Vacuna del papiloma: ¿a quién creerle?

Expertos coinciden en que hasta ahora no hay pruebas de que los síntomas que presentaron las niñas en El Carmen de Bolívar estén asociados a la vacuna. Pero la epidemia de rumores continúa.

Gobierno descartó que los síntomas presentados por 243 niñas de El Carmen de Bolívar estén asociados a la vacuna del virus del papiloma humano. / El Tiempo

Hace tres años una revista mexicana me pidió escribir un artículo sobre el movimiento antivacunas en el mundo. Hasta ese momento no sabía que algo así existía. La condición que puso la editora era que debía entrevistar a alguno de sus líderes y promotores. Fue así como contacté a Dewey Ross, de Vaccination Liberation, un movimiento fundado sobre un principio básico: las vacunas son una amenaza para la salud humana.

A través de charlas, páginas de internet, foros, miles de artículos, videos y por supuesto el poderoso voz a voz, los activos miembros del movimiento antivacunas se han encargado de sembrar desconfianza hacia uno de los más efectivos y poderosos inventos de la medicina. “Estamos entre las personas que creen que cada vez que se pone una vacuna no existe suficiente información científica para tomar una decisión informada, lo cual deja cada inyección en la categoría de experimentación médica”, dijo Ross en aquella entrevista.

No han importado los miles de datos recabados por científicos serios ni los estudios encargados por las más respetables autoridades sanitarias del mundo, ni la evidencia histórica de su utilidad, para convencer a los ateos de las vacunas. En sus cuentas sobre los riesgos asociados a éstas no figuran hechos contundentes como la erradicación de la viruela y la disminución del 78% en los casos de sarampión, rubéola y parotiditis, sin dejar de lado que prácticamente ha desaparecido la poliomelitis, la cual décadas atrás cobró la vida de millones de niños y dejó minusválidos a miles más. Todo eso simplemente parece no importar cuando el miedo y la paranoia se riegan como pólvora.

El caso de las 243 niñas en El Carmen de Bolívar que han presentado una serie de síntomas como desmayos, hormigueos en las extremidades y dolor de cabeza, los cuales muchos han intentado atribuir a la vacuna contra el papiloma humano, parecen haber caído en ese terreno fértil de miedo, suspicacias, teorías de conspiración y desinformación.

Es cierto que las niñas acudieron al hospital de El Carmen de Bolívar con una serie de síntomas inespecíficos, ninguno de ellos grave. Hasta ahora las evaluaciones hechas por la comisión nombrada por el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, no han detectado nada que haga pensar que se trata de una afectación masiva por la vacuna. Las 243 niñas fueron sometidas a un examen médico exhaustivo y sus padres entrevistados. No hay un solo caso grave, ni medianamente grave, que una semana después del episodio haga pensar que algo extraño está sucediendo.

El viceministro de Salud, Fernando Ruiz, recordó ayer durante una rueda de prensa que “hay niñas a las que no se les ha puesto la vacuna e igual presentan síntomas. También se identificó el caso de un niño”. Pero como ha ocurrido y seguirá ocurriendo, los argumentos serios y la información precisa no parecen tener el mismo peso que los rumores.

Colombia no es el primer país del mundo en el que un escándalo similar ha seguido a la implementación de un programa nacional de vacunación contra el papiloma. Algo similar pasó en Japón, Francia, India y Canadá, donde casos de niñas que presentaron algún tipo de síntoma o condición médica fueron rápida e irresponsablemente atribuidos a la aplicación de la vacuna. Y aunque comisiones de expertos demostraron lo contrario, el miedo llevó a muchos padres de familia a evitar la vacunación.

Lo único cierto en este escenario de desinformación es que cada padre de familia tendrá que tomarse el trabajo de evaluar quién dice qué y en qué datos confiar para decidir si permite que su hija sea o no vacunada. Y hay algunos datos que deberían tener en mente a la hora de hacerlo.

Hoy el país entero está escandalizado porque 243 niñas presentaron hormigueo en los brazos y desmayos transitorios, pero pocos se preocupan porque en Colombia cada año aparecen 6.800 nuevos casos de cáncer de cuello uterino, provocados por la infección con el virus del papiloma humano, y fallecen 3.300 mujeres por esta razón.

Por otro lado, en el mundo se han aplicado 170 millones de dosis de la vacuna que protege contra los dos tipos más peligrosos del virus. Hasta el momento, ningún estudio serio ha establecido que los riesgos de la vacuna sean mayores a los de cualquier otra.

En Colombia, el riesgo de que una niña termine en algún momento de su vida infectada con alguno de los siete tipos más cancerígenos del virus del papiloma humano es del 80%. Una de cada diez de las infectadas corre el riesgo de desarrollar una infección crónica y lesiones precancerosas. En ese contexto, un camino es decidir no vacunarse. El otro es aplicarse una vacuna que puede reducir el riesgo de infección en un 70% y a largo plazo evitar un cáncer.

Pero si lo asustan los números y las estadísticas, al menos pregúntese en quién creería más a la hora de tomar esta decisión. En Nubia Muñoz, una médica colombiana postulada al Premio Nobel de Medicina por descubrir que este virus era el que causaba el cáncer de cuello uterino y quien dice que la vacuna es hasta ahora completamente segura, o en una activista del movimiento antivacunas como la española Carme Valls Llobet, cuya especialidad no es el cáncer de cuello uterino pero va por el mundo diciendo que la vacuna produce menopausia precoz.

 

 

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