Para prevenir el suicidio, hay que hablarlo

En Colombia, la mayoría de estas muertes están relacionadas con los conflictos entre parejas. El caso de un periodista revive el debate.

El presentador de noticias Juan David Arango se suicidó esta semana en Medellín. / You Tube

A la una de la tarde del miércoles 28 de enero, Gabriel Navarro Bustamante se encerró en su casa, en el barrio El Nogal de Bogotá, agarró un arma y se quitó la vida. El hijo del líder político Antonio Navarro Wolff tenía 19 años, acababa de terminar el bachillerato.

Ocho horas después, en Medellín, el periodista Juan David Arango, uno de los más reconocidos presentadores de noticias locales, fue encontrado muerto en su apartamento en El Poblado. Al lado de su cuerpo estaba la carta en la que le explicaba a su familia por qué decidía suicidarse. Arango había cancelado hace unos días sus perfiles en redes sociales. Tenía 42 años.

En los últimos diez años, según datos de Medicina Legal, 18.275 colombianos han decidido quitarse la vida: un promedio de 1.700 a 1.900 suicidios por año, 1.810 sólo en 2013, unas cinco muertes diarias. Después de Cuba y Uruguay, Colombia es el tercer país de América Latina con mayores tasas de suicidio. La mayoría son hombres.

El suicidio es considerado un problema de salud pública global. Según la Organización Mundial para la Salud (OMS), cada 40 segundos se suicida una persona en el mundo y por cada adulto que consuma un suicidio, otros 20 lo intentan.

En promedio, un millón de personas se quitan la vida cada año y el suicidio es considerado una de las tres primeras causas de muerte entre personas de 15 a 44 años.

En 2002, el estudio Factores asociados al intento de suicidio en la población colombiana, realizado por investigadores de la Universidad Javeriana, concluyó que en el país las razones que motivan a una persona a intentar quitarse la vida son similares a las del resto del mundo: depresión, ansiedad, consulta al médico por “nervios”, presencia de abuso verbal dirigido hacia las mujeres, conflictos intrafamiliares o insatisfacción con los logros personales.

El registro más reciente lo entregó Medicina Legal cuando analizó las muertes por suicidio que se presentaron en 2013. De los 1.810 casos, el 80% fueron hombres y por cada mujer murieron cuatro de ellos. La mayoría se concentró en el grupo de jóvenes de 20 a 24 años, con 276 casos registrados (15,25%). El 13% fue de adultos mayores entre los 65 y los 69 años y el 10% de niños y adolescentes.

Medicina Legal pudo establecer que el 30% del total de suicidios entre 2012 y 2013 estuvo relacionado con conflictos de pareja (celos, desconfianza, infidelidad), seguidos de enfermedad física o mental y motivos económicos.

La mayoría de las víctimas (957) eligieron morir ahorcadas, en 370 de los casos se utilizaron agentes tóxicos y en 288 armas de fuego.

El 19% de las muertes sucedieron un domingo entre las 3 y las 6 de la tarde, un día en el que, según expertos en salud mental, es más fácil sentirse solo y aumentan las tendencias suicidas, pues se rompen las rutinas de la semana y queda más tiempo libre para darle vueltas a los problemas que rondan la cabeza.

Al finalizar el año pasado, la OMS presentó un detallado estudio sobre el comportamiento de los suicidios en 172 países y en él advirtió que el mundo debería prepararse para darle la cara a un tema del que se sigue hablando en secreto: “Este informe es una llamada a la acción para hacer frente a un gran problema de salud pública que ha sido envuelto en un tabú durante demasiado tiempo. El estigma impide a muchos ciudadanos pedir ayuda y, cuando lo hacen, muchos no la encuentran en los sistemas de salud. Sin embargo, los suicidios son prevenibles”, dijo Margaret Chan, directora general de la organización.

Esta idea la comparten investigadores colombianos como Lucía Barbosa, docente de la cátedra “El suicidio” del Departamento de Psicología de la Universidad Javeriana, quien en entrevista con El Tiempo aseguró que la única manera de prevenir el problema es hablar de él. Sin embargo, “en Colombia tenemos miedo de hacerlo, porque creemos que cuando pronunciamos la palabra suicidio lo estamos llamando”. En este sentido, añade, “al país le hace falta coordinar entre el sector educativo y el de la salud para que desde las primarias haya discusiones sobre el tema y se logre una verdadera prevención”.

 

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