Partos, pero con una botella de plástico

Sólo son necesarios tres obtejos: una botella plástica, una bolsa y un corcho.

¿Alguna vez imaginó el nacimiento de un bebé sin herramientas quirúrgicas, sin bisturí ni tijeras? O mejor, ¿que una botella, una bolsa y un corcho lograran un parto perfecto? Quizás para cualquier persona puede sonar imposible o difícil de realizar, pero no para Jorge Odón, el argentino que desarrolló el descubrimiento cuando dos empleados del taller de alineación y balanceo apostaban a sacar un corcho del interior de una botella. La idea para él trascendió más allá de un simple juego, esa noche, como en la mayoría de las veces, despertó pensando en crear algo nuevo para la humanidad.

En entrevista con El Espectador, Odón de 59 años, confesó que su nivel de estudios alcanza la primaria, recordó las anécdotas que vivió con sus amigos y profesionales cuando les exponía la idea y habló de las organizaciones que lo apoyaron financieramente.


¿Cómo y cuándo surgió la idea?

Después de cenar con unos amigos y mi esposa, el mismo día que vi el juego de la botella, me pasó lo que muchas veces ocurre mientras duermo, y es que me despierto con la solución a mis problemas del taller a las tres o cuatro de la mañana, y eso me llevó a patentar anteriormente otras ideas relacionadas con la mecánica. Esa misma noche, al acostarme, me desperté con la idea de que eso también serviría para facilitar los partos.


¿Qué lo inspiró?

Nada, sencillamente me desperté con la idea, desperté a mi esposa y le dije: ¿Te acordás de mí apuesta con el corcho de esta tarde? Pues eso serviría también para facilitar los partos. Ella me dijo que bien, se dio la vuelta y siguió durmiendo.


¿Cómo funciona el aparato?

Quisiera aclarar que voy por la tercera patente de este invento, primero era literalmente como el corcho y la botella, y en vez de una bolsa, llevaba dos bolsas. El bebé hacía las veces de corcho. Ahora es una manga solamente que trabaja como una pinza de aire y una cinta transportadora que sujeta la cabecita del bebé a la altura del maxilar inferior porque lleva una cámara de aire y entonces, le da uno presión con una perita como con las que se mide la presión arterial, no aprieta al bebe ni lo lastima, sencillamente cierra la cámara. Todo este dispositivo se coloca con un insertor que después se retira y se empieza a fraccionar y así es como nace.


¿Con apoyo de quién logró desarrollarlo?

Con el respaldo del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas Norberto Quirno (CEMIC), Roberto Vacca, un gran amigo, fue quien me llevó al hospital CEMIC y ellos me pusieron en contacto con los que ahora son mis investigadores principales: Javier Schvartzman y Hugo Krupitzki.

Cuando le presenté el producto a Javier por primera vez y saqué la botella y el corcho en medio del consultorio, él se pensó que era una broma. Cuando vieron que yo iba en serio, me ayudaron a terminar de desarrollarlo sobre todo en lo relacionado con las cuestiones de anatomía humana. Me mandaron a Estados Unidos, a la universidad de Des Moines, en Iowa, a comenzar a realizar pruebas en simuladores de alta generación. A partir de ahí fuimos perfeccionando el dispositivo hasta obtener el que tenemos hoy con un insertor.


¿Sigue trabajando en mecánica?

No, seguí trabajando en mecánica solo hasta hace unos días, cuando Ernesto mi hijo que me ayudaba en el taller, cumplió 28 años. Fue entonces cuando decidí dejárselo a él para dedicarme de lleno al desarrollo de este proyecto.


¿Ha vendido la idea a organizaciones para recibir financiación?

La única financiación que recibí al principio fue del Fondo Tecnológico Argentino (FONTAR), que con recursos del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, me ayudó a pagar las patentes. Y luego he recibido el invalorable apoyo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que desde hace cinco años cuando el Dr. Mario Merialdi vio el proyecto por primera vez en Buenos Aires viene costeando este desarrollo y presentándolo en distintos concursos y congresos en muchas partes del mundo.


¿Cómo reaccionaron sus amigos y familiares ante el experimento?

Carlos, el que ahora es mi socio, también me miró con cara de “¿estás loco”? Y me cambió de tema inmediatamente. Lo llamé el otro día y le dije que lo del invento era en serio y me dijo: ¡de que me estás hablando, yo soy ingeniero y tu mecánico!, ¡voy para tu oficina ahora mismo!. Me dijo que fuéramos a ver al obstetra de su esposa y allá fuimos, llegamos a la sala de espera, cuando me presenté con el doctor, se apartó de mi silla y me dijo, ahora vos, explícale al Doctor.
El médico, cuando terminé de explicar, me dijo: “¡fantástico, qué buena idea”!, y mi amigo, que había apartado todo lo que había podido su silla, entonces, la arrimó muy cerquita de mí, y le dijo al doctor: “Bueno, estamos con este proyecto desde hace tiempo”.


¿Sigue trabajando sólo ó ya tiene socios?

Son varios los colaboradores, yo soy solo la cara visible de este sueño. A lo largo de estos siete años se han ido sumando Carlos, Horacio, Marcelo, mi primo, Adalberto, Julio y Eduardo. Y desde hace pocos días un laboratorio importante como Becton and Dickinson (BD), se ha sumado a este proyecto para dar tranquilidad en el desarrollo más profesional del dispositivo.

 

¿Quiénes están utilizando el aparato y dónde?

Actualmente, en la Argentina, en el hospital CEMIC, ya se llevaron a cabo treinta partos con este dispositivo. En poco tiempo se empezará a usar en varios hospitales de la Provincia de Buenos Aires y cuando se aprueben los protocolos en la OMS se ampliará a Sudáfrica, China, Mónaco y Suiza. Para obtener más información pueden ver la página de la OMS: Odondevice.com.org.

 

¿Cuál es el mensaje para los jóvenes que viven creando nuevas cosas?

El mensaje es que nunca descalifiquen, ni se dejen descalificar por nadie. Si a mí, siendo mecánico se me ocurrió esto, un carpintero, un albañil, ¡todos! somos creativos en una manera única y podemos ayudar y ver las cosas desde otra óptica, como en este caso, para ayudar a la humanidad.
 

 

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