Fiebre amarilla en Angola podría ser amenaza global

Hace 80 años se creó la vacuna contra la fiebre amarilla en Estados Unidos y hoy el virus prendió las alarmas en África tras la muerte de 400 personas y cerca de 4.000 casos de contagio por falta de dosis disponibles en ese continente.

Entre 2014 y 2015 el brote del ébola conmocionó al mundo al cobrar la vida de más de 4.000 personas y contagiar a cerca de 10.000 en África. Ahora las alarmas están puestas en la fiebre amarilla y su posible propagación en núcleos urbanos. / AFP

Después de 80 años de haberse creado la vacuna contra la fiebre amarilla en Estados Unidos, el brote sigue cobrado víctimas en los lugares donde no hay protección. De hecho, más de 3.000 casos están rondando por Angola y otros 1.000 se han presentado en el país vecino, el Congo.

Por esta razón este brote es catalogado como la mayor epidemia urbana en décadas. Más de 400 personas han muerto y existe la preocupación de que los trabajadores chinos que trabajan en Angola lo puedan propagar por Asia, donde casi la totalidad de la población rural pobre no está vacunada.

Una epidemia rural, además, es alarmante porque la enfermedad puede diseminarse rápidamente en áreas densamente pobladas donde muchos residentes no están vacunados.

La fiebre amarilla es mucho menos mortal que el ébola o la malaria, y es mucho más fácil proteger a las personas de la enfermedad. La vacuna tiene una vigencia de diez años, pero cada dosis tarda unos 12 meses para hacer efecto, lo que dificulta una respuesta ágil contra el virus.

Los síntomas se parecen mucho a los de la malaria. Incluyen: fiebre, dolores musculares y náuseas. A menudo la piel se vuelve amarillenta y provoca que las víctimas sangren por la nariz, la boca y los ojos. Del 5 al 10 % de las personas que contraen la enfermedad mueren, la mayoría están dentro de 10 días.

Por el año de 1702 la ciudad de Nueva York perdió al 10% de su población debido al virus. Y hoy 300 años después sigue cobrando vidas en África lo que significa una falta de preparación por las instituciones de salud local y global y la transformación de ese continente como uno más urbanizado e interconectado.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) mantiene 6 millones de dosis de la vacuna en caso de una emergencia de salud pública. Sin embargo, no es suficiente para una epidemia que cruza las fronteras a gran velocidad.

De acuerdo con Hernando Agudelo, el representante de la OMS en esta antigua colonia portuguesa, las fábricas que producen la vacuna "están por encima de la capacidad de producción y no producen más de 2,4 millones de dosis al mes. Esto obstaculiza lo que estamos haciendo porque hay que vacunar a 25 millones de personas en Angola”, dijo.

Durante los años de 1990 hasta el 2000, la enfermedad se concentró en pequeñas aldeas rurales. Pero después de la guerra civil de 27 años de Angola que terminó en 2002, el desarrollo transformó Luanda y las zonas cercanas. El país se convirtió en el segundo mayor productor de petróleo de África, creando un impulso económico tan grande que atrajo a miles de trabajadores migrantes de otras naciones.

Es así como la enfermedad se empezó a propagar por zonas urbanas con mayor intensidad. Lo mismo ocurrió con el ébola entre 2014 y 2015 en donde la creciente urbanización y facilidad con la que la gente podía moverse entre África Occidental aceleró la epidemia.

Angola respondió con una campaña de vacunación en Luanda, el epicentro del brote. Pero en el momento en que comenzó, la enfermedad se había extendido por todo el país.

Una epidemia de fiebre amarilla podría parecer anacrónico para las personas en los Estados Unidos y Europa, donde la enfermedad ya no representa una amenaza. Sin embargo, algunos de los brotes urbanos más devastadores del virus se han producido en los Estados Unidos. Tanto así que en el siglo XVIII, la enfermedad se llamó la "plaga americana".