Lo que tiene que saber sobre el punto G

Se llama así por Eric Grafenberg, un ginecólogo alemán, cuya investigación de los años 40 documentó una región sensible en algunas mujeres.

Para algunas mujeres el punto G incita rápidamente al orgasmo, pero a otras les puede resultar molesto. Wikipedia

El punto G es algo así como el salto grial del sexo, la olla de oro al final del arcoiris, la Atlántida del placer erótico. Su existencia sigue sin poner de acuerdo a los científicos, pero esa no parece una razón de peso para dejar de buscarlo. Supuestamente, se trata de un área altamente erógena de la vagina que, cuando se estimula, puede conducir a una fuerte excitación sexual y al orgasmo. Se llama así por Eric Grafenberg, un ginecólogo alemán, cuya investigación de los años 40 documentó una región sensible en algunas mujeres. Y aunque el concepto de orgasmos vaginales existe desde el siglo XVII, el término no se popularizó hasta la década de los 80.

En 2012, un estudio publicado en The Journal of Sexual Medicine parecía ponerle fin a la controversia, afirmando que esta escurridiza estructura existe anatómicamente. Pero el trabajo no ha conseguido poner de acuerdo a la comunidad científica y, aunque cada vez se tienen más pistas, no se sabe a ciencia cierta de qué hablamos cuando hablamos de punto G. Para Jane Chalmers, profesora de Fisiología de la Universidad occidental de Sydney (Australia), el punto G está ubicado en el complejo clitouretrovaginal, el área donde se juntan el clítoris, la uretra y la vagina. "Hay varias estructuras en este complejo que pueden producir sensaciones placenteras cuando se estimulan: el punto G podría reflejar la estimulación de una sola estructura o múltiples estructuras a la vez. Dos estructuras en particular han sido objeto de acalorados debates y se destacan como posibles candidatos para producir orgasmos en el punto G: la próstata femenina y el clítoris".

Según explica, la próstata femenina se encuentra dentro de la esponja uretral, un cojín de tejido que rodea la uretra. La esponja uretral y la próstata femenina están muy inervadas, lo que puede explicar su sensibilidad cuando se las estimula. Por otro lado, el clítoris visible es solo la punta del iceberg: este órgano mide unos 12 centímetros y, además de donde la uretra y la vagina tocan, el clítoris rodea un poco la uretra. Así que existe la posibilidad de que la estimulación mecánica del punto G sea la estimulación de la porción interna del clítoris.

Pero lo cierto es que hay una zona del interior de la vagina que produce un placer diferente al provocado con la parte externa del clítoris. La sexóloga Cristina Callao explica al diario El País sus coordenadas: se localiza internamente detrás del pubis y alrededor de la uretra, y se puede palpar mediante la introducción de dedos: su tacto es rugoso y, al ser estimulado, provoca una sensación intensa. "Para algunas mujeres incita rápidamente al orgasmo, pero a otras les puede resultar molesto porque genera una sensación parecida a las ganas de orinar".

¿Y qué pasa con ellos?

En los hombres, el punto G corre la misma suerte que en las mujeres. Su existencia está en entredicho, aunque la mayoría de voces apuntan a que se trata de la próstata, por lo que también recibe el nombre de punto P. La glándula prostática es una protuberancia en forma de nuez que se encuentra directamente debajo de la vejiga y está compuesta de fibras musculares lisas y tejido glandular y es vital para la fortaleza de los espermatozoides masculinos.

Y esta es la forma de dar con él, según Chris Luke, educador sexual en The Pleasure Chest en Los Ángeles. Hay que comenzar acariciando la zona entre los testículos y el ano con la mano o los dedos, para desués curvar el dedo e introducirlo (lubricado) poco a poco en el recto y hacia el ombligo. Se supone que a unos cinco centímetros, debería sentirse la próstata, ahí (no hace falta ir más lejos) se debe presionar hacia la parte posterior y moverlo un poco, tocando las paredes internas y aplica distintas presiones para encontrar el mayor placer.

Pero lo importante es que estás prácticas lleven a un disfrute más intenso, y no a a tensión y nerviosismo. No todas las personas sentimos por igual: además de los componentes educacionales y psicológicos del placer sexual, todos los cuerpos son ligeramente diferentes anatómica y fisiológicamente. En el caso femenino, mientras que algunas pueden llegar al orgasmo mediante la estimulación del punto G, a otras les resulta increíblemente incómodo. Y si esto pasa, tanto en el hombre como en la mujer, no se trata de ninguna disfuncionalidad sexual. Solo hay que encontrar qué nos gusta y nos hace sentir cómodos.