Al presidente de Argentina le dio COVID-19 incluso vacunado (pero esto no debe preocuparlo)

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Expertos como los CDC han advertido que personas inmunizadas pueden contraer el virus potencialmente, así como contagiarlo. Se recomienda seguir usando tapabocas.

Hace pocos días el presidente de Argentina, Alberto Fernández, contó a través de Twitter que tras sentir un leve dolor de cabeza y registrar fiebre de 37.3, se hizo una prueba que le confirmó que, efectivamente, era positivo para coronavirus. La historia no pasaría de ser una anécdota más, sino fuera porque Fernández fue el primer presidente en ser vacunado contra el COVID-19. El 21 de enero de 2021 recibió la primera dosis de la vacuna Sputnik V y el 10 de febrero la segunda. Es decir, se contagio de coronavirus casi tres meses después de ser vacunado. (Lea: Presidente de Argentina, ya vacunado, da positivo para COVID-19)

El caso ha despertado muchas preguntas. ¿Se trató de una vacuna que no es efectiva? ¿Es normal contagiarse de coronavirus así me haya vacunado? ¿Qué tan raro es?

El hecho de que el caso de Fernández haya sido tan mediático responde de alguna manera a la última pregunta: es noticia porque se trata de casos inusuales. Aunque el proceso de vacunación a nivel mundial es muy reciente, lo que no permite tener datos tan fuertes, algunos estudios han buscado descifrar qué tan frecuente es que esto suceda. Dos de ellos, publicados en el New Journal of Medicine en marzo, llegaron a la conclusión de que infectarse con coronavirus después de estar vacunado no es muy frecuente.

Una de las investigaciones encontró, por ejemplo, que en una población de 8.121 empleados del Centro Médico de la Universidad de Texas Southwester, en Dalas, que había terminado todo el esquema de vacunación, sólo cuatro personas reportaron haberse infectado de COVID-19 tras la inmunización. Igualmente, el segundo estudio, que esta vez analizó a 14.990 empleados de la Escuela de Medicina de la Universidad de California, San Diego, concluyó que siete personas habían dado positivo para coronavirus tras recibir la segunda ronda de dosis tanto de Pfizer como de Moderna. (Lo que además responde otra pregunta. El presidente de Argentina no se infectó por vacunarse con Sputnik V, pues casos así se han reportado con las vacunas de casi todos los laboratorios).

Como lo señalan los CDC (los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades) “los riesgos de infección por SARS-CoV-2 en personas completamente vacunadas no pueden eliminarse por completo mientras exista una transmisión comunitaria continua del virus. Las personas vacunadas podrían potencialmente contraer COVID-19 y contagiarlo a otras personas”. ¿Por qué? Las vacunas, en principio, no son evaluadas o juzgadas por su habilidad de prevenir la transmisión – aunque ya hay estudios que lo están investigando en el caso del COVID-19 – sino que son medidas en función de si pueden prevenir el desarrollo de síntomas, en especial, de síntomas graves. (Le puede interesar: ¿Por qué hay que seguir usando tapabocas aunque ya esté vacunado?)

Para poner un ejemplo tomemos el caso de la vacuna de Pfizer/Biontech. Su eficacia es del 95%, lo que, como explica The New York Times, no significa que ese porcentaje represente el chance que uno tiene como individuo de infectarse. En cambio, se trata de una especie de método matemático que explica el siguiente escenario: de los 43.661 voluntarios que hicieron parte del estudio de Pfizer solo 170 tuvieron COVID-19. De estos, 162 habían recibido un placebo, mientras 8 recibieron la vacuna. Así que lo que se hace, en este caso, es calcular la diferencia entre las personas que no recibieron la vacuna y se enfermaron vs los que sí recibieron la vacuna y se enfermaron. Si ninguno de los que recibió la vacuna se hubiera enfermado, la eficacia de Pfizer sería 100%, pero como no fue el caso de 8 personas, el porcentaje es del 95%. Es decir, siempre cabe la probabilidad de infectarse tras la vacuna. (Le sugerimos: Israel ha sido un éxito en vacunación. ¿Cuál es su estrategia? )

Pero la efectividad no es el único indicador para medir las vacunas contra el COVID-19. En Israel, uno de los países que más ha avanzado con la vacunación, se ha podido empezar a comprobar cómo un programa de vacunación estructurado puede reducir la misma transmisión del virus. Según datos publicados en los CDC sobre la misma Pfizer, esta sería capaz de reducir en un 92% la infección por SARS-CoV-2, disminuir en un 94% los casos sintomáticos, bajar en un 87% la hospitalización y bloquear en un 92% las enfermedades severas de coronavirus.

Lo cierto, e importante, es que la historia de Fernández, más que generarnos pánico y desconfianza en las vacunas, nos debe recordar que, incluso vacunados, esto no significa que la pandemia haya llegado a su fin. En otras palabras, es mejor seguir usando el tapabocas y manteniendo la distancia social incluso después de estar vacunadas.

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