Niños que han perdido a sus padres, otra tragedia de la pandemia

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A las adversidades que han tenido que afrontar los niños durante la pandemia, debido al cierre de escuelas y a las cuarentenas, se suma una más: la muerte de sus padres. En el caso de EE. UU., más de 37.300 menores habían perdido al menos a uno de ellos hasta febrero de 2021.

“Los niños y las niñas no son el rostro de esta pandemia” señalaba un informe de la Unicef hace un año. “Pero corren el riesgo de estar entre sus mayores víctimas”.

Aunque constantemente escuchamos que las niñas y niños no son tan afectados por el COVID-19, que tienen menos riesgo de enfermarse gravemente, menos riesgo de morir, y que sus cifras de contagios y fallecimientos han permanecido en porcentajes mínimos, lo cierto es que su vida ha tenido que cambiar drásticamente desde que comenzó la pandemia. Y el coronavirus los ha afectado de innumerables formas.

Según datos de la Unicef, en el último año se ha retrocedido en prácticamente todos los indicadores importantes relacionados con la infancia: el número total de niños que viven en hogares pobres a nivel mundial podría llegar a más de 725 millones debido a la crisis socioeconómica que desencadenó el COVID-19. Cerca de 150 millones de niños viven sin acceso a educación, atención médica, vivienda, nutrición, saneamiento o agua debido a la pandemia; y en el último año se ha registrado un aumento de niños que pasan hambre, están aislados, son víctimas de abuso o sufren de ansiedad. Muchos también han dejado de recibir vacunas fundamentales para su desarrollo por las medidas de mitigación y contención del virus.

En Colombia se suman otros flagelos. De acuerdo con el ICBF, 372 niños, niñas y adolescentes fueron abandonados entre marzo y noviembre de 2020. La pobreza y la falta de recursos a raíz de la pandemia parecen ser uno de los principales motores que agudizaron este problema. Asimismo, mientras la mayoría del país estaba en cuarentena, los grupos armados ilegales continuaron reclutando de manera forzada a niños, niñas y adolescentes, principalmente de las zonas rurales.

Un nuevo análisis, publicado esta semana en la revista JAMA Pediatrics, hizo visible otra problemática que hasta ahora no había recibido mucha atención: los niños y niñas que han perdido a alguno de sus padres por el COVID-19. Según el reporte, la pandemia ha dejado en un año entre un 18% y un 20% más de niños sin uno de sus padres de lo que suele ser habitual.

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“La cantidad de niños que experimentan la muerte de un padre por COVID-19 es impresionante”, señalan los autores de la investigación. Tras la investigación estimaron que, hasta febrero de 2021, entre 37.300 y 43.000 menores de 17 años habían tenido que afrontar la muerte de uno de sus padres por la pandemia en Estados Unidos. Un cuarto de ellos eran niños y niñas menores de 10 años.

Para llegar a estos datos, la doctora Rachel Kidman, del programa de salud pública de la Universidad Stony Brook, junto a otros tres investigadores de las universidades de Western Ontario, Southern California y The Pennsylvania State University, elaboraron un modelo en el que calculaban el número esperado de niños afectados por cada muerte por COVID-19. ¿Cómo? Usaron los datos de fallecimientos documentados por los Centros de Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDCs) relacionados con la enfermedad, datos demográficos y datos de parentesco de comunidades no hispanas de blancos y afroamericanos que estaban disponibles públicamente. Al resultado lo llamaron el “multiplicador de duelo de los padres”.

En pocas palabras, el modelo sugiere que cada muerte por COVID-19 deja a 0.078 niños y niñas entre 0 y 17 años en duelo por la muerte de alguno de sus padres. “Aunque el multiplicador de duelo es pequeño, se traduce en un gran número de niños que han perdido a sus padres”, aseguran los autores. En otras palabras, por cada 13 muertes por COVID-19 en Estados Unidos, un niño menor de 18 años pierde a un padre o a una madre.

El análisis también refleja las disparidades raciales de esta pandemia: los niños y niñas negros están siendo desproporcionadamente afectados. Aunque comprenden solo el 14% de niños en Estados Unidos, representan el 20% de los que pierden a un padre o una madre a causa del COVID-19.

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Un duelo más difícil

Diversos estudios han demostrado que las niñas y niños afectados por la pérdida de sus padres tienen un mayor riesgo de tener problemas de salud mental y psicosocial, así como un duelo prolongado y traumático. “Los niños que pierden a uno de sus padres corren un riesgo elevado de sufrir un duelo traumático, depresión, malos resultados educativos y muerte involuntaria o suicidio”, señala el reporte en JAMA Pediatrics. Hay razones para suponer que la repentina pérdida de un padre durante la pandemia agrava estos desafíos.

“Debido a la crisis de salud en curso, los niños no pueden reunirse a menudo con familiares y amigos que normalmente brindarían consuelo y apoyo. Cuando tantos niños no van a la escuela tampoco cuentan con el apoyo social de amigos, maestros y consejeros que los ayuden a sobrellevar su dolor”, aseguraron los autores de la investigación en una columna de opinión publicada en el Washington Post. Lo más grave, señala el reporte, es que “la carga se hará más pesada a medida que continúe aumentando el número de muertes”.

¿Cómo enfrentarlo? En el reporte afirman que debe ser una prioridad abrir las escuelas de manera segura. “Las escuelas son una red de seguridad fundamental, y los maestros son a menudo los primeros en reconocer las necesidades sociales y emocionales de los niños”, señalan los investigadores. También insisten en crear una “cohorte nacional de duelo infantil” que permita identificar a los niños que han perdido a sus padres, monitorearlos y enfrentar tempranamente los desafíos vinculándolos con atención cercana. Algo similar al apoyo familiar que impulsó el país luego de los ataques del 11 de septiembre de 2001, cuando 3.000 niños y niñas quedaron sin alguno de sus padres tras los impactos en las torres gemelas.

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