Opinión vs. ciencia: la evidencia sí sugiere que el glifosato es tóxico

La periodista María Isabel Rueda escribió una columna de opinión en la que pone en duda si este herbicida es perjudicial para la salud, basándose en un supuesto estudio de la U. Sergio Arboleda. Un conjunto de críticas han desbaratado sus argumentos.

"Glifosato: ¡pongámosle sensatez!" es la columna de opinión de la periodista María Isabel Rueda publicada el domingo en el periódico El Tiempo. Archivo El Espectador

Han pasado dos días desde que la periodista María Isabel Rueda defendió el glifosato en su columna de opinión publicada en el periódico El Tiempo. Desde entonces no cesan las críticas en su contra. El artículo, llamado "Glifosato: ¡pongámosle sensatez!", se trata de la traducción que ella hace de un estudio compartido por la Universidad Sergio Arboleda. En este se demuestra que el herbicida en cuestión no es tan dañino para la salud como se cree. De ahí que su veto en el país responda más a una decisión política que a un riesgo cancerígeno real. 

La explicación de Rueda empieza en la fórmula química del glifosato. Según la periodista, la composición del herbicida se divide en glicina, uno de aminoácidos que forman las proteínas, y fósforo, un mineral imprescindible en nuestra alimentación y un nutriente del suelo. Ambos ingredientes, vistos desde esa perspectiva, parecen inofensivos. Pero esos datos son irrelevantes dentro de la discusión. 

Porque "uno no puede inferir el efecto de una sustancia a partir de su fórmula. Científicamente no es un argumento de daño o no. La pregunta real dentro del debate es la toxicidad humana y animal de este herbicida y bajo la premisa de que es tóxico para las plantas lo puede ser para las personas. El asunto científico es cuán perjudicial es", explicó Andres Vecino, investigador de la escuela de salud pública de Johns Hopkins, quien construyó un hilo de Twitter para rebatir los argumentos de Rueda. 

Esa toxicidad para las plantas es desmentida por la columnista al decir que el glifosato, en las dosis que se utilizan para fumigar, "tiene efecto mínimo en el ambiente porque se adhiere fuertemente al suelo y luego es rápidamente biodegradado. Es útil como erradicador de malezas, reduce la erosión, conserva la humedad del suelo". 

Tales efectos están documentados en "los millones de estudios" que juzgan o defienden el glifosato. El problema es que "es cierto que hay millones de artículos sobre el tema. Monsanto cuenta en su página con más de 800 estudios que están a su favor, dejando por fuera a casi 400 documentos científicos que dicen lo contrario", argumentó el profesor de la Universidad Externado, Óscar Alfonso Roa, quien ha estudiado a profundidad los riesgos de la aspersión aérea con glifosato en el país. 

El experto hace referencia, justamente, a aquellos artículos que sirvieron de sustento a la Iniciativa Ciudadana Europea (ICE) para pedir la prohibición del glifosato hace tres años. Esa iniciativa, que contó con más de un millón de firmas, logró que la Comisión Europea no aceptara dentro del debate a aquellos estudios financiados por agencias o personas o empresas interesadas. 

El trabajo de la Universidad Sergio Arboleda, que no es un estudio sino un resumen de estudios sin cumplir con los requisitos metodológicos para sacar conclusiones válidas, como explicó el decano de la Escuela de Economía, Alberto Schlesinger. "Se basa en aquellos que han sido financiados por Monsanto. Esto quiere decir cero credibilidad en Europa, cero credibilidad en el mundo. En Colombia no puede ser que le creamos a esta supuesta evidencia", aseguró Roa, quien es autor de uno de los estudios que tuvo en cuenta la Corte Constitucional para determinar si se puede o no reactivar la fumigación con el herbicida. 

En esa misma división, de estudios pagos por Monsanto y otros firmados por agencias independientes, caen las agencias internacionales de salud mencionadas por Rueda. El problema está en que medir la toxicidad del glifosato es un asunto difícil para la ciencia. Como explicó hace un año el editor de esta sección, Pablo Correa, lograr una demostración definitiva del daño que provoca el glifosato en poblaciones humanas implicaría violar normas éticas en la investigación. Por lo tanto, las pruebas con que cuenta la ciencia son indirectas.  

Uno de ellos es el del Instituto Nacional de Salud (NHI) de EE. UU., citado por la U. Sergio Arboleda  como el "más extenso y cuidadoso estudio epidemiológico", dice la columnista. Este, publicado hace un año en la Revista del Instituto Nacional del Cáncer, analizó a un grupo de personas expuestas por cuestiones de trabajo al herbicida. Es decir, había un control de esa exposición. 

La conclusión fue que las personas expuestas tienen un riesgo 2,4 veces mayor de adquirir un tipo de cáncer. Así lo estableció Vecino en su análisis publicado en Twitter. Ese vínculo, al ser tan complejo registrar alguna consecuencia, es una prueba de que la evidencia científica es más amiga de recomendar la precaución de este químico. (Lea: El estudio “confidencial” sobre glifosato). 

Porque, si el estudio citado por la U. Sergio habla de aspersión a ras de piso, con dosis y protección adecuada, el caso en Colombia difiere en todo sentido. "La aspersión aérea, impulsada por el Gobierno, es fumigar sobre una población inerme donde el pesticida les cae encima. Además del efecto deriva, analizado por la Universidad de los Andes en los últimos años. Este efecto sale de que,  dependiendo de la velocidad del viento en el momento de la aspersión, ese veneno (glifosato) se explaya más allá del área donde se pretende asperjar, sin protección, ni control", concluyó Roa.

Entre tanto, habría que pensar si "el país que más coca siembra en el planeta", como se refiere Rueda a Colombia, deba ser el país que, sordo ante las advertencias, se de el lujo de rociar a sus habitantes desde el cielo con un químico peligroso. 

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Camila Taborda @Camilaztabor

Salud

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