Un año de la pandemia

“La distribución de las vacunas fue un fracaso moral para el mundo”

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Ricardo Palacios, director de investigación clínica del Instituto Butantan, lideró un ensayo clínico para probar la vacuna del laboratorio chino Sinovac Biotech. Ahora, quiere saber qué pasa al vacunar a una ciudad completa.

¿Cómo fue la experiencia de liderar un ensayo clínico para probar una de las vacunas que ha ayudado a revivir la esperanza frente a la pandemia?

Ha sido una experiencia extenuante. Una carga de trabajo monstruosa. Hace poco preparaba una presentación y tenía una foto de la primera persona vacunada en el estudio y la foto de la primera persona vacunada cuando se obtuvo la autorización. La diferencia entre las dos es de 180 días. Si alguien me hubiera dicho hace dos años que esto era posible le habría dicho que estaba loco. Era totalmente imposible pensar en un estudio clínico de esta magnitud en 180 días y obtener uso de emergencia. Ha sido una carrera contra el tiempo, un esfuerzo de cientos y cientos de personas y una responsabilidad para mí como director del estudio, porque en el camino hay obstáculos. Al final cuando uno ve a las personas ser vacunadas, me mandan fotos los colegas, familiares de amigos, personas de comunidades indígenas, uno siente la recompensa de todo ese esfuerzo. El trabajo no para. Ahora estamos en otro estudio para evaluar la efectividad de la vacuna en una ciudad completa. Queremos responder nuevas preguntas de investigación. (Lea acá todas las entrevistas del especial “Un año de la pandemia)

¿Recuerda el momento en que vio los primeros resultados y se alegró?

Aunque a lo largo de esos meses no sabíamos a quién se le había administrado la vacuna y a quién no, notábamos menos personas con enfermedad grave. Es algo que se veía a lo largo del tiempo. Pero el momento en que supimos la eficacia de la vacuna fue el 6 de enero, cuando salió el resultado del análisis primario del estudio. Ahí fue cuando comunicamos a los directivos de la institución y al día siguiente al público.

Esta aceleración para evaluar una vacuna, ¿a qué factores se lo atribuye y cómo cree que va a marcar el futuro de la medicina?

Esta transformación no comenzó ahora. Hay dos antecedentes. Uno en 2009, cuando se presentó la pandemia por influenza H1N1 e iniciamos esfuerzos a los que se suma el Instituto Butantan, que cuenta con la única fábrica de vacunas de influenza en América del Sur. Ahí comenzamos a ser más proactivos. El otro punto de inflexión fue en 2014, con la epidemia del ébola, cuando empieza a cambiar la actitud de los que trabajamos en esta área. Cuando apareció el zika comenzamos a entender mejor nuestras plataformas tecnológicas. Y esos conceptos fueron desarrollados por completo en esta pandemia. Pero hay un factor crítico, y es que esta vez aparecen recursos inimaginables un tiempo atrás. Aparece un compromiso de gobiernos e instituciones para dedicar fondos, recursos y personal de forma casi irrestricta para avanzar en ese conocimiento. Eso sin duda acelera todo. Personas que trabajamos en otras áreas empezamos en esta nueva vacuna. No quiere decir que logremos lo mismo con todas las vacunas, pero sabemos que la reacción será mejor.

¿Cuáles son las principales dudas científicas en torno a vacunas hoy en día?

Hay un concepto que es la efectividad: ¿Cómo una vacuna dentro de una comunidad logra controlar la epidemia? Ese es el concepto que trabajamos ahora. A través de un estudio que implica una vacunación escalonada de personas en una ciudad de 45.000 habitantes, donde 30.000 son adultos, vamos a entender en qué momento llegamos a controlar la epidemia. Si encontramos ese nivel de vacunación necesaria para interrumpir la epidemia nos permitirá saber en escalas mayores qué se necesita.

¿Qué va a pasar con las poblaciones en que no se pudo evaluar la vacuna, como embarazadas y niños?

Con respecto a poblaciones especiales hay estudios en diferentes fases. En caso de los niños ya iniciaron estudios de fases 1 y 2 en China para determinar cuál es la dosis correcta en población pediátrica. Esperamos tener resultados en unos tres meses. Otro punto importante es vacunación materna. Se está trabajando en los protocolos. Hay otros estudios con personas que utilizan medicamentos que afectan la respuesta inmune que en conjunto con otros colegas se están llevando a cabo. Esperamos tener más datos que nos guíen.

Hemos visto prejuicios hacia las vacunas dependiendo de los países productores. ¿Hasta qué punto cree que afectaron la toma de decisiones a nivel político?

Lo que muestra esta pandemia es que las decisiones que toman los gobernantes no necesariamente son racionales. Eso en ciencia política se conoce muy bien. Los actores políticos no necesariamente son actores racionales y pueden obedecer a intereses diversos. Los alineamientos geopolíticos han interferido en el manejo de la pandemia. Lo vimos en varios sentidos. Ahora, por ejemplo, estamos viendo un nacionalismo de vacunas. También disputas entre los lugares que tienen producción de materias primas. Eso es preocupante. La geopolítica se ve a veces en términos de unos pocos países, pero en realidad afecta a todos. Es un problema que evidencia que infelizmente los mecanismos propuestos para distribuciones más justas para vacunas terminan fracasando. Concuerdo con el director de la OMS, quien ha dicho que la distribución de las vacunas fue un fracaso moral para el mundo. Fallamos miserablemente como humanidad al no entender que la solidaridad entre países nos permitiría contener la pandemia. (Acá: “No creo que seamos capaces de erradicar el virus”)

¿Estamos en una carrera contra el tiempo entre vacunación y aparición de nuevos linajes y cepas del virus?

Es muy difícil afirmar eso, porque nosotros no entendemos qué está ocurriendo exactamente con el virus. Una de las posibilidades es que haya una adaptación. El virus es un sistema biológico. Los seres humanos, otro sistema biológico. Existe una adaptación mutua. Las vacunas pueden tener eficacia diferente frente a las variantes, pero no necesariamente la vacunación va a modificar ese proceso biológico. No lo sabemos. Lo sabremos en el futuro. El objetivo de la vacuna no es impedir la transmisión, sino la enfermedad grave. Como no se está impidiendo la transmisión y enfermedad leve, el fenómeno de selección de variantes puede seguir ocurriendo. No podría decir nada categóricamente en ese sentido. En este momento vale la pena señalar que las personas deben tomar la vacuna que tengan disponible. Esa será su mejor alternativa.

¿Qué escenarios imagina para el futuro en términos de vacunas?

Se vislumbran dos alternativas. No sabemos qué va a ocurrir. Una que el virus se estabiliza genéticamente en ese proceso de adaptación al humano. Eso puede tomar algunos años, y cuando ocurra se puede mantener una vacuna estable. Muchas de las mutaciones más relevantes han aparecido en diferentes lugares del mundo de forma casi simultánea. Eso permite pensar que estamos ante un fenómeno conocido como evolución convergente. La otra posibilidad es que existan cambios adicionales y aparezcan cepas que consigan evadir nuestras defensas. Ahí estaríamos en un escenario más parecido a los de influenza. Pero tal vez los cambios sean menos frecuentes porque este virus es de transmisión entre humanos y no existe recombinación en otras especies como influenza que afecta a porcinos y aves. Esas son las dos alternativas: estabilización o un cambio del virus aunque no tan rápido.

¿Cómo se imagina el mundo poscovid?

Los períodos de crisis generalmente catalizan procesos que ya existían. Los que esperaban una gran era de solidaridad social y sentido de pertenencia a la humanidad estarán frustrados porque eso no ocurrió. Por el contrario, los procesos de polarización, de negación de la ciencia, el descrédito de la democracia representativa se amplificaron durante la pandemia. El aumento de desigualdad social se hizo evidente. Los segmentos más ricos ya se recuperan de la crisis, pero los más pobres siguen peor. Puedo parecer un poco pesimista, pero lo que hemos visto es una profundización de problemas que ya teníamos. Esta es una alerta. Estamos repitiendo un ciclo que ya vimos antes. La pandemia de la gripe española hace 100 años nos llevó a un período de oscuridad con el ascenso del fascismo. Por eso vale la pena esa alerta. Intentar detener ese recorrido. Y comenzar a recuperar nuestro sentido de pertenencia a al sociedad. Tal vez sea nuestra única esperanza. No entendernos como individuos sino como una comunidad y como una especie. Somos una especie. Eso lo entiende perfectamente el virus, para él todos somos seres humanos independientemente de nuestras condiciones. Ojalá que nos entendamos de la misma manera. Hay otras amenazas preocupantes como las ambientales que van a generar cada vez más catástrofes. Cuando despertemos y entendamos que por individualismo estamos destruyendo nuestro planeta no vamos a poder salir de esto y lo que podemos esperar es más epidemias y catástrofes. Tenemos que parar y reflexionar. (Lea: “Los maestros deberían ser priorizados en las campañas de vacunación”)

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