Al menos 28 investigaciones abiertas en Fiscalía

Hablan más víctimas del médico Ricardo Urazán

La semana pasada la reconocida tuitera Ana Bolena, de 32 años, falleció después de ser operada por él. El Espectador contactó a tres pacientes más que lo han denunciado para conocer sus casos. Urazán no ha demostrado que tiene título de cirujano plástico.

El doctor Ricardo Urazán dice ser médico de la Universidad Nacional y estar haciendo su residencia en cirugía plástica. / Tomada de ricardourazan.com/

Desde el fin de semana pasado en redes sociales se ha vuelto a mover la petición para que, en Colombia, se regulen las cirugías plásticas y se vigile con lupa a quienes las realizan. La razón para que este movimiento haya tomado fuerza una vez más fue que el viernes pasado Ana Bolena, reconocida tuitera de 32 años, murió tras hacerse una lipoescultura con el médico Ricardo Urazán, en la Clínica El Parque en Armenia. (Lea: Muere mujer en Armenia tras realizarse cirugía estética)

A pesar de presentarse como cirujano plástico, Ricardo Urazán apenas estaría haciendo la residencia, según la misma hoja de vida que él sube a redes. Es decir, estaría estudiando para convertirse en uno, aunque no dice en qué universidad, por lo que no tiene ni el título ni la capacidad para realizar cirugías plásticas. Además, la Maestría en Cirugía Estética realizada en el Centro de Formación Integral de Medicina Estética de Buenos Aires, que dice tener, se trataría apenas de un curso de “cuatro meses todos los días viernes de las 13 a las 19 horas”.

Mientras la Secretaría de Salud de Quindío ha cerrado preventivamente la clínica donde Ana Bolena se realizó la cirugía, la Secretaría de Salud de Bogotá afirmó que, a la fecha, ha recibido 16 quejas sobre el Ricardo Urazán. Cinco de ellas en la Clínica La Castellana, donde solía operar y a la cual se le levantó la medida de seguridad “luego de verificar que subsanaron los hallazgos que originaron la misma”. Además, explican que Urazán dejó de estar inscrito como profesional independiente el 19 de julio de 2013. (Acá: Las mujeres que se atrevieron a mostrar sus cicatrices por cirugías plásticas mal hechas)

El Espectador contactó a tres víctimas más para conocer cómo es su modo de operar. Sin embargo, según W Radio hay muchas más: ellos han recibido hasta treinta denuncias y habría 28 investigaciones abiertas en su contra en Fiscalía. La fórmula parecer repetirse. Urazán recluta a pacientes por medio de esteticistas a las que les da comisión, usualmente firma las cirugías con otro médico para esquivar la ley y pide a sus pacientes que le paguen en efectivo. A pesar de que El Espectador ha intentado comunicarse con Urazán desde el domingo pasado, para confirmar esta información, la única respuesta que ha recibido es que actualmente “está por fuera”. Lo cierto es que el caso de Urazán es apenas la punta del iceberg de un problema de fondo: la falta de una ley nacional capaz de dar pautas para regular las cirugías plásticas. En el Congreso ya se han hundido cuatro proyectos de ley sobre el tema.

Sarela Núñez - Cuatro suturas en 30 días

Sarela Núñez, peruana de 54 años que vive en Canadá, viajó a Bogotá en enero de 2018 exclusivamente a operarse con el doctor Ricardo Urazán. Quería hacerse una lipectomía y una bichectomía (procedimiento que hace ver los cachetes más delgados). El 20 de enero entró a una sala de cirugía en la Clínica La Castellana, donde Urazán la operó, pero solo le hizo la lipectomía. Aunque le cobró por todo, “afortunadamente se le olvidó el resto”, cree Sarela ahora. 

Días después, cuando estaba haciéndose los masajes recomendados, la señora que se los hacía notó que los puntos se le estaban abriendo, además parte de la piel se le puso negra. “Fui a ver a Urazán y él me dio una medicina por pocos días que me ayudó por un tiempo, pero a los cinco días se me volvieron a abrir los puntos y tuve que regresar para que me suturarade nuevo”. 

En total fueron cuatro las veces en las que a Sarela se le abrieron los puntos, y cuatro también las veces en las que Urazán volvió a suturarla. “Él me decía que no me preocupara, que cada vez que se me abrían él me cortaba más piel, entonces que iba a quedar más delgada”. Pero el resultado fue una herida abierta en su estómago que la tenía sin fuerzas.

“Ya no podía comer ni caminar. Llamé a una amiga que vive en Armenia y ella me llevó de nuevo a la Clínica La Castellana y le exigió a Urazán que me tratara, que me hospitalizara, pero fue casi que a la fuerza”. Tras cuatro días de hospitalización sin ver mejoría, llamaron a una ambulancia para poder sacarla, pero ante la negativa del médico a dejarla ir tuvieron que, incluso, llamar a la Policía. 

“Cuando llegué a la Clínica de Occidente la especialista me dijo que eso había sido un caso de negligencia médica y que tenía una bacteria. Lo triste es que Urazán sabía de esa bacteria, porque cuando le exigimos que nos mostrara mi historia médica, con fecha del 10 de febrero, la primera vez que me volvió a suturar, ya se mencionaba la bacteria, pero a mí nunca me dijo nada”.

Tampoco hubo seguro que cubriera los gastos de las complicaciones, a pesar de que Sarela le pagó US$4.000 a Urazán por todo el procedimiento. Para recuperarse, terminó pagando casi $40 millones más de su bolsillo y recuerda que la herida en su abdomen, que empezaba por encima de su ombligo, y atravesaba a lo ancho casi todo el vientre, solo le terminó de cerrar en noviembre del año pasado. Puso denuncia contra Urazán en marzo en la Fiscalía, antes de volver a Canadá en una silla de ruedas.

“Urazán siempre se presentó como un cirujano plástico y yo me vine a enterar luego de que, aparentemente, apenas es un residente. A mí siempre me atendió él, aunque los médicos que firman el acta de cirugía son él y el doctor Armando Rugeles”. 

Alba Nohora Villegas - Falleció tras la cirugía

“Mi mamá fue a acompañar a una amiga a operarse en la Clínica La Castellana y terminó dejándose convencer de ese señor. Ella no era obesa, pero a sus 71 años tenía los rastros de haber tenido cuatro embarazos. Después de hablar con Urazán llegó convencida de que quería hacerse una liposucción y una lipectomía… y días después de la operación falleció por trombos en las piernas y los pulmones”. 

Alba Nohora Villegas, madre de Leonardo Vargas —quien cuenta la historia—, se realizó una lipectomía con el doctor Ricardo Urazán el 29 de octubre del 2018. También le intervinieron los glúteos, las piernas y los brazos. Salió de la cirugía con un fuerte dolor de espalda y días después los puntos se le reventaron. El 19 de noviembre Urazán la volvió a suturar y el 20 de noviembre, un día después, había muerto.

“Mi madre sufría de hipertensión y eso fue una cirugía muy pesada para una mujer con esas condiciones, pero ella confió en Urazán. Es más, cuando el posoperatorio se empezó a complicar Urazán no dejó que nos la lleváramos para su EPS. Ella confiaba en ese personaje y mire lo que terminó pasando”. 

Como en otros casos, los familiares de Nohora empezaron a notar varias cosas sospechosas: los $7 millones que cobró Urazán se los pidió en efectivo; la historia clínica no estaba completa, pues no especificaba qué anestesia le habían puesto; no la dejaron ir a una EPS; Urazán firmó el documento de la cirugía con otra médica, en este caso Tatiana Castro, y le recomendó echarse gelatina sin sabor en las heridas. Leonardo y su familia ya pusieron una denuncia ante la Fiscalía contra Ricardo Urazán por homicidio culposo. 

Lilia Bonilla - “Me levanté de la cirugía en una silla Rimax”

Su primer recuerdo tras levantarse de la cirugía es estar sentada en una silla Rimax y sentir una bocanada de azúcar en la boca. Lilia Bonilla, colombiana y estadounidense a la vez, viajó desde su casa en Estados Unidos a Bogotá, en el 2013, para hacerse una liposucción con el doctor Ricardo Urazán. Escuchó de él por una esteticista que se lo recomendó, quien le dijo que era “buenísimo” y que tenía unos diez años de experiencia haciendo cirugías plásticas. “Hasta ahora me doy cuenta de que seguramente él les paga comisión a estas personas para que le recluten pacientes”, recuerda. 

Al salir de la liposucción, por la que Urazán le cobró $9 millones en efectivo, Lilia no solo notó que sentía una bola en el estómago, sino que tenía las axilas heridas, como “unas cortadas”. “Cuando le pregunté por qué me había intervenido los brazos, si yo no se lo había pedido, me dijo que no me preocupara, que no era nada, y que más bien, después, me podía hacer los senos”. 

“Me mandaron a mi casa, a los dos días se me abrieron los puntos y mi hijo me llevó de nuevo adonde Urazán para que los suturara”. Pero después de eso no volvió a aparecer. Una vez regresó a Estados Unidos, con el seguro médico que tiene allá, Lilia se hizo volver a examinar, le dijeron que tenía los ganglios dañados y duró casi tres años en terapia para poder volver a mover bien los brazos. 

Ana Bolena, el caso que vuelve alertar sobre los “falsos cirujanos”

Ana Bolena, de 32 años, entró a cirugía el 14 de febrero a las 4:00 pm en la Clínica El Parque en Armenia. Confió en el doctor Ricardo Urazán para hacerse una lipoescultura en brazos, piernas y abdomen, además de inyectarse en los glúteos y ponerse implantes mamarios.  A las 6:30 pm salió del quirófano y su hermana, Angélica, la alcanzó a ver. “No abría bien los ojos, estaba muy pálida y sangrando mucho, pero los médicos decían que era normal, que para eso estaban las filtraciones”.

A las 8:30 pm Ana ya había salido de observación, pero a la hora de subirse al carro, después de que le dieran de alta, se desmayó. “Mi prima Susana que estaba con ella le dijo al personal médico que Ana no estaba bien unas diez veces, que, por qué no la dejaban hospitalizada un tiempo más, pero igualmente la dejaron salir. En ese punto no estaban los médicos que entraron al quirófano, Ricardo Urazán y Julián Laverde, porque se iban para Pereira, pero sí algunas enfermeras”.

Al llegar a la finca a Ana la tuvieron que llevar cargada, desgonzada y parecía que el efecto de la anestesia no se iba. Los médicos, al ser consultados, les decían a los familiares que eso era normal, pero tras llevarla al baño Ana volvió a desmayarse.

“Al llegar al Hospital del Sur mi hermana ya estaba muerta y aunque aún no tenemos el veredicto de Medicina Legal aún, el jefe del Hospital, cuando llegué, me lo dijo muy claro, que Ana se había desangrado”, recuerda Angelica.

De Urazán no sabían que tenía antecedentes ni que había sido denunciado por varias mujeres. Tanto Ana como su familia confiaron en él porque un familiar cercano de la familia se los había recomendado. “Nos vinimos a enterar después y ya hemos empezado el proceso penal, y un abogado nos va a ayudar con el proceso de responsabilidad civil y médica”.