Pandemia

¿Qué sirve y qué no sirve? Ranking de estrategias contra la COVID-19

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Entre las medidas más efectivas figuran cerrar y restringir la mayoría de los lugares donde la gente se reúne durante períodos prolongados. Entre las que no sirven aparece la desinfección de superficies y ambientes.

Las noticias más populares sobre la pandemia en este momento tienen que ver con vacunas. No pasa un día sin que alguno de los laboratorios metido en la carrera por lograr una vacuna contra el virus SARS-CoV-2 haga algún anuncio sobre las virtudes de su creación. Pero durante casi un año, y seguramente durante mucho más tiempo, lo que nos ha permitido escamotear al virus han sido las medidas no farmacológicas que van desde cuarentenas nacionales hasta el uso de mascarillas.

El problema con las medidas no farmacológicas es que hay muchas, más de 6.000 según una de las bases de datos mundiales, y además nadie sabe con absoluta certeza cuál es su verdadera eficacia. Para aclarar un poco el panorama, un equipo comandado por Nils Haug, de la U. de Viena, combinó las cuatro metodologías de evaluación más comunes para arrojar un puntaje total y así clasificar las diferentes intervenciones.

“Las intervenciones gubernamentales pueden causar costos económicos y sociales sustanciales al tiempo que afectan el comportamiento de las personas, la salud mental y la seguridad social”, reflexionaban los autores en el artículo publicado en la revista Nature Human Behavior, “por lo tanto, el conocimiento de las estrategias no farmacológicas más efectivas permitiría implementar de manera juiciosa y oportuna una secuencia específica de intervenciones clave para combatir un resurgimiento de COVID-19 o cualquier otro brote respiratorio futuro”.

Los autores concluyeron que ninguna intervención “actúa como una solución milagrosa en la propagación de COVID-19” pero una combinación de las más efectivas si apuntan a aplanamientos en la curva de contagios cuando son bien implementadas.

Entre las intervenciones más efectivas figuran cancelaciones de eventos masivos o incluso reuniones de 50 personas o menos, trabajo obligatorio desde casa, y cierre de instituciones educativas.

“Mientras que en estudios anteriores, basados en un número menor de países, se había atribuido el cierre de escuelas por tener poco efecto en la propagación del COVID-19 la evidencia más reciente ha estado a favor de la importancia de este”, resaltaron los autores.

Las restricciones de movimiento individual (incluido el toque de queda, la prohibición de reuniones y movimientos para actividades no esenciales o medidas que segmentan a la población) también se encuentran entre las medidas mejor clasificadas.

Los autores advierten que aunque estas medidas tan radicales parecen ser eficaces, “tienen consecuencias adversas”. En el caso de escuelas, el cierre interrumpe el aprendizaje y puede conducir a una mala nutrición, estrés y aislamiento social en los niños. El confinamiento domiciliario aumentó considerablemente la tasa de violencia doméstica en muchos países, con un gran impacto en mujeres y niños. De igual forma las cuarentenas y restricciones a la movilidad limitaron el acceso a cuidados a largo plazo en pacientes oncológicos y crónicos.

“Es posible que los gobiernos deban buscar medidas menos estrictas, que abarquen la máxima prevención eficaz pero que permitan un equilibrio aceptable entre beneficios e inconvenientes”, concluyeron.

Sobre medidas relacionadas con los viajeros, el estudio encontró un fuerte apoyo para la efectividad de las restricciones fronterizas pero, una vez más, reconocen que esas restricciones de viaje muestran un gran impacto en el comercio, la economía y el sistema de respuesta humanitaria a nivel mundia.

Una conclusión interesante es que existen una serie de medidas altamente efectivas que pueden considerarse menos costosas en términos sociales y económicos. Por ejemplo, “encontramos que las estrategias de comunicación de riesgos ocupan un lugar destacado. Esto incluye acciones gubernamentales destinadas a educar y comunicarse activamente con el público. Los mensajes efectivos incluyen alentar a las personas a quedarse en casa, promover el distanciamiento social y las medidas de seguridad en el lugar de trabajo, alentar el aislamiento por iniciativa propia de las personas con síntomas, advertencias de viaje y campañas de información (principalmente a través de las redes sociales)”.

El informe resalta que las estrategias de comunicación que apuntan a empoderar a las comunidades con información correcta sobre COVID-19 pueden ser de crucial importancia para dirigirse a estratos demográficos específicos que desempeñan un papel dominante en el impulso de la propagación del COVID-19.

¿Qué estrategias no sirven para mucho según esta investigación?. Algo que se sabía casi desde el principio de la pandemia pero el miedo y la ignorancia le han dado un fuerte impulso: las medidas ambientales para desinfectar y limpiar superficies y objetos en lugares públicos y semipúblicos.

“Este hallazgo está en desacuerdo con las recomendaciones actuales de la OMS (Organización Mundial de la Salud) para la limpieza ambiental en entornos no sanitarios, y requiere un examen más detenido de la efectividad de tales medidas”, anotaron los autores quienes tampoco encontraron evidencia de la efectividad de las medidas de distanciamiento social con respecto al transporte público.

“Si bien se han informado infecciones en autobuses y trenes, nuestros resultados pueden sugerir una contribución limitada de tales casos a la propagación general del virus, como se informó anteriormente”, anotaron.

En conclusión, escribieron, “en ausencia de una vacuna o medicación antiviral eficaz, el resurgimiento de casos de COVID-19 solo puede detenerse mediante una combinación adecuada de medidas no farmacológicas, cada una adaptada al país específico y a su época epidémica”.

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