Niños adictos a alimentos ultraprocesados, el grave problema de salud que enfrenta Brasil

Tras evaluar los hábitos alimenticios de 139 niños, investigadores encontraron que el 95% de ellos presentaban síntomas de adicción a la comida. Identificaron síndrome de abstinencia a las galletas y a las salchichas.

Los investigadores identificaron síndrome de abstinencia a alimentos como las galletas. Pxhere

Los niños brasileños con sobrepeso que consumen frecuentemente alimentos ultraprocesados como galletas, bizcochos y salchichas, tienden a volverse adictos a ellos de manera similar a como otras personas se vuelven adictas a las drogas. (Lea Si tiene hijos, prepárese: Colombia realizará una gran jornada de vacunación el 27 de abril)
 
Esta es la principal conclusión de un estudio que analizó los hábitos alimenticios de 139 niños subidos de peso de entre 9 y 11 años de dos escuelas públicas de la ciudad de Sao Paulo, la más grande de Brasil. (Lea Quieren hacer un torneo de pesca ilegal en un área protegida colombiana)
 
Investigadores de la Universidad Federal de Sao Paulo comprobaron que el 95 por ciento de los niños presentaba por lo menos uno de los siete síntomas de adicción a la comida, mientras que el 24 por ciento fue diagnosticado como adicto. (Lea Una universidad japonesa no contratará profesores que fumen cigarrillos. ¿Es justo?)


El síndrome de abstinencia a dos tipos específicos de comidas —galletas y salchichas— fue el síntoma prevalente en el 71 por ciento de los casos, seguido por lo que los científicos han calificado como “disminución o abandono de importantes actividades sociales, ocupacionales o recreativas debido al deseo de consumir comida”.
 
Aunque los resultados sugieren una alta incidencia de adicción a la comida entre los niños con sobrepeso, los investigadores añaden que aún no es posible establecer una relación de causa-efecto entre estos dos factores.
 
“Pero sí allana el camino para futuros estudios sobre si el alto consumo de alimentos ultraprocesados aumenta la probabilidad de desarrollar adicción, o si los niños propensos a tener adicción a la comida comen más alimentos ultraprocesados que quienes no la tienen”, destaca Andrea Filgueiras, nutricionista de la Universidad Federal de Sao Paulo y autora principal del estudio publicado en la revista Appetite.
 
Los alimentos ultraprocesados —definición dada en 2009 por un grupo de científicos dirigidos por el epidemiólogo brasileño Carlos Augusto Monteiro— incluyen comidas preparadas, queques, galletas o bizcochos y salchichas, que contienen aditivos, preservantes, saborizantes y colorantes.
 
Estas comidas resultan atractivas porque son más baratas y agradables debido a sus altos niveles de azúcar, grasas y sal. Las galletas, por ejemplo, tienen en promedio 4 gramos de sodio por paquete, muy por encima del límite de ingesta de 2000 microgramos por paquete recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).


Filgueiras aclara que el mayor consumo de este tipo de alimentos puede causar cambios en el metabolismo de las grasas y carbohidratos, sensibilidad a la insulina y en las funciones de la hormona del apetito, potenciando el riesgo de obesidad, diabetes mellitus y enfermedades cardiovasculares en la adultez.
 
“También puede desencadenar alteraciones en el control neural de la recompensa, incrementar la liberación de dopamina —neurotransmisor vinculado con el sistema de recompensa en el cerebro— y, en consecuencia, reforzar la importancia y la motivación para su consumo”, explica.
 
La híperestimulación de las rutas de recompensa neural sería similar a la descrita en las personas adictas a las drogas y podría generar mecanismos de afección probablemente ligados a la compulsión psicológica de comer.
 
Los hallazgos contribuyen a arrojar luz sobre una compleja paradoja de Brasil y de América Latina. En Brasil, mientras 13 millones de personas padecen hambre, los análisis nacionales muestran un aumento significativo de 20,8 a 25,4 por ciento en el consumo de alimentos ultraprocesados entre la población en los últimos 30 años.
 
En América Latina y el Caribe, 39,3 millones de personas están desnutridas, un aumento de 400.000 personas desde 2016, según un informe de setiembre de 2018 de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Sin embargo, el consumo diario de azúcar es el doble del recomendado por la OMS: 99,4 gramos vs 49,4 gramos.
 
Un estudio realizado entre 2013 y 2014 por investigadores de 30 universidades brasileñas entre 71.791 adolescentes identificó un aumento en el consumo de galletas, dulces y saladas, y refrescos y una disminución en el consumo de leche y frutas.
 
Daniela Neri, nutricionista de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de São Paulo, comenta a SciDev.Net que el estudio ayuda a dilucidar uno de los posibles mecanismos de asociación de los alimentos ultraprocesados con los efectos adversos sobre la salud de las personas.
 
“A diferencia de estudios previos que asociaban ‘un patrón dietario basado en alimentos ultraprocesados’ con los factores de riesgo de obesidad en los niños, el estudio de Filgueiras identifica los tipos de alimentos ultraprocesados más asociados con el riesgo de adicción en los niños”, señala.

Explica que los niños de esa edad tienen una “preferencia biológica” por los sabores dulces y salados, que tiende a reforzarse con los tipos de alimentos que consumen.

 
“También hay una ‘preferencia condicionada’ por alimentos ricos en grasas y energía, que puede reforzarse con el consumo frecuente y la comercialización persuasiva de alimentos ultraprocesados dirigidos a niños de esta edad, lo que interfiere en sus decisiones de alimentos”, advierte a SciDev.Net.
 
En ese sentido, un estudio publicado en abril en la revista Obesity Reviews encontró que, pese a la implementación en muchos países de los códigos de práctica de la industria alimentaria para la comercialización responsable, los niños están potencialmente expuestos a gran cantidad de publicidad televisiva sobre comidas y bebidas poco saludables.
 
Los investigadores analizaron la exposición global de los niños a ese tipo de anuncios por televisión en varios países desarrollados y en desarrollo, como Australia, Canadá, Chile, Costa Rica, Guatemala, Malta, México, Nueva Zelanda y Eslovenia.
 
Comprobaron que, en promedio, hay cuatro veces más publicidad sobre comidas y bebidas que no debería permitirse en TV en comparación con las permitidas. La frecuencia de anuncios no permitidos es mayor durante las horas ‘pico’ comparada con otras horas.
 
“Un niño que recibe alimentación saludable y adecuada a edad temprana tiene más probabilidad de mantener hábitos saludables a lo largo de su vida, convirtiéndose en un adulto con buenas preferencias alimentarias”, afirma Neri.
 
“El entorno infantil debe ser saludable para favorecer el desarrollo de hábitos saludables. Y para crear un ambiente propicio, el gobierno debe adoptar políticas que conduzcan a cambios en el mercado, como el gravamen a las bebidas azucaradas, la regulación de la comercialización dirigida a niños y un etiquetado adecuado”, dice.