El 68% de los encuestados presentaron depresión

“Los jóvenes se están refugiando en rutinas que los llevan a la depresión”

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Carlos Gómez Restrepo, decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana, habló con El Espectador de los primeros resultados del estudio que busca medir el estado de salud en adultos jóvenes. La encuesta se llevó a cabo del 25 de mayo hasta el 22 de junio.

“Estar con los otros, sentirlos, hablar y mirarlos a los ojos es algo que evidentemente hace falta”. Con esta frase Carlos Gómez Restrepo, psiquiatra, psicoanalista, epidemiólogo clínico y decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana, describió una de las principales causas del aumento de la depresión y ansiedad en los jóvenes colombianos: la cuarentena.

Así lo reveló una encuesta que analizó la ansiedad y la depresión en jóvenes de 18 a 24 años realizada por los departamentos de Psiquiatría y Salud Mental, Epidemiología Clínica y Bioestadística de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana. En ella el 68 % de los mil encuestados presentaron diversos síntomas de depresión. Según Gómez Restrepo, quien dirige una investigación sobre resiliencia, la mayoría de jóvenes siente que la pandemia les afectó y cambio sus vidas y ven un futuro próximo lleno de incertidumbres y poco alentador.

¿Por qué surgió la necesidad de realizar esta primera encuesta de depresión y ansiedad en los jóvenes de Colombia?

Esta encuesta surge en el marco de otro estudio, OLA, que estoy dirigiendo sobre la resiliencia en los jóvenes. Es un estudio que se realiza con la Universidad Queen Mary, de Londres, en Colombia, Argentina y Perú. Con el inicio de la pandemia y las cuarentenas en los países nos pareció importante a un grupo de colegas de Latinoamérica y en Colombia, en especial, al doctor Miguel Uribe Restrepo, director del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Universidad, incluir este estudio en el contexto de nuestros países. Queremos conocer cómo las medidas de aislamiento influyen sobre la salud mental y los factores asociados a la presencia y evolución de los síntomas que nos darán respuestas muy importantes a nivel latinoamericano.

¿Por qué se escogió el rango de edad de los 18 a los 24 años? ¿Hay algo que deba tenerse en cuenta de ese período de desarrollo?

De este rango de edad se conocían pocos resultados sobre depresión o ansiedad y nada acerca de su comportamiento durante una cuarentena. Además, se ha hablado mucho más de personas de la tercera edad y lo mismo de los niños, pero de jóvenes poco. Habitualmente creemos que los jóvenes pueden ser más flexibles y resistentes al cambio y nos dimos cuenta de que esto podría no ser así. Por esto creemos que un seguimiento de esta población es muy importante para el país, sobre todo para los jóvenes, que en su mayoría se encuentran en procesos de educación técnica o universitaria, que se encuentran trabajando y manejan un sinnúmero de relaciones y circunstancias que los hacen un grupo vulnerable.

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Uno de los resultados más dicientes arrojó que el grado de depresión en las mujeres (70,3 %) es más alto que el de los hombres (63,4 %). ¿Por qué?

Las mujeres son más vulnerables a la depresión en términos generales. La proporción de depresión, en datos globales, es más o menos de 60 % en las mujeres y 40 % en hombres. En las diversas encuestas de Colombia se mantiene este resultado y tiene que ver principalmente con que las mujeres tienen mayor vulnerabilidad por factores biológicos, hormonales, de curso de vida y en ocasiones por lo que les ha tocado padecer históricamente.

¿Por qué se incluyó la ansiedad en un estudio sobre la depresión? ¿Las dos están conectadas?

Porque son dos de las problemáticas más frecuentes en el país. En el Estudio Nacional de Salud Mental, que coordinamos en la Javeriana en el 2015, se mostró que la depresión, la ansiedad y el consumo de alcohol son los trastornos más importantes en población adulta y este grupo de jóvenes está dentro de esa población. La incertidumbre y diversas ansiedades estaban presentes entre las consecuencias de la cuarentena, entonces teníamos que preguntar sobre ansiedad. Pero también es claro que muchos casos de depresión pueden iniciar por ansiedad o los casos de ansiedad pueden iniciar por depresión, es decir son dos grupos de entidades que muchas veces confluyen o son comórbidas. En la encuesta encontramos que el 29 % de los jóvenes tenían ansiedad leve, el 18 % moderada y el 6 % severa. Muchos jóvenes presentaban depresión y ansiedad.

El estudio identifica tres tipos de depresión: leve, moderada y severa. ¿Cómo identificarlos y cuál debe ser el tratamiento de cada uno?

Habitualmente se ha clasificado así por la severidad de los síntomas y el número de los que están presentes. Los síntomas pueden iniciar con un sentimiento de tristeza y poco interés y placer por las cosas. Si en los últimos treinta días usted ha sentido esto se puede estar experimentando un episodio de depresión. Después, vienen una serie de preguntas alrededor de si se ha disminuido el apetito, la libido, si se duerme mal, si está irritable, con dificultades en las relaciones, sensación de culpa, fatiga, o si se tienen pensamientos o ideas de minusvalía, en ocasiones de muerte, entre otros síntomas. En la medida en la que se tengan más síntomas se pasa de leve a moderado y de moderado a severo. La encuesta arrojó que la mayoría de personas presentan una depresión leve, con un total de 29 %; el 22 %, moderada, y el 17 % —que es un porcentaje muy alto— fueron severas.

Si la depresión leve es la más común entre los jóvenes, ¿qué recomendaciones se les puede dar para sentirse mejor?

Este tipo depresión la puede ver un médico general o familiar, y en principio no hay necesidad de acudir a una consulta por un especialista. Una de las principales recomendaciones es mantener las relaciones afectivas e interpersonales que se tengan, recordando que es importante respetar el distanciamiento físico, pero sin olvidar las relaciones sociales. Debemos seguir en contacto con los amigos, la pareja, la vida afectiva hasta donde sea posible. Esto ayuda mucho en la depresión leve. Otro aspecto importante es hacer ejercicio por lo menos de veinte a cuarenta minutos diarios, tres a cuatro veces a la semana. Mantener los hábitos de estudio y los hobbies: leer, ver películas, pintar, bailar, etc. En la encuesta pudimos ver que con la cuarentena la gente dejó de hacer actividades que antes hacía y se refugió en rutinas que los lleva a deprimirse.

Al hablar de la dificultad de mantener las relaciones interpersonales llama la atención que son los jóvenes, los más conectados en redes sociales, quienes pierden ese interés. ¿Les está costando acostumbrarse a una relación principalmente virtual?

Sabemos que el contacto físico es muy importante. El estar con los otros, sentirlos, hablar y mirarlos a los ojos y experimentar lo que solo genera el contacto físico es algo que falta evidentemente. Sin embargo, por ahora, esta comunicación la podemos sustituir de alguna manera con lo virtual, y debemos pensar que es temporal, a pesar de que algo queda faltando. Pero lo más importante es entender que el aislamiento es algo que durará solo un tiempo más y es algo que nos toca hacer, porque estamos en pandemia y tenemos que cuidarnos unos a otros. Cuando la encuesta preguntó a los jóvenes qué hicieron cuando pudieron salir el 20 % contestó que fue a visitar a un amigo o familiar.

¿Cómo cumplir con estas recomendaciones teniendo en cuenta los diferentes contextos socioeconómicos?

De acuerdo con su contexto, las personas tienen diferentes actividades que podrían privilegiar. Todos podemos hacer ejercicio de alguna forma, tener algunos contactos virtuales, tener diversiones, realizar lecturas o actividades que lo enriquezcan. Evidentemente, de acuerdo con el grupo de edad, existen diversos intereses que van desde jugar, en los niños, a leer o hacer pasatiempos, en adultos. Ahora, actividades como ejercicios de consciencia plena (mindfulness) pueden servir para integrarse a las diversas actividades que realizamos. Alrededor de ello hicimos con la universidad un pequeño video que enseña algunas de estas posibilidades.

Volviendo al tema de la virtualidad, una de las principales causas de esta depresión es la sobrecarga de información. ¿Cómo evitarlo si la principal distracción son las redes sociales que publican estos contenidos?

Alrededor de las redes sociales lo que proponemos es que uno debe tener ciertos límites en su uso, las redes sociales indigestan y además se tiene que saber que no toda la información es real y las fake news hacen un daño enorme que llamamos infodemia. Esto fue uno de los primeros factores que identificamos cuando inició la cuarentena: personas impactadas por el exceso de información. En la Universidad Javeriana hicimos un curso gratuito en EdX que se llama “Comunicarnos sin daño”, en el que justamente les hablamos a los comunicadores y periodistas para que entendieran su labor de promoción en salud. Las personas tienen que limitar su uso de estos recursos informáticos, no pueden acostarse viendo noticias y levantarse temprano a ver qué ha salido de nuevo. Tenemos que proponernos hacer cierta “dieta de noticias”. Un justo medio.

Otro tema importante son las consecuencias de sentirse deprimido o ansioso, pues por lo general se pierde la concentración y en los jóvenes que trabajan o estudian esto afecta el rendimiento. ¿Qué hacer?

Habitualmente cuando se está deprimido o ansioso, los procesos cognoscitivos se bloquean. Uno no logra ser tan efectivo como lo era antes. Esto puede repercutir un tanto en la forma de estudiar y aquí hablo como profesor, uno tiene que explorar cómo cambia o adapta las estrategias pedagógicas cuando se dan clases virtualmente. Hay que tener en cuenta la dificultad para concentrarse de algunos alumnos en la virtualidad y por esto toca implementar estrategias que favorezcan la atención y un mejor aprendizaje. Igualmente, no pretendamos llevar las mismas clases presenciales a lo virtual. Veamos diferentes formas de aprender, modelos innovadores.

¿Considera que se ha realizado un buen acompañamiento de la salud mental en la pandemia? Muchas veces las autoridades de salud no han sido claras con las recomendaciones.

Se está empezando y se están haciendo los mejores esfuerzos. Hay muchas circunstancias andando al tiempo y se tienen que tomar decisiones de acuerdo con el momento. Pienso que está llegando el momento de la salud mental. Lo que está ocurriendo ahora en salud mental es lo que algunos llaman la cuarta ola y otros denominan la segunda ola. Es decir, todas las consecuencias psicosociales derivadas de la pandemia, y todo lo que estamos y estaremos viviendo en lo personal, familiar, laboral y social. En ese sentido, hay que educar y acompañar mucho más en salud mental, muchas personas no tienen un acceso equitativo a los servicios de salud. Otros profesionales deben mejorar su empatía por lo mental, otras personas pueden no reconocer sus dificultades mentales, o si las reconocen no acuden al servicio de salud por estigma, temores por la pandemia u otras circunstancias que tenemos que evitar. Hay que proponernos de una manera efectiva y propositiva para que todos intervengamos en el cuidado de la salud, que seamos cuidadosos con nosotros y los demás. La salud mental es y debe ser un compromiso de todos, donde todas las personas e instituciones debemos realizar parte de este acompañamiento. Por lo pronto, la Universidad Javeriana viene realizando diversos proyectos que pretenden mejorar las condiciones de los jóvenes y de toda la comunidad donde nos movemos. Finalmente, pienso que el acompañamiento en salud mental rebasa lo que puede hacer el Gobierno, y debe mejorar algunas áreas, es un compromiso social, un compromiso responsable de todos nosotros.

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