¿Quién gobierna la salud en el mundo?

Del 18 al 26 de mayo se celebra en Ginebra la 68ª Asamblea Mundial de la Salud y en medio de muchas críticas hay un tema que a las organizaciones de la sociedad civil nos preocupa profundamente.

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Se trata de la forma en que los países desarrollados, la gran filantropía y la gran industria farmacéutica están manipulando a la OMS en beneficio suyo y de sus empresas, para bloquear las propuestas de los países en desarrollo que atienden las necesidades prioritarias de salud pública. Para muestra, tres ejemplos: i. El mundo enfrenta una crisis de angustiosas proporciones: la resistencia a los antibióticos. El 80% de ellos se mal utiliza para engordar animales que al ser consumidos por el hombre generan dicha resistencia. La OMS se limita a recomendaciones inocuas. ii. El año pasado Colombia enfrentó (con lujo de detalles) una fuerte oposición de EE.UU. y la UE por una reglamentación de biotecnológicos procompetitiva. La OMS brilló por su ausencia en el debate. iii. Desde hace más de diez años los países desarrollados bloquean decisiones en favor de un modelo de innovación que no se base en patentes y libertad de precios, que hoy se traduce en medicamentos cada vez más inaccesibles. La OMS se refugia en propuestas emanadas de los departamentos de marketing de grandes farmacéuticas.
 
¿Quién define la agenda y las prioridades? Hoy, el 80% del presupuesto de la OMS depende de “donaciones” y sólo el 20% de los países miembros. El más grande donante es Estados Unidos, seguido de la Fundación Gates. Siguen la Gran Bretaña y la Alianza GAVI por las vacunas, que a su vez incluye los otros tres donantes ya mencionados. El círculo vicioso es evidente: el 80% de la financiación de la OMS proviene de “donaciones” de actores para quienes una agenda global orientada a fortalecer el mercado de la enfermedad resulta exorbitantemente rentable. Estos son los dueños de los negocios de la salud del mundo.
 
Los Estados Unidos y la UE deben a la OMS varios años de cuotas obligatorias, pero prefieren hacer jugosas donaciones dirigidas, que otorgan poder para direccionar la organización y definir las prioridades, en vez de fortalecer el carácter democrático y técnico con el que se creó la organización. 
Los países en desarrollo deberían empeñarse en recuperar la OMS para su salud y para la salud de toda la humanidad. Esto pasa por limitar la influencia de las donaciones voluntarias y por incrementar las contribuciones obligatorias, para devolver a los gobiernos y a la Asamblea su papel de gobierno de la Organización, de manera que su agenda obedezca a la atención prioritaria del bienestar y el goce del derecho a la salud por parte de la población del mundo.
 
Artículo escrito por la Fundación Ifarma, el Centro de Información de Medicamentos de la U. Nacional, la Federación Médica Colombiana y Misión Salud.