Ocho razones por las que no debería castigar físicamente a su hijo en la infancia

Dos profesores de la U. Javeriana explican por qué el castigo corporal no es útil a la hora de educar a los menores. Generación de comportamientos agresivos, una de las razones.

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Elizabeth Thompson Gershoff es, quizás, una de las personas que más ha indagado en los efectos de los castigos en los niños. Es psicóloga y doctora en Desarrollo Infantil y Relaciones Familiares, de la Universidad de Columbia (Estados Unidos) y, además, tiene una abultada producción académica. Sus artículos científicos han sido citados cientos de veces en Google Scholar. Uno de los más conocidos (Castigo corporal por parte de los padres y comportamientos y experiencias infantiles asociadas: un metaanálisis) ha sido mencionado más de dos mil ocasiones.

Con base a sus análisis y en el marco conversatorio “Reflexiones sobre el castigo corporal en la crianza: una mirada desde la academia”, que se va a llevar a cabo en la U. Javeriana el próximo jueves 12 de abril, los profesores Olga Carbonell y Milton Bermúdez, de la Facultad de Psicología de esa universidad, resumieron en un breve texto ocho de los principales efectos negativos asociados al castigo físico. Estos son:

1. A largo plazo el castigo no genera obediencia

“El propósito de la mayoría de los padres cuando usan castigo físico es lograr que el niño pare el mal comportamiento de manera inmediata, es decir obediencia inmediata. Efectivamente, la evidencia muestra que el castigo asegura la obediencia a corto plazo; sin embargo, la meta de los padres es que los niños aprendan a comportarse bien cuando ellos no están presentes, es decir que internalicen normas y valores respecto a que es comportamiento apropiado, pero el castigo físico no enseña la obediencia a largo plazo”.

2. El castigo corporal no favorece la internalización moral

Si para los padres es importante desarrollar en los niños controles internos para un desarrollo social, emocional y moral adecuado (meta de socialización a largo plazo), el castigo corporal no favorece la internalización moral porque no enseña a los niños las razones para comportarse correctamente, no les comunica y enseña sobre los efectos de su comportamiento sobre los otros y parece enseñarle al niño cómo “no dejarse coger en la falta”. La norma y las razones para comportarse adecuadamente son externas.

La investigación ha mostrado que la internalización en valores morales en los niños se favorece mediante estrategias disciplinarias de los padres que muestran poco uso del poder parental y por el contrario promueven la autonomía y la toma de decisiones, así como que proveen explicaciones sobre los comportamientos deseables o apropiados.

3. El castigo corporal puede desarrollar comportamientos agresivos

Las revisiones de la literatura sobre el tema han mostrado que el castigo corporal está asociado con un aumento de los comportamientos agresivos en los niños. Las experiencias tempranas con el castigo corporal pueden modelar y legitimar muchos tipos de violencia a lo largo de la vida de una persona, especialmente la violencia de pareja. El uso de castigo físico por parte de los padres en la niñez es un fuerte predictor de la agresión en la adolescencia.

4. El castigo corporal ha sido asociado a comportamiento criminal

El castigo corporal ha sido asociado a la etiología del comportamiento criminal y antisocial, tanto en niños, adolescentes y adultos. Se explica porque esta práctica

Disciplinaria no favorece la internalización de valores morales, además de que tiende a dañar la relación madre/padre-hijo, lo cual reduce la motivación para internalizar los valores de los padres y la sociedad, lo que a su vez lleva al desarrollo de bajo auto-control (poca capacidad de regulación de sus emociones).

5. Puede afectar negativamente la relación con los padres

Una de las mayores desventajas del castigo corporal es que puede afectar negativamente la calidad de la relación padre/madre-niño. El dolor causado por el castigo físico puede generar sentimientos de temor, ansiedad y rabia en los niños y hacia la relación con su padre/madre, lo cual puede interferir en una relación positiva. Esto puede llevar a afectar la confianza y la cercanía afectiva entre el hijo y los padres.

6. Ha sido asociado a la depresión

El castigo corporal severo ha sido asociado con sintomatología depresiva y ansiosa en adolescentes. Los métodos coercitivos de crianza están asociados a una disminución de los sentimientos de confianza y asertividad de los niños y con un aumento en los sentimientos de humillación y abandono en éstos, lo cual a su vez puede afectar negativamente la calidad de la salud mental de los niños y en otras etapas de la vida (adolescencia y adultez).

7. Puede hacer que las personas vean la agresión como legítima

El castigo corporal de los padres puede llevar a las personas a ver la agresión o la violencia como legitima, a atribuirle intencionalidad negativa al comportamiento de los otros y a tener mayor tendencia a recurrir a la violencia o a la agresión durante los conflictos con la pareja o los hijos. Esto implica una tendencia hacia la transmisión intergeneracional de la agresión en las relaciones cercanas.

8. No es más efectivo que otros métodos

El castigo corporal no es más efectivo que otros métodos de disciplina para lograr la obediencia inmediata o la obediencia a largo plazo, tales como razonar con el niño, el timeout (dejar al niño solo hasta que se calme luego de un berrinche o pataleta), quitar privilegios, amenazar o ignorar el mal comportamiento.

Como lo reiteran en su texto estos profesores, el encuentro que se realizará en la Javeriana hace parte de la “sensibilización y movilización social sobre la abolición del castigo corporal en la crianza en Colombia, que lidera la Alianza por la Niñez Colombiana”.