¿Qué resultará de la puja contra Novartis?

Marcela Vélez, profesora de la Universidad de Antioquia y PhD(c) McMaster University, hace un análisis del impacto que tendrá el incidente con la compañía farmacéutica en el sistema de salud pública en Colombia.

Archivo particular
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La arremetida de la compañía farmacéutica Novartis contra la iniciativa del gobierno colombiano de recurrir a una licencia obligatoria para la producción en genérico del medicamento imatinib (Gleevec), es una medida desesperada de una empresa que se enfrenta a la pérdida nada despreciable de $ 3.200 millones de dólares en ventas, como consecuencia del vencimiento de su patente. Gleevec representó para Novartis un éxito en taquilla de tal dimensión que por más de una década obtuvo ventas por $ 4.6oo millones de dólares al año. 
 
En Estados Unidos, el genérico entró al mercado en enero del presente año, y un estudio de la Universidad de John Hopkins indica que de usarse el genérico en lugar de Gleevec, el sistema de salud norteamericano se estaría ahorrando $9.1 millones de dólares por cada 100 pacientes tratados en los próximos cinco años, lo que es casi $100.000 dólares por paciente durante ese tiempo. El estudio en mención, usó para sus estimaciones, entre otras fuentes, datos de Canadá, donde imatinib genérico es obligatorio como primera línea de tratamiento. 
 
Este escenario fue previsto por la dirección de Novartis, así lo demuestra la declaración a finales de 2015 de su CEO, Joe Jimenez, quien expresó: "2016 es un año de transición para nosotros, ya que estamos pasando por lo que es el mayor vencimiento de la patente que hemos visto desde Diovan", su exitoso medicamento contra la hipertensión que se enfrentó a la competencia de genéricos en 2014 (Forbes, marzo 2016). 
 
Entonces, luego de perder contra los grandes, lo que le queda es acudir al bullying contra los chiquitos, esto es, aprovechar sus conexiones con importantes senadores norteamericanos y con la oficina del representante comercial de Estados Unidos, para desinformar sobre la realidad del proceso de solicitud de la licencia obligatoria y amenazar a Colombia con supuestos castigos políticos y comerciales por ejercer nuestro derecho a suspender la patente en un escenario de necesidad por motivos de salud pública.
 
En Colombia, imatinib empezó a utilizarse como medicamento genérico desde 2003, y en 2012 se le aprobó patente hasta 2018, lo que implica un escalamiento en los costos del tratamiento de los pacientes que lo requieren, pues es claro que los medicamentos genéricos son siempre varias veces más baratos que los de marca y que este cambio en casi 2000 pacientes que reciben el medicamento, significa un golpe fuertísimo al acosado sistema de salud colombiano.
 
Novartis ha mencionado que la exigencia del gobierno colombiano es un mal precedente para la negociación en asuntos relativos a patentes, sin embargo, para el Wall Street Journal, es bien extraño que Colombia, un país al que se le cataloga como “amigo del mercado” haya decidido exigir la licencia obligatoria de Gleevec. 
 
Resulta interesante seguirles los pasos a estas compañías farmacéuticas y su accionar que parece no tener control. En Rusia, la patente de Gleevec caducó en 2013, pero la compañía se las arregló para demandar la decisión del gobierno e impugnar una licitación pública del Ministerio de Salud para la compra del medicamento genérico, una subasta que terminó estando viciada. En Japón en 2015, el gobierno suspendió el permiso de negocios a la compañía por haber omitido el reporte de 1313 casos de efectos adversos graves con el uso de Gleevec y casi 6000 casos sospechosos de efectos adversos con Gleevec y otros medicamentos (publichealthwatch, septiembre 2014). De esta salió airosa luego de una disculpa pública y de remover algunos funcionarios en cargos de dirección en la sucursal japonesa. En India, en 2006, Novartis solicitó una patente por una “actualización” de Gleevec, lo que es conocido como evergreening que es cuando las farmacéuticas hacen un pequeño cambio a la molécula y piden que además de los 20 años que ya han gozado de patente, se les apruebe un nuevo periodo de exclusividad. En este caso el gobierno de India negó la patente y marcó un precedente sobre esta práctica común a la industria de los medicamentos, a lo que Novartis respondió con una descalificación del país, manifestando que la decisión “desincentiva futuras innovaciones en la India” (BBC abril 2013). 
 
Lo que resulte del incidente con Novartis no solo tendrá consecuencia en si imatinib se distribuye en genérico o como Gleevec, implicará un precedente sobre como Colombia afronta los temas de propiedad intelectual cuando afectan la salud pública del país. Lo que le resta al gobierno colombiano es jugársela toda y conseguir esa licencia obligatoria como un derecho que tenemos y como una muestra de fortaleza para resistir los ataques de la industria farmacéutica. De no ser así, ante el mundo apareceremos como James Love, director de  Knowledge Ecology International, quien declaró recientemete a el Wall Street Journal, que si Colombia no pelea con todo lo que tiene, quedara con un letrero que diga “patéame”.