La infertilidad, ¿cuestión de raza?

Las mujeres blancas con niveles más altos de ingresos y formación académica son, según los reportes, las que más recurren a servicios de fertilidad.

Como muchas mujeres solteras, Heather Lawson esperaba conocer al hombre ideal con el tiempo suficiente para casarse y tener un hijo. Sin embargo, una fallida relación a los 38 años hizo que cambiara de planes, y se dio cuenta de que si quería ser madre, quizá tendría que explorar otras opciones.

No ha sido un proceso fácil. En los últimos dos años y medio, Lawson, una abogada, ha gastado unos 20.000 dólares en varias rondas de inseminación intrauterina y costos asociados con tratar de concebir un hijo por cuenta propia. Un embarazo a los 40 años terminó en un aborto espontáneo a las ocho semanas.

Si bien encontrar pareja ha sido un reto, Lawson, ahora con 42 años, dijo que nunca se había imaginado que pudiera ser tan difícil el proceso biológico de tener un hijo. “En las familias de color, existe el supuesto de que cuando quieres embarazarte, te embarazas”, comentó. “Las mujeres de color sienten que las señalan mucho cuando llegan a cierta edad y no han tenido hijos”.

Para sumarse a la presión, Lawson, que es negra, notó algo cuando iba a las clínicas de fertilidad. “Nueve de cada 10 veces, soy la única persona que se parece a mí”, dijo. “Y estos consultorios están repletos”.

Lo más probable es que las mujeres que han recurrido a servicios de fertilidad estén casadas, que sean blancas y de edad mediana, con niveles más altos de ingresos y formación académica. El 15 por ciento de las mujeres blancas entre los 25 y 44 años en Estados Unidos han buscado ayuda médica para embarazarse, en comparación con 7,6 por ciento de hispanas y 8 por ciento de negras, según datos del Departamento de Salud y Servicios Humanos y del Centro Nacional para las Estadísticas de Salud, el cual es parte de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

Ello sucede a pesar del hecho de que las mujeres negras casadas enfrentan la infertilidad con mayor frecuencia que las blancas. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Crecimiento de la Familia, entre 2006 y 2010 las mujeres negras casadas tenían casi el doble de probabilidades de padecer infertilidad.

En el pasado, éste era un tema que tendían a evitar las mujeres negras y las hispanas. Sin embargo, son cada vez más las que se acercan a los profesionales médicos para lidiar con el problema, que es doloroso para cualquier mujer, pero más complicado para ellas debido a cuestiones culturales y médicas.

Regina Townsend, quien escribe sobre su experiencia de infertilidad en thebrokenbrownegg.org, dijo que creó su blog para abordar problemas específicos relacionados con la fertilidad, a los que se enfrentan mujeres de los grupos minoritarios. “Con las mujeres de color, específicamente las hispanas y afrodescendientes, el estigma al que nos apegamos es que no es difícil tener hijos, y que tenemos muchos hijos”, comentó. “Y cuando eres la que no puedes, crees: ‘he fallado’ ”.

Los expertos dicen que parte de la disparidad en cuanto a quiénes son las que buscan tratamiento se debe a que el pago del procedimiento puede costar decenas de miles de dólares.

Camille T.C. Hammond, directora ejecutiva de la Fundación Tinina Q. Cade, que otorga subvenciones a personas que batallan con la fertilidad, dijo que las mujeres blancas pobres enfrentan algunos de los mismos problemas que las pobres de las minorías. Y, si bien la Fundación ha dado subvenciones a negras, hispanas y asiáticas, contó, una mayoría de las solicitantes y beneficiarias han sido blancas.

Hammond atribuyó eso a “una laguna en el conocimiento” sobre las opciones sobre la infertilidad, que tienen las mujeres negras en particular. “No se trata solo de formar una familia; es saber cómo pagar, dónde conseguir apoyo”, comentó. “Es la falta de información por todas partes”.

Hasta en los estados donde el seguro médico cubre los tratamientos para la infertilidad, son menos las mujeres negras las que los buscan, señaló Frank E. Chang, un médico sénior en el Centro para la Fertilidad Shady Grove en Rockville, Maryland. Los problemas médicos y los culturales juegan un papel.

Mark V. Sauer, catedrático de ginecobstetricia y jefe de la división de endocrinología reproductiva e infertilidad en el Centro Médico de la Universidad de Columbia, dijo que es más común que las mujeres negras padezcan fibromas –tumores benignos dentro o alrededor del útero, que pueden influir en la infertilidad– y que éstos tienden a ser más grandes y más persistentes que los de las mujeres blancas.

David B. Seifer, codirector de Génesis de la Fertilidad y Medicina Reproductiva en el Centro Médico Maimonides y profesor clínico de ginecobstetricia en la Universidad de Nueva York, dijo que los fibromas son solo uno de varios “problemas culturales, biológicos y sociales” que enfrentan las mujeres negras y que pueden afectar su fertilidad. Indicó que es frecuente que ellas esperen más para buscar un diagnóstico de infertilidad o un tratamiento, lo cual “da a todos estos otros factores biológicos más tiempo para agravarse”.

Las mujeres de las minorías tratan, cada vez más, de elevar la conciencia.

Shelynda Brown, de 40 años, es vicepresidenta de una constructora de vivienda asequible, sin fines de lucro, en Washington, quien, junto con su esposo, ha gastado 62.000 dólares tratando de tener un bebé. Lawson y ella han encontrado, en parte, consuelo al ayudar a iniciar un capítulo local de Fertility for Colored Girls, un organismo de apoyo que se expandió recientemente desde Chicago a Washington y Virginia. “La fertilidad es el nuevo problema de salud mental en las comunidades negras”, notó Lawson. “Es algo que está allí, pero de lo que no hablamos”.

Al parecer, los doctores tampoco hablan lo suficiente con las mujeres negras al respecto. “Esta discusión sobre las opciones reproductivas, en especial con mujeres que no tienen pareja, no surge en la consulta anual con el ginecólogo”, dijo Nataki C. Douglas, una profesora adjunta de endocrinología reproductiva e infertilidad en el Centro Médico de la Universidad de Columbia, quien es negra.

A menudo, notó Douglas, las conversaciones que las mujeres negras sostienen con los ginecólogos se centran más en las enfermedades de transmisión sexual y control de la natalidad que en las opciones reproductivas. Ese problema es todavía más agudo en mujeres de color de bajos ingresos, notó Sauer.

Parte del problema, dijo Arthur L. Greil, un sociólogo en la Universidad Alfred en el oeste de Nueva York, quien ha estudiado la infertilidad y las mujeres de color, es que las blancas de clase media tienden a tener la confianza y las conexiones para transitar por el sistema de atención de la salud mejor que las mujeres menos pudientes de las minoría.

Las creencias religiosas también pueden afectar la forma en la que piensan las mujeres negras, en particular, sobre la fertilidad. “A veces, decimos cosas como: ‘Dios permitirá que suceda’ ”, comentó la reverenda Stacey L. Edwards-Dunn, fundadora y presidenta de Fertility for Colored Girls. “Creen que Dios las maldijo porque no pueden tener un hijo”.

Para la bloguera Townsend, lograr que más mujeres de las minorías hablen sobre la infertilidad es un paso importante hacia la desmitificación del problema. “Creo que las cosas cambiarán para las mujeres de color una vez que empecemos a ser honestas sobre lo que sentimos”, comentó. “No se trata de algo de las mujeres blancas y ricas”.


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