Probióticos, no tan buenos como dice la publicidad

¿Son o no son eficaces los probióticos? Investigadores de Israel los analizaron a fondo y concluyeron que no siempre cumplen con su reputación inofensiva, y para ser eficaces, se deberían adaptar a cada individuo.

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Los antibióticos han transformado la medicina y la lucha contra las infecciones bacterianas. Pero todo tiene un precio y su consumo, cada día más generalizado, está asociado a una variedad de efectos gastrointestinales. Entre 5% a 35% de los pacientes tratados con antibióticos desarrollan algún problema. Esto porque el medicamento no sólo detiene la infección bacteriana sino que altera por completo el microbioma, es decir, la población de bacterias que viven dentro del sistema digestivo.

En respuesta a este desafío, aparecieron en el panorama los “probióticos”, compuestos con “bacterias buenas” con las que se pretende repoblar el microbioma de los pacientes. El boom de estos productos ha incluso llegado a los supemercados donde se pueden comprar productos lácteos, principalmente yogures, enriquecidos con probióticos. La promesa simpre es la misma: mejorar la población de bacterias en nuestro sistema digestivo.

¿Pero realmente funcionan los probióticos? Un grupo de investigadores de Israel, encabezados por Jotham Suez, llevaron a cabo una de las evaluaciones más completas sobre el tema en la que analizaron el desempeño de los probióticos en ratones y humanos.

Los resultados acaban de ser publicados en la revista Cell y constituyen un golpe para los promotores, y consumidores, de estos productos.

“El estudio demuestra que la supuesta protección inducida por probióticos de los efectos adversos asociados con antibióticos puede no estar exenta de riesgos”, anotaron los científicos. Al igual que cualquier otro tratamiento médico, concluyeron, su actividad potencialmente beneficiosa repelente de patógenos (que queda por demostrar o refutar) puede acarrear un riesgo de impacto que afecte adversamente la tasa y el grado de recolonización de las bacterias orinigales del individuo.

Al estudiar las bacterias en las heces de los individuos que participaron en el estudio y también las que habitaban en el intestino, los científicos descubrieron que mientras los probióticos colonizaban el tracto gastrointestinal de algunas personas, el microbioma intestinal de otros acababa por expulsarlos. "Algunas personas aceptan los probióticos en el intestino, mientras que otras simplemente las pasan de un extremo a otro", comentó  el inmunlógo Eran Elinav del Instituto de Ciencia Weizmann en Israel a la revista New Scientist.

El principal aporte del trabajo es que al parecer los patrones de colonización probiótica, las “bacterias buenas”, son  altamente dependientes del individuo y por lo tanto su eficacia no está garantizada. El concepto de que todos pueden beneficiarse de un probiótico universal comprado en el supermercado “es empíricamente erróneo”, dijeron los autores.

Al comparar pacientes que recibieron probióticos con un grupo que no los recibió luego de un tratamiento con antibióticos, los científicos se llevaron una sorpresa. "Los probióticos impidieron muy potente y persistentemente que el microbioma original volviera a su situación original", dice Elinav a la revista New Scientist. "Esto fue muy sorprendente y alarmante para nosotros. Este efecto adverso no ha sido descrito hasta la fecha ".

 

 

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