Falta de lluvias y vacaciones expandirán el chikungunya

El tránsito de turistas desde las zonas más afectadas, unido a los efectos del fenómeno de El Niño, agravarían la presencia del virus.

Aunque la vulnerabilidad de Colombia ante las enfermedades tropicales como el dengue, la malaria y ahora el chikungunya está comprobada, pues su posición geográfica y los precarios sistemas de acueducto han permitido por años la reproducción masiva del mosquito transmisor, hasta ahora es difícil medir el alcance del chikungunya en el territorio nacional.

Al balance preocupante entregado por el Gobierno hace un par de días, en el que se estima que Colombia cerró 2014 con casi 80.000 casos identificados de esta enfermedad a sólo seis meses de haber aparecido el primer afectado, se suman dos factores que inevitablemente podrían acelerar el avance del virus: la temporada de vacaciones y el pronóstico de escasez de lluvias en gran parte del país por el fenómeno de El Niño.

Coincidencialmente los destinos que por tradición han elegido los colombianos para descansar a fin de año, como la costa Atlántica, son los que más infecciones por chikungunya han registrado.

Sólo por dar un ejemplo, se espera que Cartagena (siendo después de Cúcuta la segunda ciudad más afectada por el virus, con 11.900 casos) reciba durante esta temporada cerca de 210.000 visitantes, entre nacionales e internacionales. Este tránsito de miles de viajeros que regresarán a sus hogares desde departamentos como Atlántico, Bolívar, La Guajira y Córdoba, donde se han reportado más de la mitad de las infecciones de todo el país (ver gráfico), podría representar la aparición de casos en municipios que están por debajo de los 2.200 metros sobre el nivel del mar, hábitat de los mosquitos Aedes aegypti y Aedes albopictus, que también transmiten el dengue. A la fecha el Ministerio de Salud ha informado que de los 1.103 municipios del país, son 123 los que tienen transmisión activa del virus y 26 millones de colombianos los que habitan territorios susceptibles a la enfermedad.

“Una persona con chikungunya puede comenzar a presentar síntomas (fiebre alta, dolor de cabeza y dolor muscular) hasta dos semanas después de haber sido picado por el mosquito, así que muchos regresan a las casas sin saber que lo portan. El virus comienza a expandirse en el momento en que la persona infectada es picada por un Aedes aegypti y el mosquito comienza a propagar la enfermedad picando a otras”, explica Luis Ángel Villar, director del Centro de Investigaciones Epidemiológicas (CIE), de la Universidad Industrial de Santander.

Desde julio del año pasado científicos como Villar venían advirtiendo que el país podría enfrentarse a una emergencia de salud pública si se juntaban en un mismo escenario los virus del chikungunya y el dengue con el fenómeno de El Niño, previsto por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) para comienzos de este año. Los especialistas explicaron que la escasez de lluvias obligaría a cientos de familias a recoger agua en baldes y albercas, que al mismo tiempo se convertirían en focos de reproducción de los mosquitos transmisores.

Antes de terminar 2014, Ómar Franco, director del Ideam, advirtió que la falta de lluvias en los próximos meses será inevitable y que la probabilidad de que se presente El Niño ya es del 83%, lo que podría generar el decrecimiento de los caudales de los ríos y el desabastecimiento de agua los próximos meses, especialmente en la Costa Caribe.

Mientras el Ministerio de Salud asegura que en los últimos dos años ha invertido $72.000 millones en un plan de contingencia que incluye compra de insecticidas, toldillos, máquinas y repelentes, así como transferencias a las Secretarías de Salud municipales, fuentes cercanas a ese despacho aseguran que el dinero ha resultado insuficiente, en parte, porque las transferencias se han tardado en girarse y porque varios gobiernos municipales no planearon a tiempo la distribución de recursos propios para responder a la epidemia.

Con este panorama, que ya comienza a congestionar la prestación de los servicios de salud en ciudades como Cúcuta, el reto del Gobierno tendrá que incluir, en palabras del doctor Luis Ángel Villar, estrategias de vigilancia y control más efectivas que permitan hacerle seguimiento al desarrollo del virus, para que se pueda hacer una distinción entre los casos de dengue y de chikungunya.

“Si no se hace esta diferenciación a tiempo, muchos pacientes que padezcan dengue podrían optar por automedicarse y dejar de ir al médico, lo que agravaría su situación. Está comprobado que la llegada del chikungunya incrementa las muertes por dengue sólo por falta de consulta. El año pasado murieron 291 personas por dengue grave”, dice Villar.


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Fumigadoras para controlar el virus

Ocho máquinas especializadas comenzaron a circular ayer por las calles de Cúcuta con el fin de controlar el chikungunya en Norte de Santander, que es donde más casos del virus se registran (18.800). Tras la declaratoria de alerta amarilla en la ciudad, la administración municipal decidió importar termonebulizadoras que están distribuidas en las comunas de la capital y que fumigarán tres veces esta semana.

Según el alcalde de la ciudad, Donamaris Ramírez, se espera que las máquinas contribuyan a controlar la epidemia con ayuda de otras medidas que ya comenzaron a implementarse, como los 9.000 toldillos impregnados de repelente y la fumigación a pequeña escala que se realiza dentro de las casas. “Ya hemos logrado mejoras en las cifras. Redujimos en 200 el número de casos presentados en la última semana de diciembre y esperamos que las termonebulizadoras nos ayuden aún más”, señaló.