“Hay que hablar las cosas como son y dejar de ver al sexo como un tabú”

Colombia tiene una de las tasas de embarazo adolescente más altas de la región y cerca de 400.000 abortos clandestinos al año. La directora ejecutiva de Profamilia insiste en que el fortalecimiento de la educación en salud sexual y reproductiva puede disminuir estos indicadores.

Marta Royo, directora ejecutiva de Profamilia. / Cortesía
Marta Royo, directora ejecutiva de Profamilia. / Cortesía

Ayer terminó en Cartagena la primera Conferencia Regional de América Latina y del Caribe (LAC), en donde se dieron cita las delegaciones de más de 22 países del continente para discutir algunos de los problemas más urgentes en materia de salud sexual y reproductiva de la región, como el embarazo adolescente, la mortalidad materna y el aborto.  Una de las organizaciones que promovió el evento fue Profamilia, y su directora ejecutiva, Marta Royo, habló con El Espectador sobre lo que dejó la conferencia y los retos que tiene el país. (Lea: América Latina es la región con más embarazos adolescentes del mundo).

¿Cuál es el resumen de la jornada?

Fue muy positivo. Por primera vez en la región se organizó un evento enfocado en la salud sexual y reproductiva de los latinoamericanos, y nos dio muchísimas perspectivas. Conocimos cómo estamos en la región, qué se ha hecho bien y qué falta por mejorar.

¿Por qué el enfoque centrado en la inequidad?

Porque somos una de las regiones más inequitativas del mundo. Las características sociales, culturales y territoriales de nuestra región hacen que nuestra situación sea bastante compleja. Aunque las comparaciones son odiosas, algunos países de la región tienen cifras de mortalidad materna y embarazo adolescente en el mismo nivel de países africanos como Sierra Leona o Somalia.

¿Hay países en Latinoamérica que lo estén haciendo bien?

Pero son casos puntuales. Hay algunos países que efectivamente han mejorado sus índices, pero a manera de región tenemos cifras que demuestran una enorme brecha social. La situación del acceso a métodos anticonceptivos sigue siendo deficiente en zonas rurales y en comunidades indígenas. Pero eso ya lo sabíamos.

¿Cuál es la situación de Colombia?

Colombia es un ejemplo en la región. Tenemos unas leyes y una regulación excelentes, una Constitución que protege los derechos de las personas, un sistema de salud con cubrimiento universal y material informativo de calidad, pero falta que esto se traduzca en una realidad. Colombia cuenta hoy con una de las tasas de embarazo adolescente más altas de la región.

¿Cómo está el país en materia de mortalidad maternal?

Tenemos promedios nacionales muy buenos, pero las dificultades de nuestra geografía hacen que estas cifras no sean del todo concluyentes. Cuando te acercas a las zonas rurales la mortalidad es mucha más alta que en ciudades. En donde sí estamos rajados es en la tasa de abortos clandestinos, que calculamos son al menos 400.000 al año. Una cifra que preocupa, más cuando la jurisprudencia en Colombia permite la interrupción del embarazo bajo tres causales, entre ellas la de la salud mental.

Entonces, ¿el problema es de falta de información?

No. Esto no es de falta información porque hay mucha. Nos olvidamos de la educación. Educar es un proceso de largo tiempo y en ese sentido no se ha hecho todo lo que se debería hacer. Todavía le tenemos terror a que en los colegios se dicten clases de salud sexual y de salud reproductiva.

¿Hay otros obstáculos?

En Colombia, el sistema de salud tiene prácticamente cubrimiento universal, pero para un joven no es tan sencillo acceder a una consulta. A veces tiene que esperar entre cuatro meses para pedir una cita, y cuando se la dan debe ir acompañados o con el permiso de sus padres, pues está afiliados a las EPS a través de sus padres. Las rutas no son fáciles y hay un gran desconocimiento. Y ni hablar de las zonas rurales.

¿Cuáles son las mayores preocupaciones en materia de sexualidad de nuestros jóvenes?

Tienen miedo al rechazo, a no saber cómo comportarse en el momento de tener relaciones. También tienen muchas dudas sobre cómo funciona su cuerpo. Sobre el uso y el funcionamiento de los métodos anticonceptivos hemos visto que son cada vez más los jóvenes que conocen cómo funcionan, pero normalmente ellos aprenden sobre la marcha, no hay nadie que los guíe porque existe mucho temor o pudor por parte de ellos para preguntar sobre estos temas.

¿Cuál debe ser entonces la estrategia para luchar contra el miedo y los demás obstáculos en cuanto a salud sexual y reproductiva?

Tenemos que comenzar a hablar las cosas como son y dejar de entender el sexo como un tabú, porque es un componente de los seres humanos. Creo que uno de los errores más comunes en Colombia es pretender que si no tocamos el tema, entonces no va a pasar, pero lo cierto es que el embarazo adolescente sigue siendo alto, la mortalidad materna es un problema real y los abortos clandestinos se practican cada vez más.

Usted afirmó que la salud sexual es una de las mejores inversiones que podía hacer un país…

Los ciclos de pobreza se perpetuán por una mala planificación. Una mujer de bajos recursos que tenga acceso a los métodos anticonceptivos y a atención en salud sexual podrá decidir cuándo y cómo tener hijos, terminaría su bachillerato y le sería mucho más sencillo ser productiva para la sociedad. 

¿La educación en salud sexual y reproductiva debe ser responsabilidad exclusiva de los colegios?

No. Los padres cumplen un papel fundamental en la formación de nuestros jóvenes, pero lo que vemos aquí es que en la casa se trata el tema de la sexualidad de una manera prohibitiva. Es importante dejar de castigar y más bien acompañar y resolver las dudas de nuestros hijos. Hay que entender que el sexo no es un pecado y que no implica castigo, porque verlo así obliga a las sociedades a vivir en una doble moral.

¿Qué tan difícil es trabajar temas de sexualidad y al mismo tiempo convivir en un país tan religioso?

Es muy duro, porque las organizaciones religiosas son muy reacias a estos temas, pero con estas actitudes terminan por agravar los problemas que tenemos. Hemos visto en nuestro trabajo que muchas de las poblaciones más cerradas a los temas de salud sexual y reproductiva son aquellas que están en condiciones de vulnerabilidad y de pobreza, en donde la Iglesia tiene un papel muy activo. Por eso creo que hay que seguir pacientemente. Respetando completamente las posiciones religiosas, pero haciéndoles entender que la salud sexual no es un invento de nosotros. Es un derecho, y eso no debe chocar por ningún motivo con ningún tipo de creencia religiosa.