Este es Julio César Aldana, el uribista que por segunda vez llega a la dirección del Invima

Aunque este médico cordobés es miembro del Centro Democrático e hizo una intensa campaña por Iván Duque, varias personas coinciden en que sabe separar su filiación política a la hora de tomar decisiones técnicas. Será el reemplazo de Javier Guzmán.

INVIMA

Este miércoles 10 de octubre, a las 12 m., el Instituto de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima) tuvo, oficialmente, un nuevo director. Como ya se había anunciado días atrás, la persona que reemplazó a Javier Guzmán, es el médico Julio César Aldana Bula. Es la segunda vez que este cordobés, nacido en Sahagún y uribista declarado, ocupa este cargo. Hace 16 años, cuando apenas iniciaba su presidencia, Álvaro Uribe también lo eligió para estar al frente de esa entidad. Ahora Iván Duque y el ministro de Salud, Juan Pablo Uribe, quisieron repetir la fórmula. (Lea Los extraños sobrecostos por la enfermedad de Gaucher)

"Lo que nosotros queremos es un Invima totalmente transparente, ágil eficiente, que entienda el dolor de muchos empresarios que padecen largas esperas para recibir autorizaciones y muchos terminan cayendo en peregrinajes burocráticos", dijo Iván Duque en la posesión de varios funcionarios del nuevo gobierno, que tuvo lugar en el Palacio de Nariño. 

Aldana, médico cirujano de la Universidad del Norte (Barranquilla) y especialista en diagnóstico por imágenes, llega a un Invima renovado. De pasar de ser una institución que hace unos años era señalada de estar capturada políticamente, hoy ha vuelto a retomar su protagonismo técnico. Guzmán, el saliente director, lo resumía en una frase hace unos meses: “Si uno mira el balance del (ex) ministro Alejandro Gaviria, algo importante fue lograr que personas sin vínculos políticos llegaran a la cabeza de las instituciones del sector”. (Lea Reumatólogos y biotecnológicos, una relación incómoda)

Aldana no cree mucho en esa frase. A sus ojos, “es poco probable que alguien no tenga, más allá de la filiación, una postura política”. Él ha sido franco con la suya. En su cuenta de Twitter publica con frecuencia trinos del senador Uribe y del presidente Duque. Mientras transcurría la campaña presidencial lo hacía con más constancia. Aldana era una de las personas claves en la costa y desde 2017 hacía parte, junto a 26 personas más, de la lista única de la sociedad civil de la dirección nacional del Centro Democrático.

Este video, donde él aparece, resume su papel en la campaña electoral:

Hoy reafirma su postura y no desmiente su relación con Duque y Uribe: “Soy una persona de centro y me identifico con las ideas del Centro Democrático y con las ideas del presidente Iván Duque. Lo acompañé de manera contundente en su campaña porque pienso que es la persona indicada para conducir el destino del país. Además, estoy muy orgulloso de pertenecer al partido. Pero así como me honra que me haya designado como director del Invima, me comprometo a dirigirlo para todos los colombianos”. (Lea Alimentos de hospital, un peligro en nuestra mesa)

Ese, justamente, será, a los ojos de varias de las personas que lo conocen, uno de sus principales retos: evitar que las presiones políticas y comerciales se sobrepongan sobre las necesidades técnicas de una entidad que ha sido clave para, entre otras cosas, sacar adelante políticas relacionadas con medicamentos. Francisco Rossi, director de la Fundación Ifarma, resume esa tensión con una frase. “Espero que a pesar de ser un duquista radical, pueda darle supremacía a la salud sobre los intereses comerciales”. (Lea Las normas que la industria farmacéutica quiere que frene el nuevo ministro de Salud)

Rossi conoce a Aldana de años atrás. Coincidieron en el sector público cuando este último era director del Invima en los primeros años presidenciales de Uribe. Rossi, entonces, era asesor de política farmacéutica del Ministerio de Salud. “Creo que es muy pragmático y tiene, además, una ventaja: es médico y entiende el debate de la regulación de los medicamentos. Mi imagen es que sabe cuáles son las implicaciones sanitarias de lo que se hace en el Invima. Ojalá siga el trabajo de Javier Guzmán”.

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En total, Aldana estuvo en el Invima durante cinco años, después de estar casi una década en como jefe del departamento de Radiología en la Clínica Bautista de Barranquilla. Su período, que arrancó en 2002, terminó en 2007 cuando fue nombrado Cónsul General en Washington, Estados Unidos. Eran años de discusiones complejas. Las negociaciones del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estado Unidos era uno de los asuntos claves de la agenda farmacéutica. Según una de las personas que trabajó con Aldana durante ese período, gracias a su postura los acuerdos relacionados con patentes no fueron tan desfavorables para Colombia. Luis Guillermo Restrepo, quien se desempeñó como asesor técnico del Invima en aquella época y fue elegido para hacer parte de la mesa de Propiedad Intelectual, lo confirma.

De hecho, cuando, junto a otro grupo de personas, Restrepo renunció a su participación en las negociaciones porque el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo había traspasado la línea roja, favoreciendo los intereses de la industria estadounidense, Aldana, dice, “respetó y respaldó mi decisión”. Al ministro de Salud Diego Palacios, en cambio, no le cayó muy bien la renuncia.

“Aldana fue un defensor del derecho a la salud por encima de los intereses comerciales en las negociaciones del TLC”, recuerda Germán Holguín, director de Misión Salud. “Hizo una buena gestión en un escenario complejo que pudo haber resultado desastroso”, reitera Rossi.

Aunque las personas que consultamos concuerdan en que el desafío de lidiar con las presiones políticas y comerciales es un gran reto para Julio César Aldana, un hecho los tranquiliza. El ahora director del Invima impidió que acabaran esa entidad cuando en el primer período de Uribe quisieron convertirla en una dependencia del Ministerio de Salud. “Lo defendió insistiendo que era crucial que el Invima fuera independiente y no una sección del Ministerio. En los países en los que eso sucede, suelen haber muchos problemas”, explica Restrepo.

“También tuvo que lidiar con intereses muy fuertes relacionados con el comercio de carne bovina. Fedegán, que tenía un gran respaldo político, ejerció mucha presión, pero supo evitar que influyeran en las decisiones técnicas”, advierte otra persona cercana a él que prefiere no ser citada.

“Respecto a esos temas y especialmente el farmacéutico, se rodeó de un equipo técnico que le dio una visión integral”, dice Carolina Contreras, exasesora jurídica de la dirección del Invima. Entre las personas que acompañaron como asesores de Aldana en esos temas, además de Restrepo, también estuvieron Claudia Vaca, hoy profesora de la Universidad Nacional, y Ángela Acosta, quien ahora trabaja en el South American Institute of Government in Health (ISAGS), en Río de Janeiro.

Otro de los puntos que parecen demostrar eso son los programas de Demuestra la Calidad y de farmacovigilancia. El primero, incluso, está entre los buenos recuerdos de Aldana: “Fue una manera de establecer un control sobre la fabricación de medicamentos”.

Aldana insiste en que, como aquella vez, conformará un equipo cuidadosamente seleccionado. Es muy pronto para saber cuáles serán sus apuestas pero da algunas pistas: “El Invima seguirá siendo una institución modelo en la región y en el mundo. No toleraré la corrupción y emplearé mis energías para que sea una entidad ágil y amigable con el emprendedor y el empresario”.

¿Cuál será su posición frente al decreto que permite la entrada de medicamentos biosimilares a través de tres rutas? “Seremos muy celosos de los estándares de calidad de los productos biosimilares sean los más altos”, responde. ¿Quiere decir eso que apoya la tercera ruta que tanta discordia ha creado entre la industria multinacional? “La norma establece tres vías para la entrada de los biosimilares y yo soy respetuoso de la norma”.

Frente a la polémica implementación del artículo 72 del Plan Nacional de Desarrollo del anterior Gobierno que, en palabras simples, buscaba que el Instituto de Evaluación Tecnológica en Salud (IETS) hiciera una evaluación para definir el valor terapéutico de un medicamento antes de que el Invima le otorgara un registro sanitario, Aldana es más reservado: “Siempre he estado de acuerdo con la regulación de precios de medicamentos. Fue un gran acierto. Hay que continuarlo porque uno de los factores que afecta el sistema financiero es la presión de las nuevas tecnologías. Sin embargo, nosotros nos dedicamos a vigilar, a controlar, a hacer inspección de los productos. La regulación que tiene que ver con los precios de los medicamentos es una competencia del Ministerio de Salud”.

 

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