ¿El tratamiento de salud mental solo se da con drogas?

Lamentablemente eso es una idea errada y exagerada. Los medicamentos en psiquiatría y salud mental cada vez se han perfeccionado, es decir, esos efectos secundarios han desaparecido. Cada vez son más seguros, más sencillos de usar y tienen unas indicaciones muy precisas, aunque no son curativos. Es decir, no es que si alguien tiene depresión, yo le doy un antidepresivo y no le vuelve a aparecer una depresión, sino que mejoran los síntomas. Todo proceso psicológico debe estar acompañado de un proceso terapéutico.

Si usted tiene un familiar cercano que ve que tiene este tipo de cambios en el comportamiento, ¿cómo debe actuar?

No debe entrar en negación de los síntomas se deben reconocer y aceptar, la gente cree que las enfermedades son cuestión de voluntad. Por otro lado no se debe empujar a las personas a cosas, “haga esto que yo ya lo viví”, porque cada cual resuelve sus situaciones. Es importante generar espacios de reflexión, más que imponer, pero cuando esto ya se hace persistente, busque ayuda, hay un montón de psiquiatras y psicólogos preparados para prestar ayuda.

¿Y si la persona se niega a recibir ayuda?

Ese es uno de los grandes retos a los que debemos enfrentarnos. La mejor forma para persuadirlos es mostrándoles que hay una serie de cambios y que existen personas que los pueden ayudar en ese sentir.

¿Pueden unos padres, superar el suicido de su hijo?

¡Necesariamente! El mejor homenaje que le puede hacer una familia a su hijo es seguir adelante. Hay otros miembros de la familia que necesitan estar unidos, que no entienden qué fue lo que sucedió. Sin duda de las heridas más hondas que puede tener un padre es la pérdida de un hijo, es un hecho psicológico difícil de remontar pero necesariamente tienen que hacerlo. Y en muchas de las oportunidades tienen que buscar ayuda.

Hay quienes creen que se puede decidir sobre su propia vida y si quiere seguir viviendo o no. ¿Qué piensa?

Muchas veces ni siquiera son las ganas de morirse, sino el miedo a vivir, ya que por el momento emocional ve las cosas de una manera oscura. Darle el espacio y la reflexión, intervenirlos y reconocerlos siempre. Así se debería obrar en un intento de suicido. Igual, en el espacio y la filosofía de cada cual está la autonomía, el hecho de que cada cual decida sobre su vida siempre deberá estar primero.