La genética del cáncer

El estudio del genoma de tumores puede resultar definitivo para frenar el avance de esta enfermedad.

En la larga batalla contra el cáncer podría estar emergiendo una nueva arma que podría permitir, en algunos casos, detener la multiplicación de las células cancerígenas.

De acuerdo con resultados de un caso, publicados por el diario The New York Times, el ataque de mutaciones específicas en las células cancerígenas permitió frenar el avance de la enfermedad; sin embargo, el paciente (quien ya había pasado por una agresiva quimioterapia) terminó por morir al poco tiempo de comenzar este nuevo tratamiento.

Para encontrar la mutación exacta en los genes del paciente, que para el momento del diagnóstico contaba con al menos un centenar de tumores debajo de la piel (algunos del tamaño de un kiwi, detalla el Times), se realizó una secuencia completa de las células cancerígenas, así como de las sanas. La comparación de ambas llevó a identificar cuál fue la causa de la mutación y a emplear una nueva droga para tratarla.

Este tipo de exámenes, una suerte de detallado menú de la enfermedad, no es un asunto común, ni barato. En general, los análisis de ADN son pruebas que cada vez resultan más asequibles (en algunos casos han bajado casi el 50% del precio en un solo año), pero la secuencia completa de un tumor aún puede costar cerca de US$30 mil en algunos casos. A esto habría que sumarle el uso de los fármacos para tratar la mutación, si acaso existen.

De acuerdo con cálculos de la Sociedad Americana de Cáncer, la ONG más grande del mundo de ayuda para pacientes con esta enfermedad, para 2020 más de 10 millones de personas morirán de algún tipo de cáncer. Para 2050, esta cifra habrá superado los 17 millones de pacientes.

De acuerdo con Alessandra Durstine, una de las vicepresidentes de esta ONG, Latinoamérica registrará en 10 años un crecimiento importante en los casos de cáncer, primordialmente, debido al uso del tabaco, según le dijo a este diario. Los canceres más comunes serán de pulmón, mama, colon y próstata (estas últimas tres patologías están más relacionadas con hábitos alimenticios y falta de ejercicio).

La búsqueda de luces en los genes acerca de las raíces del cáncer es una carrera que se ha emprendido globalmente. Por ejemplo, en 2009, un grupo de 10 países decidió unirse para formar el Consorcio Internacional del Genoma del Cáncer (ICGC), un organismo de investigación que busca elaborar el mapa genético de los 50 tipos de cáncer más comunes mediante el rastreo del genoma de 500 tumores extraídos de más de 20 mil pacientes en todo el mundo.

Este tipo de proyectos, en opinión de Durstine, ayudarán a entender mejor a los médicos cómo se desarrollan los tumores y así idear métodos y terapias que bloqueen la multiplicación de las células cancerígenas.

Pero la genética del cáncer es un asunto dispendioso y desafiante, técnicamente hablando. En el caso reseñado por el Times, los análisis de los tumores del paciente se llevaron más de un terabyte de espacio en disco duro y, si estuvieran impresos en papel, ocuparían cerca de 30 librerías escolares.

Si bien el análisis genético de una persona puede ayudar a advertir ciertas condiciones que podrían aparecer en una persona, este tipo de análisis tampoco es el santo grial. Así lo advierte un reciente estudio publicado por la Universidad Johns Hopkins. De acuerdo con el equipo investigador, la secuencia del genoma de una persona “puede convertirse en un factor que ayude  en el tratamiento de un paciente, pero ciertamente no será el único y puede que incluso no sea el definitivo”.

Aunque las investigaciones para descubrir las raíces genéticas de las mutaciones que desencadenan el cáncer avanzan tanto a nivel multinacional, como en el privado, el tratamiento y la supervivencia a esta enfermedad sigue estando, en buena parte, en manos de cada individuo.

Durstine advierte que una dieta sana y el ejercicio son dos factores que pueden ayudar a prevenir hasta el 30% de los casos de cáncer. Por dieta sana, asegura la experta, se entiende consumir al menos 400 gramos de frutas y verduras diariamente, así como mantener baja la ingestión de carnes rojas y curadas en sal; también es importar comer pocos alimentos con un alto porcentaje de grasa.

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