Gaseosas, ¿mejor con advertencias?

Un grupo de científicos asegura que ponerle una etiqueta a las bebidas azucaradas donde se alerte sobre su relación con la diabetes y la obesidad, reduciría las tasas de consumo.

El debate en torno a las medidas que se deben implementar para reducir el consumo de bebidas azucaradas casi siempre ha estado enfocado hacia la intención de algunos gobiernos de aumentar los impuestos. Ya lo hizo México hace más de un año y ya, en varias ocasiones, el ministro de Salud de Colombia, Alejandro Gaviria, ha ratificado que la medida hace parte de sus planes: si se implementa un impuesto del 20 %, dice, se recaudarían $1,89 billones más y se reducirían los índices de obesidad de los colombianos. Pero, ¿qué sucedería si además de eso, las latas y las botellas se vendieran con una etiqueta que advirtiera sobre los riesgos de consumirlas? ¿Si tuvieran en letras grandes una frase que alertara sobre su contribución a la obesidad, diabetes y caries dental?

Ese par de preguntas se les formuló a un grupo de investigadores de la Universidad de Pensilvania, liderado por Christina Roberto, médica epidemióloga y PhD en psicología clínica. Para encontrar las respuestas ingeniaron una encuesta digital que les hicieron a 2.400 personas, todas con al menos un hijo. A los participantes se les ofrecía una variedad de gaseosas y jugos para que eligieran la de su preferencia. Solo que algunas venían con un letrero de advertencia de seguridad similar al que tienen las cajetillas de cigarrillo, que sugería que tomar bebidas azucaradas contribuía a desarrollar las enfermedades mencionadas.

Después de compilar las respuestas y sacar los resultados, publicados en la revista Pediatrics, los científicos encontraron que al poner una de esas etiquetas, la compra de bebidas azucaradas puede caer unos 20 puntos porcentuales.

“Aunque mucha gente puede saber que las gaseosas tienen muchos azúcares añadidos, muchas personas no se dan cuenta de que otras bebidas que pueden parecer saludables, como Gatorade o Powerade, también están llenas de azúcar”, le dijo Roberto al diario El País de España.

Pero aunque según Roberto y su grupo de investigación esta medida puede resultar útil para frenar las tasas de obesidad, lo cierto es que es una iniciativa que seguramente no resulta fácil de replicar. Hasta el momento la discusión sigue enfrascada en si los impuestos son útiles para reducir esos índices, que en el caso colombiano son preocupantes: el 17,5 % de los niños y jóvenes entre 5 y 17 años tienen exceso de peso y más del 50 % de las personas entre 18 y 64 están pasadas de kilos. Además, el consumo de gaseosas y demás refrescos con azúcar está asociado a enfermedades como la diabetes y los males cardiovasculares. Éstas fueron los responsables de 66 mil muertes en 2011 en el país.

En su defensa, en reiteradas ocasiones, los voceros de la industria han insistido que el problema va mucho más allá. Para ellos, lo esencial es que Colombia deje de ser un país sedentario y tenga lineamientos más claros sobre la dieta que debe seguir su población. Entre sus cifras se encuentran estudios que muestran que somos los más sedentarios del mundo después de las islas Cook. Sin embargo, Barry Popkin, investigador en ciencias de la alimentación y obesidad de la Universidad de Carolina del Norte y principal impulsor de la medida mexicana, los controvierte: para él, la clave para reducir esas tasas alarmantes también está en la disminución de la publicidad desmedida de comida chatarra a la que están siendo expuestos los niños y los estratos bajos.