Estimación de necesidades de vacunas para la COVID-19 en Colombia

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La necesidad de incorporar la población recuperada de la infección para generar inmunidad natural.

Los resultados de los estudios epidemiológicos poblacionales de seroprevalencia permiten: 1) cuantificar la proporción que ha estado expuesta a SARS-CoV-2; y 2) aunque controvertido, estimar la población que ha superado la COVID-19 y, por tanto, sin susceptibilidad a la enfermedad [1], aceptando que los anticuerpos son un marcador de inmunidad total o parcial contra el SARS-CoV-2.

En estados Unidos, país identificado como uno de los más afectados por la pandemia por COVID-19, el último reporte de seroprevalencia (julio/septiembre de 2020) muestra variaciones importantes entre las 52 entidades territoriales de ese país, encontrándose valores entre el 1 y el 23%.

Además, permite estimar en un 10% de las personas con anticuerpos SARS-CoV-2 detectables, equivalente a unos 33 millones de los 330 millones de habitantes de este país. En este sentido, al 30 de septiembre de 2020, en Estados Unidos, con un número de casos reportados de 7.2 millones; se podría decir que estos 33 millones sugieren una población infectada y recuperada de unas 4.6 veces más que dicho valor. Por su parte, en los países europeos más afectados, caso de España, el estudio de seroprevalencia, realizado entre el 27 de abril y el 11 de mayo de 2020, reportó un 5% de la población infectada (unos 2,3 millones de los 46,9 millones de habitantes de dicho país) [2], lo cual podría equivaler, acorde con los 224.390 casos reportados al 11 de mayo del 2020, a unas 10 veces más que los casos reportados.

Por su parte en Colombia, acorde con los datos preliminares, informados por el Instituto Nacional de Salud, el 26 de noviembre de 2020, para Leticia, Barranquilla y Medellín, además de ser optimistas, por sus valores altos (27 al 60%) muestra que, similar a los Estados Unidos, existe variaciones importantes, pasando del 27% para Medellín, al 55% para Barranquilla y 60% para Leticia. Situación que limita la realización de estimaciones para todo el país. Sin embargo, estos resultados, complementados con los reportados para Estados Unidos y España, de forma global, es plausible considerar que en Colombia, la población infectada sería unas 4-10 veces superior a los casos reportados.

En este contexto, con una estimación conservadora de 5 veces más de los casos reportados, al 25 noviembre de 2020, con 1.280.487 casos reportados, el número de personas infectadas sería cercano a los 6,4 millones de colombianos, equivalente a un 12,8% de los 50 millones de habitantes, o al 21% de los 30 millones, estimados para acercarnos a la inmunidad natural o de rebaño.

Relacionado con este concepto, es necesario mencionar que, aunque no existen datos que definan el umbral preciso que se requiere para alcanzar esta condición contra la COVID-19, la modelación y extrapolación, basada en enfermedades virales similares, permiten estimar que se alcanza con un 60 de la población recuperada y, con ello, llevar a que la tasa de replicación viral sea inferior a 1. [3]

Desde una perspectiva ideal, dicha inmunidad debería soportarse fundamentalmente en la disponibilidad, acceso y utilización de vacunas efectivas y seguras; sin embargo, desde una perspectiva práctica, y acorde con la evolución de la pandemia actual, las personas infectadas y recuperadas, también deberían sumarse a esta meta.

Teniendo la claridad, que por los desarrollos y avances en vacunas en el mundo, y especialmente por la existencia de la humanidad, la inmunidad de rebaño no puede limitarse solamente a la recuperación natural de las personas infectadas.

Por tanto, en el caso de Colombia, la estimación de necesidad de personas a ser vacunadas y, por tanto de vacunas, que realmente lo necesitarían debería considerar, restando a estas estimaciones, el número de las personas infectadas y recuperadas. Por ello, las dosis de vacunas requeridas sería para unos 24 millones personas y no para 30 millones.

Ahora el debate se centra en si la infección confiere o no inmunidad a largo plazo, lo cual es plausible, desde una perspectiva inmunológica, tal como se detalla en el comentario (Anticuerpos, inmunidad y COVID-19),4 que acompañó la publicación de seroprevalencia en Estados Unidos a septiembre 30 de 2020. En el contexto de dicho comentario, es conveniente destacar: [4]

Reconocer la incertidumbre de si la seroprevalencia, basada en la detección de anticuerpos contra el SARS-CoV-2, por las pruebas comerciales utilizadas para tal fin, refleja realmente la cantidad de personas con inmunidad natural y, por tanto, que aportan a la meta del porcentaje para considerar la inmunidad de rebaño. Destacar la posibilidad de que, personas expuestas al SARS-CoV-2, estén protegidas contra futuras infecciones, independientemente de la detección o no de títulos de anticuerpos; situación determinada por la sensibilidad de los ensayos disponibles.

Recordar que la inmunidad, basada en anticuerpos y células T de memoria, podría ser indefinida. En este sentido, a la fecha de los más de 60 millones de casos reportados, solo existen reportes de casos aislados de reinfección por SARS-CoV-2, lo que podría deberse entre otras causas, a la condición clínica de la persona y la existencia de cepas diferentes [5].

Por ello, hay razones para considerar que, la exposición previa al virus, genera inmunidad natural y, en todo caso, en el caso de la variable eficacia, la misma podría ser superior al 95% reportado, hasta ahora, en los estudios clínicos realizados con las diferentes vacunas para COVID-19. A lo que se suma que, la efectividad (condiciones reales de uso, puede ser menor a la eficacia (condiciones controladas asociadas a los estudios clínicos) reportada en dichos estudios. Los países no pueden asumir los costos sociales (términos de vidas) y económicos asociados a depender solamente de la inmunidad natural; por ello, la importancia y necesidad de disponer y poder acceder a vacunas efectivas y seguras, pero valorando la posible contribución de la inmunidad natural.

Finalmente, es necesario reiterar que, hasta que se disponga y se tenga acceso global a vacunas efectivas y seguras contra la COVID-19, de lo que disponemos y debemos utilizar adecuadamente para controlar esta pandemia son la inmunidad natural y las medidas orientadas a prevenir la infección y propagación del virus, especialmente en los grupos de riesgo por edad (mayores de 65 años) o por comorbilidades (hipertensión arterial, diabetes, obesidad, dislipidemia, enfermedades respiratorias crónicas y estados de inmunosupresión).

Referencias:

  1. Bajema KL, Wiegand RE, Cuffe K, et al. Estimated SARS-CoV-2 Seroprevalence in the US as of September 2020. JAMA Intern Med. 2020 Nov 24. doi: 10.1001/jamainternmed.2020.7976.
  2. Pollán M, Pérez-Gómez B, Pastor-Barriuso R, Oteo J, Hernán M, Pérez-Olmeda M, et al. Prevalence of SARS-CoV-2 in Spain (ENE-COVID): a nationwide, population-based seroepidemiological study. The Lancet, 2020. Doi: 10.1016/S0140-6736(20)31483-5
  3. Fontanet A, Cauchemez S. COVID-19 herd immunity: where are we?  Nat Rev Immunol. 2020;20(10):583-584.
  4. Spellberg B, Nielsen TB, Casadevall A. Antibodies, Immunity, and COVID-19. JAMA Intern Med. 2020 Nov 24. doi: 10.1001/jamainternmed.2020.7986.
  5. Tillett RL, Sevinsky JR, Hartley PD, et al. Genomic evidence for reinfection with SARS-CoV-2: a case study. Lancet Infect Dis. 2020 Oct 12:S1473-3099(20)30764-7. doi: 10.1016/S1473-3099(20)30764-7.
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