¿Qué tapabocas funciona mejor para prevenir el COVID-19?

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Un estudio de la Universidad de Tokio reveló que algunos tapabocas quirúrgicos no podían bloquear completamente la transmisión de gotículas del nuevo coronavirus.

Las pautas de los CDC y la OMS recomiendan el uso de máscaras faciales para prevenir la propagación de la enfermedad por coronavirus (COVID-19). Incluso, también sugiere que los diseños llamativos hacen que sean más atractivas para la población y las personas las usen. Es decir, bienvenidas las lentejuelas, los superhéroes, el animalprint, los diseños personalizados.

Sin embargo, se desconoce la eficacia protectora de ciertos tapabocas contra la transmisión aérea de gotitas / aerosoles del síndrome respiratorio agudo infeccioso SARS-CoV-2. Por eso, investgadores de la Universidad de Tokio desarrollaron un simulador de transmisión aérea de gotitas / aerosoles infecciosos que contienen SARS-CoV-2 producidos por la respiración humana y la tos y evaluaron la transmisibilidad de las gotitas y aerosoles infecciosos y la capacidad de varios tipos de mascarillas para bloquear la transmisión.

Los experimentos de simulación en el aire mostraron que las mascarillas de algodón, las mascarillas quirúrgicas y las mascarillas N95 brindan cierta protección contra la transmisión de gotitas / aerosoles infecciosos del SARS-CoV-2, pero en distinta medida. Sorprendentemente, las mascarillas médicas (mascarillas quirúrgicas e incluso mascarillas N95) no podían bloquear completamente la transmisión de gotículas de virus incluso cuando estaban selladas.

El experimento es sencillo: los investigadores construyeron una cámara de prueba para experimentos de transmisión aérea y colocaron dos cabezas de maniquí una frente a la otra. Se conectó una cabeza de maniquí a un nebulizador de compresor personalizado y exhaló una niebla de suspensión de virus por la boca, imitando un esparcidor de virus. El nebulizador se cargó con 6 ml de suspensión del coronavirus y se simuló una tos leve. Los maniquíes tenían distintos tapabocas y luego midieron las cargas virales en los rostros de los maniquíes.

“Descubrimos que las mascarillas de algodón, las mascarillas quirúrgicas y las mascarillas N95 tienen un efecto protector con respecto a la transmisión de gotitas / aerosoles infecciosos del SARS-CoV-2 y que la eficacia protectora era mayor cuando las mascarillas eran usadas por un esparcidor de virus. Es importante destacar que las máscaras médicas (máscaras quirúrgicas e incluso máscaras N95) no pudieron bloquear por completo la transmisión de gotitas / aerosoles de virus, incluso cuando estaban completamente selladas”, escriben los investigadores. Sin embargo, sí demostraron que la eficacia protectora de los tapabocas es mayor cuando el esparcidor de virus usaba mascarillas.

Poe eso es tan importante usar tapabocas en los espacios públicos, más ahora que la reapertura económica ha abierto comercios, instituciones educativas y religiosas. “Aunque la eficiencia de detección de virus infecciosos se redujo cuando se redujo la cantidad de virus exhalado, se detectó ARN viral independientemente del tipo de máscara utilizada. Estos resultados indican que es difícil bloquear completamente este virus incluso con una máscara N95 ajustada correctamente. Sin embargo, se desconoce si la pequeña cantidad de virus que pudo atravesar las máscaras N95 provocaría una enfermedad”, concluyen los investigadores, quienes agregan que sus datos ayudarán al personal médico a comprender el uso y el rendimiento adecuados de los tapabocas (que además se compran masivamente para hospitales e institutos de salud) y determinar si necesitan equipo adicional para protegerse de los pacientes infectados. El estudio fue publicado en la revista American Society for Microbiology.

Cabe recordar que el consenso sobre el uso de tapabocas no siempre estuvo presente en la pandemia. En marzo, la Organización Mundial de la Salud, la Organización Mundial de la Salud revisó la evidencia científica disponible sobre los modos de transmisión del virus del COVID-19 (SARS-CoV-2), especialmente un estudio, entonces recién publicado, en la revista New England Journal of Medicine que midió la persistencia del virus en aerosoles. Los expertos de la Organización señalaron que estos aerosoles fueron producidos por un nebulizador de alto poder bajo condiciones de laboratorio, y que no reflejaban la tos o estornudos humanos normales, ni siquiera los procedimientos de generación de aerosoles en entornos clínicos. (En contexto: El debate del tapabocas: una lección sobre los valores de la ciencia)

Insistieron entonces que esta investigación no reflejaba nuevas pruebas sobre la transmisión por el aire. Pero un mes después, la OMS volvió a examinar la información muy pocos días después, el 29 de marzo con la publicación de un “resumen científico” donde de nuevo se volvió a discutir el famoso artículo de NEJM, y a señalar que no era concluyente dadas sus condiciones “experimentalmente inducidas”. En consecuencia, el uso de tapabocas seguía siendo recomendado solamente para contextos clínicos donde se liberan aerosoles, así como para personas sintomáticas o sus cuidadores.

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