Sus investigaciones empezaron hace tres décadas

Nobel de Medicina por descifrar el “reloj” biológico

Los estadounidenses Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young fueron galardonados por descubrir cómo funciona el mecanismo que nos permite adaptarnos al ritmo del día y que nos dé sueño en la noche.

Michael Rosbash. / Michael W. Young. / Jeffrey C. Hall.AFP y EFE

El matemático y astrónomo Jean-Jacques Dortous de Mairan hizo hace casi tres siglos un valioso experimento. En 1729, tras observar que su planta Mimosa pudica (o dormidera, como la llamamos en Colombia) cerraba sus hojas justo cuando empezaba la noche y las abría apenas empezaba el día, se preguntó qué sucedería si la ponía en un lugar completamente oscuro. Para comprobarlo, la dejó en un clóset completamente lejos de la luz. Lo que vio lo dejó sorprendido. La planta, independientemente de si estaba o no expuesta a la luz, cerraba y abría sus hojas a la misma hora. Su conclusión fue simple: las plantas deberían tener su propio reloj biológico. Era la base de una idea que ayer les permitió a tres científicos de EE.UU. ganar el Premio Nobel de Medicina: Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young.

Aunque en la década del 80 la existencia de un reloj biológico en los seres humanos era una idea aceptada en la medicina, no todos veían una relación con la genética. Se sabía de su existencia (técnicamente lo nombraron ciclo circadiano), pero no sabían cómo funcionaba con exactitud. Y ese fue, precisamente, el gran logro de estos investigadores. Descubrieron cómo trabajaba ese reloj que nos ayuda adaptarnos al ritmo del día. En términos muy concretos, como lo reseña la página de los premios Nobel, sus hallazgos mostraron cómo los humanos, las plantas y los animales (y los organismos multicelulares) adaptan su ritmo biológico para que esté sincronizado con la rotación de la Tierra.

Es decir que Hall, Rosbash y Young, luego de una serie de complejos experimentos, comprobaron por qué algunas de nuestras funciones fisiológicas cambian dependiendo de la hora del día. Por ejemplo, como lo indica el gráfico de este texto, este “reloj” es el responsable de que antes de mediodía exista un máximo nivel de alerta y una mejor coordinación que después de las 6 p.m., cuando la temperatura corporal empieza a descender. Es responsable, también de que nos dé sueño en la noche e, incluso, influye en nuestro humor.

Otro buen ejemplo para entender cómo influye ese sistema en nuestro comportamiento es el cambio de zona horaria, conocido como jet lag. Al haber un rápido desajuste temporal entre nuestro entorno externo y el reloj biológico, hay variaciones en el comportamiento, el sueño, la temperatura corporal y el metabolismo.

Para saber por qué sucedía eso, los investigadores, de las universidades de Brandeis (Boston) y Rockefeller, en Nueva York, empezaron a experimentar con moscas de fruta en 1984. Tras lograr aislar el gen que controla el ritmo biológico, comprobaron que ese gen codifica una proteína que está presente y se acumula a lo largo de la noche pero se desvanece durante el día. A esa proteína la llamaron PER. Con los años, Michael W. Young halló otro gen que codifica otra proteína (TIM), que empezó a dar luces sobre cómo funcionaba esta maquinaria dentro del cuerpo humano.

“Desde que estos tres laureados realizaran estos descubrimientos trascendentales, la biología circadiana se ha convertido en un campo de investigación amplio y muy dinámico, con repercusiones en nuestra salud y bienestar”, destacó en un comunicado la asamblea encargada de elegir a los ganadores. “Lo que esto puede hacer es concientizarnos más de la importancia que tiene la higiene del sueño y de lo relevante que es asegurarnos de que estemos yendo a la cama a una hora adecuada”, concluyó Juleen Zierath, integrante de la asamblea.