Estudio publicado en “American Journal of Psychiatry”
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Estimulación cerebral profunda: ¿una alternativa para la depresión?

El procedimiento todavía está en estudios y no ha arrojado resultados concluyentes; sin embargo, la más reciente investigación muestra que sus efectos positivos en pacientes con depresión severa estarían en tratamientos de largo plazo.

Durante la estumulación cerebral se implantan electrodos en ciertas zonas del cerebro. Estos producen impulsos eléctricos que regulan los impulsos anormales. Getty Images

La estimulación cerebral profunda (DBS por su sigla en inglés) ha ido ganando terreno en los estudios para tratar depresiones severas. Aunque, en principio, la terapia ha estado vinculada a trastornos del movimiento como la distonía o el párkinson, de un tiempo para acá se han ido adelantando pruebas e investigaciones en pacientes con graves casos de depresión que no responden a otros tratamientos, obteniendo resultados favorables, pero no concluyentes. (Le puede interesar: El efecto placebo: Cirugías falsas también curan)

El más reciente de estos estudios fue publicado esta semana en el American Journal of Psychiatry, revista especializada de la Asociación America, el cual encontró que este tratamiento, dirigido a una región específica del cerebro llamada Área 25 de Brodmann o giro del cíngulo, puede generar efectos antidepresivos sólidos que se mantienen por largos períodos de tiempo en pacientes severamente deprimidos que no han respondido a otros tratamientos.

Pero, ¿qué es la DBS? Es un procedimiento quirúrgico en el que se implantan electrodos en ciertas zonas del cerebro. Estos electrodos producen impulsos eléctricos que regulan los impulsos anormales, pero también pueden afectar determinadas células y sustancias químicas del cerebro.

“En algunos casos se presentan mezclas de síntomas depresivos con enfermedades como párkinson, o de movimientos anormales con depresión. Entonces, se ha visto que ciertos pacientes con depresión severa muestran mejoría, y tiene sentido, porque en la parte biológica a la que se encuentran dirigidos esos electrodos se encuentran también unas sustancias llamadas serotonina y dopamina, relacionadas con la depresión”, asegura Yahira Guzmán, coordinadora del área de Salud Mental en la Clínica Universidad de la Sabana. (Le puede interesar: Paciente tetrapléjico logra caminar gracias a un exoesqueleto conectado a su cerebro)

Este estudio específico, realizado en la Universidad de Emory, en Atlanta (EE. UU.), documentó datos de 28 pacientes que se habían realizado una DBS y permanecían en el tratamiento y observación por largos períodos de tiempo (entre cuatro y ocho años). Como resultado, las tasas de respuesta y de remisión se mantuvieron igual o por encima del 50 % en pacientes con ocho años y del 30 % en pacientes con cuatro años de seguimiento.

“Durante ocho años de observación, la mayoría de los participantes de nuestro estudio experimentaron una respuesta antidepresiva a la DBS que fue sólida y sostenida. Dado que los pacientes con depresión resistente al tratamiento son altamente susceptibles a episodios depresivos recurrentes, la capacidad de la DBS para apoyar el mantenimiento a largo plazo de una respuesta antidepresiva y la prevención de recaídas es un avance importante del tratamiento”, aseguró Helen Mayberg, la doctora que dirigió la investigación.

Los esfuerzos para tratar a este tipo de pacientes con DBS no son nuevos. En 2005, Mayberg ya había liderado su primer estudio del mismo tratamiento en esa área del cerebro. Entonces, demostró que la DBS podría tener un beneficio clínico. Ensayos pequeños y otros estudios abiertos posteriores arrojaron también resultados favorables, pero a pesar de que parecían alentadores, las pequeñas investigaciones no fueron concluyentes y las grandes fueron detenidas de manera temprana debido a la falta de una respuesta estadísticamente significativa en el tiempo designado.(Ver más: Hacer cosquillas al cerebro estimula la memoria)

“A pesar del hecho de que los ensayos más grandes se detuvieron temprano, lo que mis colegas y yo estábamos viendo mientras continuábamos con el seguimiento de los pacientes de nuestros ensayos iniciales fue que con el tiempo mejoraron, y no solo eso, se mantuvieron mejor. Así que mantuvimos el rumbo”, dice Mayberg. Así se abrió la posibilidad de que el impacto de la DBS en esta población clínica difícil de tratar pudiera radicar en sus efectos sostenidos a largo plazo.

“Para las personas que sufren de depresión ineludible, la posibilidad de que la DBS pueda conducir a una mejora significativa y sostenida en los síntomas depresivos durante varios años sería una buena noticia”, afirma Andrea Crowell, otra de las investigadoras de Emory.

Sin embargo, como cualquier otra cirugía, la DBS tiene ciertos riesgos. “La indicación para hacer cualquier tipo de procedimiento diferente a la psicoterapia o a los medicamentos es que solo se realice en aquellos pacientes que tengan estas depresiones severas y no respondan a otros tratamientos. La DBS es un tratamiento que está en estudio y no debe ser nunca la primera opción para un paciente con depresión”, advierte la doctora Guzmán. (Le puede interesar: Corte Suprema define protección de trabajadores con trastornos mentales y depresivos)

Por eso, sugiere que el paciente haya pasado primero por un buen acompañamiento de psicoterapia y un manejo farmacológico adecuado. Si estas dos alternativas no son suficientes, hay un tercer tratamiento que sigue siendo biológico, pero que es a la vez un poco más invasivo: se llama terapia electroconvulsiva. “Se conoció en los medios y en las películas como electrochoque, pero hoy en día es un procedimiento controlado, con máquinas de última generación, en salas de cirugía, con el paciente relajado”, asegura.

Entonces, en último lugar estaría el tratamiento de DBS si ninguno de los anteriores ha funcionado. Igual, aseguran los expertos, el paciente tendrá que continuar con el tratamiento farmacológico y el acompañamiento constante de los especialistas.

Aunque la DBS continúa estando en etapa experimental y se necesitan más investigaciones concluyentes para que pueda ser apoyada por la Federación de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA), abre una posibilidad más de tratamiento, que está en estudio, pero que puede revelar una promesa para los pacientes con depresión severa que no encontraron otra alternativa. “Desde el punto investigativo, estos ensayos clínicos se necesitan, hay que hacerlos, nos ayudan a desglosar esa parte biológica que aún no es tan clara. Pero también hay que tener cuidado con los especialistas, con el proceso del tratamiento y con la ética de los pacientes”, concluye Guzmán.

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2019-10-11T17:45:13-05:00

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Daniela Quintero Díaz / @Danielaquinterd

Salud

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