Con rastros del ébola en los ojos

El médico Ian Crozier ya había sobrevivido al virus, pero dos meses después uno de sus ojos cambió de color indicando que no estaba curado.

Antes de contraer el ébola, los ojos de Crozier eran azules. Después de haberse recuperado de la enfermedad, su ojo izquierdo se volvió verde. /Emory Eye Center
El ébola se niega a desaparecer del cuerpo de cientos de pacientes que se han curado del virus. Miles de antiguos enfermos sufren dolores de cabeza, problemas oculares y de audición, inflamaciones y molestias musculares. Incluso han aparecido casos en los que el virus se quedan en el interior de los ojos y también en los testículos. 
 
La revista The New England Journal of Medicine reseñó esta semana el caso de Ian Crozier, un médico voluntario que contrajo la enfermedad en Sierra Leona y a quien le habían salvado la vida en Estados Unidos. Crozier, de 44 años, tuvo que regresar al hospital Emory de Atlanta casi dos meses después de haber sido dado de alta, tras días de tener la sensación de presión en el ojo izquierdo, sentir dificultad para ver y notar que su ojo ya no lucía azul sino verde.
 
Según otro reportaje publicado por el diario estadounidense The New York Times, cuando empezaron los problemas oculares de Crozier, el médico sospechó que el ébola había debilitado su sistema inmunitario y lo había vuelto vulnerable a otros virus que habrían invadido el ojo, un problema que tal vez podría tratarse con algún antivírico. Fue en ese momento cuando el oftalmólogo Steven Yeh introdujo una aguja finísima en el ojo de Crozier y extrajo unas cuantas gotas de líquido de la cámara interior para averiguar qué ocurría. Cuando llegaron los resultados, se quedaron impresionados: el ojo estaba repleto de virus del ébola.
 
“Aunque el virus puede permanecer en el semen durante meses, se pensaba que el resto de los líquidos corporales estarían limpios una vez recuperado el paciente. Pero no se sabía nada de la capacidad del virus para seguir agazapado en el interior del ojo. A pesar de la infección ocular, las lágrimas y la superficie del ojo de Crozier no tenían virus, así que no suponía ningún riesgo para nadie que hubiese tenido un contacto ocasional con él”, dice el reporte de The New York Times.
 
Lo que ocurrió, según los expertos, es que el virus se alojó al interior del ojo que, a su vez, está protegido por el sistema inmunitario para evitar posibles inflamaciones que afecten a la visión. Cuando el ébola logra atravesar esas barreras, puede convertir ese espacio interior en un “santuario”. Lo mismo ocurre en los testículos, lo que explica que el virus del ébola pueda sobrevivir en el semen durante meses.
 
En el caso de Crozier, se pudo combatir su inflamación del interior del ojo –una uveítis– con antiinflamatorios. Al cabo de varias semanas recuperó por completo la visión y su ojo recuperó el color azul. Durante ese tiempo, por prevención, durmió en una habitación separada y evitó tocar a su hijo pequeño, pero se comprobó que no había estado incubando de nuevo la enfermedad. Luego ha visitado África para explicar su experiencia y así ayudar a combatir posibles situaciones de ceguera.
 
Ian Crozier ejemplifica lo que hasta ahora se conoce como “síndrome post-ébola”, pues además del problema ocular, el médico ha padecido dolores articulares y musculares que lo han debilitado, un intenso cansancio y pérdida de audición. En África Occidental, se han conocido problemas similares, pero no está claro lo frecuentes, graves o persistentes que son. Se ha hablado de supervivientes que se han quedado completamente ciegos o sordos, pero estos casos son anecdóticos y no se han confirmado, según reseñó el diario El País de España.
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