Modificar embriones, la polémica práctica que China revivió

Un grupo de investigadores asiáticos intentó alterar genéticamente a algunos embriones para tratar de curar una enfermedad. La comunidad científica rechazó la práctica por los riesgos que conlleva. Dicen que es antiético.

¿Pueden los humanos modificar el ADN de los embriones? ¿Qué tan ético y tan peligroso puede llegar a ser transformar genéticamente a un hombre cuando apenas está en su etapa inicial de desarrollo? Esos son solo dos de los interrogantes que ha generado el polémico experimento llevado a cabo por investigadores chinos y que esta semana ha sido objeto de un intenso debate científico. Los asiáticos, como nadie lo había hecho hasta ahora, publicaron en una revista cómo fue ese proceso de tratar de alterar el ADN de un embrión humano.

Su investigación la dieron a conocer en una pequeña revista llamada Protein & Cell luego de que Nature y Science, dos de las más prestigiosas del mundo, la rechazaran por motivos éticos. El asunto no era menor: el grupo de la Universidad Sun Yat-sen, en la ciudad china de Guangzhou, pese a las críticas, utilizó 86 embriones humanos para comprobar si era posible modificar el gen HBB, una mutación que da origen a la enfermedad de beta-talasemia. El mal afecta la producción de hemoglobina y puede llegar a ser mortal.

Lo hicieron pese a que desde hace cinco años (cuando se descubrió la terapia CRISPR, que permite hacer este tipo de procedimientos) la comunidad científica ha advertido los riesgos que puede acarrear si se llegase a emplear para modificar nuestros embriones. ¿La razón? Hacer cambios en su ADN podría generar rasgos permanentes en el mapa genético humano. Además, si no se tiene el cuidado adecuado, un error puede desencadenar una nueva enfermedad que podría heredarse de generación en generación.

Sin embargo, los científicos fueron claros en una de sus conclusiones: “Nuestros resultados subrayan la necesidad de una mayor comprensión de la técnica CRISPR/Cas9 de modificación del ADN y respaldan la idea de que las aplicaciones clínicas de este mecanismo quizás sean prematuras en este momento”.
Técnicamente, los investigadores pusieron en práctica la técnica en 86 embriones no viables, de los que sobrevivieron 71. Transformaron con éxito 28 y solo en cuatro lograron corregir la mutación que origina la beta-talasemia.

Pese a eso, las críticas no se hicieron esperar. La mayoría apuntaron a una falta de ética. De hecho, poco antes de que saliera publicado el artículo, Nature y Science le dieron espacio en sus páginas a varios artículos de opinión de líderes de la comunidad biomédica. En ellos pedían una moratoria para la manipulación genética de células germinales como células embrionarias, óvulos y espermatozoides.

Pero después de que salió a la luz el estudio del grupo chino, el debate se intensificó. En el diario The Wall Street Journal, David Baltimore y Paul Berg, ambos premios Nobel, advierten que practicar esta técnica puede traer consecuencias que hoy son imprevisibles. Su texto lo titularon “Hagamos una 'pausa' antes de alterar la humanidad".

David King, director de la organización británica Human Genetics Alert, opina de forma parecida. Tal y como le dijo a la cadena BBC, “el estudio enfatiza la necesidad de una prohibición global inmediata a la creación de bebés genéticamente modificados”, haciendo referencia a algunas intensiones de modificar la apariencia física o la inteligencia de los menores.

Aunque detrás de estas posiciones, a la que se suma la Jennifer Doudna, la científica que desarrolló la técnica CRISPR, hay quienes defienden la práctica médica. Tal es el caso de Julian Savulescu, el editor jefe del Journal of Medical Ethics. “Crear los llamados bebés de diseño debería considerarse una obligación moral ya que al crecer se convertirían en ‘niños éticamente mejores’”, sentenció a BBC. 

Lea aquí los artículos completos de El Mundo y BBC.