No es dieta, es alimentación consciente

Más allá de restricciones, comer saludablemente, consiste en consumir lo mejor para el cuerpo de cada uno. No pretende olvidar el placer de un postre ni de una hamburguesa.

Ensalada de Quinua cocida, pepino cohombro, mango, tomate, arroz salvaje, mix de lechugas y camarones. / Liz Durán

Hace 50 años la comida no se compraba en un supermercado, sino en las plazas de mercado los fines de semana, que aún existen pero su uso y concepción ha cambiado radicalmente con los procesos de industrialización.

Se compraban las frutas, las verduras, lo granos y las carnes y se preparaban en casa; sin querer decir que la gente no saliera a comer, pero seguramente si lo hacían, ocurría con menos frecuencia que ahora.

“En Colombia nos estamos dando cuenta que algo está mal en nuestra alimentación y que es necesario implementar un cambio”, dice el chef Juan Diego Vengas, quien actualmente trabaja en la Escuela Gato Dumas en Bogotá. Junto a una chef especializada en panadería y repostería, Elizabeth Franco, se han puesto a la tarea de difundir lo que hoy se conoce como alimentación consciente y como parte del empeño crearon el diplomado en Cocina y alimentación consciente.

Cuando se habla de comer saludable y conscientemente las primeras impresiones que se consideran son las de los ambientalistas con el dilema de que no se deben matar animales para consumirlos, las de quienes hablan de tendencias espirituales, y por su puesto la gran variedad de dietas como la vegana, la paleo, la raw y la de Atkins.

Sin embargo, lo que ha surgido en el Gato Dumas, según sus voceros va más allá de una dieta. “Consiste en que las personas conozcan su cuerpo y tomen conciencia acerca de los alimentos que consumen”, dice Elizabeth.

Las dietas son universales, pero lastimosamente no sirven para todos ya que el organismo de cada uno es diferente; por ello lo que a alguien le puede servir para adelgazar a otro lo puede engordar, recalcan los expertos.

Lo que sí es cierto es que hay alimentos que en exceso pueden causar daño en la mayoría de las personas como la leche, el gluten y el azúcar, y lo paradójico es que hacen parte de la alimentación diaria de muchos y se encuentran en casi toda la comida procesada.

Para Elizabeth no hay duda de que las gaseosas debe ser uno de las bebidas que se deben erradicar del consumo diario de las personas. “Una gaseosa equivale a 16 cucharadas de azúcar, y lo que necesita el organismo a diario es sólo el dulce de una naranja”, dice.

El gran reto de estos expertos es difundir la necesidad del cuidado del cuerpo, y consideran que como escuela de formación de los futuros talentos de la gastronomía, es esencial una labor social que le enseñe a las personas los aspectos fundamentales del buen comer.

“Cuando uno se refiere a la alimentación consciente, muchos piensan inmediatamente que se trata de algo aburrido, feo y restrictivo. Pero es todo lo contrario”, explica la experta. La propuesta no consiste en que nunca más vuelvan a probar una hamburguesa, ni que se olviden comer un postre. La invitación, por el contrario, es que lo hagan menos a menudo y que se interesen más por los alimentos que consumen. “Todas las personas que a diario desayunan, almuerzan y comen fuera de casa, no tiene la más mínima idea de dónde vienen esos alimentos, cómo fueron preparados ni que contienen; y por ello no es bueno que esa sea la rutina.

Para Juan David, la intención es cocinar en casa y cuando se pueda, llevar de esa comida al trabajo. Las personas tienen miedo a probar cosas nuevas, pero con simples y sencillos ingredientes, mezclados con algunas hierbas que refuercen los sabores, es posible preparar platos llamativos y agradables.

Y a todo esto se suma la necesidad de aprender a sentarse a comer. Los ritmos de vida agitados de hoy en día, hacen que las personas desayunen en el carro, almuercen frente al computador y cenen viendo televisión. “Pero sentarse a comer debe ser para todos un ritual, que como dormir, requiere un tiempo específico”, recalca el chef.

Las personas deberían masticar cada bocado mínimo 32 veces y por ello, comer debe tardar más de los 15 minutos que algunos le dedican. “Al principio es raro, pero así la saliva incorpora encimas, la comida llega al estómago disuelta y el proceso de digestión para el cuerpo es más fácil, y además se envía la señal al cerebro de que se está comiendo mucho”. Este simple “truco” según Elizabeth hace que las personas adelgacen.

La mentalidad de quienes hoy son jóvenes, es que al cuerpo se le puede dar cualquier cosa, pero lo cierto es que con los años eso se refleja. Y lo importante según estos expertos es que, desde joven haya conciencia de que para tener un buen estilo de vida es necesario, conocer el cuerpo, la comida, y además introducir en la rutina la tranquilidad espiritual y la actividad física, que no consiste en ir al gimnasio todos los días sino en moverse un poco más de lo normal; una simple caminata de 20 minutos.