Trasplantes de popó, una opción polémica

El uso de materia fecal para tratar pacientes con infecciones intestinales sigue ganando adeptos.

Trasplantes de heces se usan para tratar infecciones por Clostridium difficile.

La idea es vieja. En 1958 algunos médicos ya habían sugerido hacer trasplantes de flora intestinal, es decir, materia fecal, de una persona sana, para ayudar a los pacientes afectados por infecciones gastrointestinales graves. El objetivo no era otro que recuperar la comunidad de microbios benéficos que todos llevamos en el intestino y de la que no sólo depende la digestión de alimentos sino muchos otros procesos fisiológicos todavía no muy bien comprendidos.

El no muy higiénico tratamiento cayó en el olvido por obvias razones, pero en los últimos años ha revivido gracias a que diversos estudios comenzaron a demostrar su utilidad. El más serio de ellos hasta ahora, publicado en 2013 en The New England Journal of Medicine, comparó dos grupos de pacientes que sufrieron una infección intestinal por la bacteria Clostridium difficile. Esta infección puede producir desde una simple diarrea hasta una colitis que ponga en riesgo la vida. A una parte de los 43 pacientes se les administró el tratamiento tradicional con antibióticos. Al resto se le administraron los antibióticos más un fluido filtrado de heces que se depositó directamente en su intestino delgado usando una sonda nasal.

Los resultados fueron apabullantes a favor del tratamiento que mezclaba antibióticos y el “trasplante de materia fecal”: dos veces más efectivo que la sola administración de antibióticos.

Ante la creciente evidencia médica, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) decidió que la materia fecal sería considerada un “medicamento” y por lo tanto debía seguir ciertos protocolos para su aprobación definitiva como tal. Pero varios especialistas, pacientes, investigadores y organizaciones civiles le salieron al paso y expresaron su preocupación por esa decisión. Creen que esa clasificación restringiría la investigación.

No es un debate cualquiera. Muchas cosas están en juego. De hecho, tres investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts y la Universidad de Brown publicaron en la revista Nature un artículo el pasado 19 de febrero pidiendo a la autoridades que consideraran el uso de heces en tratamientos como un “tejido” y no como un medicamento. En ese detalle de clasificación podría estar la diferencia para que aumente la investigación, se acelere su integración a la práctica médica y sea un tratamiento más accesible y económico para muchos pacientes.

“Los riesgos (de estos trasplantes) se pueden minimizar con un riguroso escaneo. Pero un exceso de normas puede impulsar a algunos pacientes a buscar tratamientos por fuera de instituciones médicas”, señalaron los autores del artículo. De hecho, ya pueden consultarse videos en You Tube que explican cómo hacer su propio trasplante en casa y páginas web que ofrecen detalladas instrucciones.

Los tres investigadores, que en 2012 impulsaron la creación del primer banco de materia fecal en Estados Unidos, Open Biome, reconocen que estos tratamientos pueden acarrear los mismos riesgos que implica cualquier trasplante de material biológico de una persona a otra: infecciones por VIH, hepatitis y, en este caso, incluso riesgos de enfermedades autoinmunes. Pero, argumentan, esos riesgos se pueden minimizar con una batería de pruebas de laboratorio. En los primeros tres meses de funcionamiento, el banco envió muestras a 12 hospitales de Estados Unidos y 100 pacientes fueron tratados.

Aunque hasta el momento sólo se ha demostrado la efectividad de estos trasplantes en pacientes con infecciones por Clostridium difficile, se cree, al menos en teoría, que podrían llegar a ser útiles para otras condiciones como la obesidad y el síndrome del intestino irritable.

 

 

[email protected]

@pcorrea78