Desinformación en la pandemia

Lo que Uribe no explicó sobre la ivermectina para Covid

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El exmandatario se sumó a los que creen que el antiparasitario sirve contra el virus SARS-CoV-2 a pesar de los temores que existen sobre su seguridad.

En medio de una polémica entrevista de la revista Semana en la que el expresidente Álvaro Uribe intentó defenderse del proceso judicial ante la Corte Suprema de Justicia, hubo una pausa para preguntar por su salud. Días atrás, justo cuando se ordenó su detención domiciliaria, el exmandatario anunció que había resultado positivo para coronavirus. 

Uribe, quién por años confió su salud a las “goticas” que le recomendaba una homeópata contó que esta vez tomó ivermectina para tratar la infección por coronavirus. No fue el primer político en alinearse con un tratamiento del que no existe evidencia confiable para controlar la infección por este nuevo virus. Hace pocas semanas, el alcalde de Cali Jorge Iván Ospina ya se había ganado unos buenos regaños de la comunidad médica por afirmar sin mayor sustento que ese fármaco era eficaz para contener el SARS-CoV-2. 

Ni a Ospina ni a Uribe pareció importarles mucho la opinión del Invima, la Organización Mundial de la Salud, la Asociación Colombiana de Infectología, por mencionar unas cuantas organizaciones, según las cuales no se ha demostrado ni la seguridad ni la eficacia en el uso de ivermectina en pacientes con COVID 19. (Lea: Gobierno no recomienda el uso de ivermectina como tratamiento para el COVID-19).

Como ha ocurrido con otros medicamentos durante la pandemia, entre ellos la famosa hidroxicloroquina, el malentendido comenzó con alguna pequeña verdad. En abril de este año unos investigadores publicaron un artículo en el que reportaban los resultados de un experimento in vitro, es decir, con células y tejidos en un laboratorio. No en pacientes. Aunque el trabajo planteaba una actividad antiviral del medicamento, muchos de los que comenzaron a reclamar su uso en pacientes olvidaron principalmente dos cosas. Una que entre las etapas de investigación in vitro y su aplicación clínica en pacientes hay un abismo de investigación. 

La segunda, que las dosis usadas in vitro eran exageradamente altas comparadas con los rangos de seguridad en humanos. Como lo explicó Carlos Chaccour, del Instituto Barcelona para la Salud Global, las concentraciones demostradas para reducir la replicación viral fueron 60 veces mayores que la concentración máxima después de las dosis habituales usadas en pacientes. 

La ivermectina es una vieja conocida para los médicos y los veterinarios. Este fármaco antiparasitario fue desarrollado durante la década de 1970 entre el Instituto Kitasato en Japón y Merck & Co. Gracias a que combatía parásitos internos y externos, su uso se intensificó en el campo veterinario porque de paso mejoraba la salud animal y aumentaba la productividad. Nada raro que el expresidente Uribe tuviera cerca la ivermectina dado su conocido amor por los animales y la cría de ganado. 

En medicina la ivermectina también ha salvado y mejorado vidas. Tras su descubrimiento comenzó a utilizarse en el tratamiento de la oncocercosis, también conocida como la ceguera de los ríos, y la  filariasis linfática, otra enfermedad debilitante.

Tan útil resultó este fármaco que en 2015 William C. Campbell y Satoshi Omura, sus descubridores,  fueron galardonados con el Premio Nobel de Medicina junto a Tu Youyou, quien descubrió la artemisinina, un medicamento que ha reducido significativamente las tasas de mortalidad de los pacientes que padecen malaria. 

“Estos dos descubrimientos han proporcionado a la humanidad nuevos y poderosos medios para combatir estas enfermedades debilitantes que afectan a cientos de millones de personas anualmente. Las consecuencias en términos de mejora de la salud humana y reducción del sufrimiento son inconmensurables”, anotó el jurado del premio. (Lea: Interferón, otra promesa apresurada contra el COVID-19).

Si bien la ivermectina ha demostrado ciertas propiedades antivirales aún es temprano y arriesgado usarla a nivel poblacional para tratar la Covid-19. “El proceso para lograr un uso generalizado de una droga está muy regulado. Esto se debe a buenas razones. Se han aprendido lecciones después de algunas tragedias graves”, recordó en su artículo Chaccour, “Para la ivermectina, hay pruebas sólidas de seguridad cuando se usa para la indicación aprobada en las dosis aprobadas. Existe evidencia muy limitada sobre la seguridad de la ivermectina en dosis más altas e incluso menos evidencia de su seguridad cuando se usa en pacientes con COVID-19 que tienden a tener estados proinflamatorios”. (Lea: Una “iglesia”, charlatanes y varias víctimas: la historia detrás del dióxido de cloro)

En los estados proinflamatorios podría aumentar la penetración del fármaco en el sistema nervioso central con consecuencias desconocidas. “Dada la ausencia de evidencia razonable de que la ivermectina tenga alguna eficacia contra el SARS-CoV-2, el análisis de riesgo-beneficio dicta que debemos ser prudentes”, apuntó Chaccour. (Lea: Una advertencia antes de ver el próximo video del médico Raúl Salazar).

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