Una valiente

Esta paciente con leucemia dio la pelea para que le financiaran el tratamiento adecuado, y nos recordó que, más allá de su complejo caso, el sistema de salud colombiano debe solucionar con prontitud graves problemas de fondo.

/ Archivo particular

En las dos primeras publicaciones que hizo en su blog ‘Pidiendo tiempo extra’, Camila Abuabara resumía la pelea que empezaba a dar, en un par de párrafos no muy bien contados. Bajo los títulos ‘Historia de mi vida’ (parte 1 y 2), relataba con cierta rabia cuáles eran los dos líos a los que se estaba enfrentando varios años después de que le hubiesen diagnosticado leucemia linfoide aguda, un agresivo cáncer que atacaba las células de la médula ósea.

En el primer texto, que fue con el que comenzó toda esta historia que hoy está llena de dilemas, disputas y paradojas, decía que la ‘batalla’ contra la Universidad Externado había terminado de manera exitosa. “Logré que me permitiera terminar mis estudios desde Bucaramanga, lugar donde realizo mi tratamiento porque en Bogotá la EPS no me brindó atención”. En el segundo escrito se lee a una mujer de 24 años que apenas intuía qué tan grande iba a ser la guerra que debería dar: “Llevo casi tres meses esperando que Sánitas arregle las diferencias financieras con la clínica. Muy poquito vale mi vida por 30 millones, ¿no?”

Ambos relatos fueron publicados el 28 de diciembre de 2013. Hoy, un año después y con casi cuarenta entradas, su blog registra 32.247 visitas. En Twitter, donde es mucho más activa, ha lanzado más de 32 mil trinos y tiene alrededor de 17 mil seguidores. La siguen desde Álvaro Uribe hasta Hollman Morris y la senadora Claudia López.

Esa es Camila Abuabara en cifras, aunque esos números sean también el resultado del tesón de una estudiante de derecho que desde que saltó a las redes sociales se ha convertido en un símbolo de tenacidad en la lucha contra el cáncer, ese mal que le diagnosticaron en julio de 2010 y por el que alguna vez intervino el mismo ministro de Salud. Aquella enfermedad que la condujo de Santander al MD Anderson Cancer Center en Houston, Estados Unidos, luego de que la EPS Colsánitas, a través de su fundación, aceptara asumir el costo. Nadie supo nunca el monto con certeza. Los rumores dicen que en dólares se acerca al millón.
Hace unas semanas Camila regresó. Lo hizo a las bravas y después de que el 18 de noviembre el Juzgado 28 Penal Municipal de Bogotá determinara que el tratamiento faltante —un trasplante de médula— también se podía hacer en Colombia. Allá, en Norteamérica, había recibido blinatumomab, un medicamento en etapa de prueba que limpió de su sangre las células cancerígenas.

Camila vino entonces a regañadientes y anunciando su muerte prematura. Su argumento para seguir en la pelea era simple y sensato: en EE.UU. le devolvieron la esperanza que por las grietas del sistema de salud había perdido. El del juez y el del ministro Alejandro Gaviria y el de la Asociación Colombiana de Hematología y Oncología también era sencillo y razonable: en nuestro país hay experiencia suficiente, de más de 20 años, para hacer ese tipo de trasplantes. Además acá cuesta unos $100 millones. En Houston puede valer diez veces más.

Y esos ceros de más son los que hoy llenan las páginas de los diarios con un inconmensurable debate. Las preguntas son muchas y muy espinosas y resolverlas es una tarea irrealizable. ¿Cuándo negar el tratamiento a un paciente? ¿Por qué pagar tal cifra —que, dicen, haría tambalear al sistema— cuando al año hay 500 casos de leucemia en niños que no pueden acceder el mismo privilegio? ¿Las EPS, la poca ética de funcionarios, no han hecho disipar muchos miles de millones de pesos?
Son interrogantes que quizá Colombia ya se había hecho pero que ahora, gracias a Camila, requieren soluciones prontas y juiciosas. Su obstinación no es únicamente el reflejo de una polémica en la que chocan columnistas, periodistas jueces y hasta políticos oportunistas. No. El caso Camila Abuabara le está recordando al país que desde hace mucho tiempo le está haciendo el quite a una urgencia que no merece más evasiones: una verdadera reforma del sistema de salud.

En ese punto, todos concuerdan, hasta ella misma, que lo menciona cada tanto en sus redes sociales. Sus seguidores y sus contradictores. Sólo por eso —y por su lucha y por poner en jaque al tenaz cáncer— Camila merece hoy este espacio. Bienvenidos quienes opinen lo contrario.

* Periodista de El Espectador