Trasplante de heces para tratar infecciones gástricas

Entre los trasplantes que han representado un avance para la humanidad, hay uno que, probablemente por pudor, no se ha celebrado con bombos y platillos: el del materia fecal. Como su nombre lo indica, esta técnica consiste en depositar material fecal de una persona sana en el intestino de un paciente, para que las bacterias del sistema digestivo de éste se vuelvan más resistentes.

Veintinueve de los 30 pacientes infectados con la bacteria “C. difficile” se recuperaron con el tratamiento basado en trasplante de heces fecales. / iStock
Veintinueve de los 30 pacientes infectados con la bacteria “C. difficile” se recuperaron con el tratamiento basado en trasplante de heces fecales. / iStock

Como era de esperarse, este era el último recurso al que acudían los gastroenterólogos, pues, además de ser incómodo, sólo había demostrado ser 94 % efectivo para tratar una infección fatal que produce la bacteria Clostridium difficile. Con el trasplante de materia fecal, que puede realizarse por medio de una colonoscopia, un enema o una sonda nasogástrica —que va de la nariz al estómago—, las heces del donante sano recolonizan el intestino del enfermo y eliminan la infección.

Ahora, según explica The New York Times, el polémico método también está siendo estudiado para tratar la obesidad y la diabetes.

Pero ¿cuál es el poder de trasplantar popó? Según escriben Diana P. Bojanova y Seth Bordenstein, de la Universidad Vanderbildt (Estados Unidos), en la revista científica PLoS Biology, un solo gramo de heces contiene alrededor de 100.000 millones de bacterias, 100 millones de virus, un millón de esporas de hongos, 100 millones de arqueas y 10 millones de células del intestino. Un “coctel” ideal que esconde varios tratamientos aún desconocidos.

Por ejemplo, para demostrar el poder que tiene este método al tratar la infección que produce la C. difficile, médicos de la Clínica de Mayo, en Estados Unidos, aislaron las esporas de 50 bacterias que se encontraban en las heces de personas sanas. Después, al trasplantarlas a través de unas cápsulas ingeribles a 30 pacientes que tenían la infección, descubrieron que 29 de ellos se recuperaron por completo.

Estas rápidas recuperaciones, explican, se pueden deber a tres razones: el poder colonizador de las bacterias sanas, la química de la bilis y la fortaleza de los virus fecales.

En el segundo caso, un estudio publicado en Nature Reviews, microbiólogos de la Universidad de Minnesota descubrieron que varias especies de bacterias se alimentan de la bilis, compuesto que produce nuestro hígado y ayuda a sintetizar la grasa que hay en lo que comemos. Por ende, cuando están presentes en nuestro estómago, ayudan a disminuir ciertos productos que dificultan el desarrollo de la C. difficile. En cuanto a los virus, finalmente, se sabe que son los suficientemente fuertes para soportar un trasplante fecal entre dos personas.

Ante esta variedad de oportunidades, y liderados por el doctor Harry Sokol, gastroenterólogo del hospital Saint-Antoine de París, un equipo de investigadores empezaron a aplicar esta terapia para tratar el colón irritable. Y aunque no ha resultado ser tan eficiente como con la C. difficile, los médicos creen que las heces no sólo tendrán en el futuro el potencial para curar el colon irritable, sino para tratar la obesidad y diabetes.