Se reaviva el debate

¿Qué tan adictivo es el azúcar?

Investigadores que revisaron la información disponible aseguran que las propiedades adictivas del azúcar son evidentes. Otros científicos no están tan seguros.

Los efectos del azúcar han sido estudiados en roedores y humanos. iStock

Cada cierto tiempo se publica un estudio que confirma los efectos nocivos del azúcar en todos los órganos, incluido el cerebro. Que es innegable su relación con la epidemia de obesidad y los altos índices de diabetes infantil. Una y otra vez, médicos y científicos lanzan flechas a una industria millonaria que, sólo en 2016, movió 165 millones de toneladas de producto.

Pero, cada tanto, una investigación se roba toda la atención por sus afirmaciones. Eso es lo que acaba de ocurrir con “Adicción al azúcar: ¿es real? Una revisión narrativa”, un artículo de los investigadores James DiNicolantonio, James O’Keefe y William Wilson, publicada en el British Journal of Sports Medicine.

De acuerdo con las indagaciones de los profesores estadounidenses, “los datos demuestran que el consumo de azúcares añadidos tiene efectos similares a otras drogas, como la cocaína o el opio. Si bien los datos no son nuevos −el mismo DiNicolantonio publicó una investigación que apuntaba en este sentido en 2015− , esta es la primera vez que se recoge toda la información disponible para entender la magnitud de la adicción al azúcar en animales.

De acuerdo con la investigación, la información disponible ha permitido identificar comportamientos propios de adictos a las drogas en quienes consumen mucha azúcar. Atracones (ingesta exagerada del componente), ansiedad, tolerancia (entre más se consume, más se necesita para sentir los efectos) o síntomas de abstinencia. “Consumir azúcar produce efectos similares a consumir cocaína, alterando el estado anímico, posiblemente por su capacidad para crear activar el sistema de recompensas del cerebro y los centros de placer, llevando a una búsqueda de más azúcar”, dice el informe.

El artículo es lapidario y enfático en que tanto desde el punto de vista del comportamiento como de la neuroquímica, “existen paralelos sustanciales y una superposición entre el abuso de drogas y el consumo de azúcar”. De hecho, en entrevista con el diario The Guardian, DiNicolantonio afirmó que el azúcar es aún más adictivo que la cocaína, convirtiéndose así, según él, en la sustancia adictiva más consumida en el planeta, muy por encima de la nicotina o el alcohol.

El artículo, por supuesto, causó controversia. Muchos científicos salieron esgrimiendo otra investigación de 2016, publicada en el European Journal of Nutrition, que abordó la misma pregunta que se hicieron DiNicolantonio y sus colegas: ¿es el azúcar realmente adictivo? En esa publicación los autores concluyeron que la información disponible no es suficiente para clasificar al destilado de la caña de azúcar dentro de las listas médicas de sustancias adictivas.

“Encontramos poca evidencia que soporte la idea de la adicción al azúcar en humanos y los hallazgos en literatura sobre sus efectos en otros animales, como los atracones, sólo ocurren en un contexto de un acceso intermitente al producto. Este comportamiento se generaría por el acceso intermitente al sabor dulce o comidas muy sabrosas, no a los efectos neuroquímicos del azúcar”, escribieron los psiquiatras Margaret L. Westwater, Paul C. Fletcher y Hisham Ziauddee en esa ocasión.

Tom Sanders, un profesor emérito de nutrición y dietética del King’s Collegue en Londrés, fue incluso más allá y calificó de “absurda” la sugerencia de que el azúcar sea más adictiva que la cocaína o las drogas más fuertes derivadas del opio. El médico explicó que en humanos el gusto por las cosas dulces es más un hábito que una adicción. No obstante, los autores del trabajo se defienden: aseguran que si bien no hay síntomas físicos propios de las desintoxicaciones de drogas fuertes al detener el consumo de azúcar, el cerebro sí presenta síntomas de este tipo de procesos.