Vacunas ponen a prueba nuestra capacidad de hacer fila

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Arrancó el plan de vacunación de los colombianos entre esperanza, alegría, pulsos políticos, oportunismo, un cargamento de vacunas piratas y algunos malentendidos. A las primeras 50.000 vacunas de Pfizer este fin de semana se suman otras 192.000 de Sinovac.

Hacer fila nunca ha sido una gran virtud de los colombianos. En los bancos, en los conciertos, en los partidos de fútbol, en la tienda de la esquina siempre aparece alguien dispuesto a saltarse su turno. En las carreteras, cuando colapsan por un trancón, alguien se sale de la línea y acelera por la berma hasta bloquear el carril contrario. La llegada de las primeras 50.000 dosis de las vacunas (Pfizer-BioNTech) esta semana marcaron el comienzo de un largo proceso de vacunación que pondrá a prueba nuestra capacidad logística y también la sencilla virtud de saber hacer fila.

Verónica Machado, enfermera jefa del Hospital Universitario de Sincelejo (Sucre), fue la primera vacunada del país. El pasado miércoles 17 de febrero, por la mañana, una de sus compañeras le clavó una aguja en el brazo y le inyectó la primera dosis de la vacuna contra el COVID-19. Fue la elegida para inaugurar la inmensa fila de 34’234.000 de colombianos que serán vacunados en el próximo año. Esto si las casas farmacéuticas cumplen su palabra y si los municipios, gobernaciones, hospitales, EPS y el Ministerio de Salud logran alinearse de forma armónica. Hasta el viernes 22.149 personas ya habían recibido la primera dosis de vacunas en el país.

Vacunar a tantas personas en el menor tiempo posible sin traicionar los principios de equidad, justicia y transparencia no será fácil. Los problemas con la fila de vacunación comenzaron antes incluso de que Machado recibiera su primera dosis. Decenas o tal vez cientos de colombianos viajaron a Estados Unidos para colarse en la fila de los norteamericanos en enero y febrero. Tanto así que el turismo de vacunas por parte de latinoamericanos obligó a gobernadores como el de Florida a exigir pruebas de residencia para aplicar las dosis.

Otra peligrosa señal de lo que se podría avecinar es la aparición de mercados negros de vacunas, reales o piratas. El pasado 13 de febrero el Invima incautó una carga de setenta vacunas contra el COVID-19 que una pasajera intentaba ingresar al país sin ningún tipo de registro. La pasajera procedía de Emiratos Árabes Unidos y, según el Ministerio de Salud, fueron fabricadas en China. Nada raro que algunos quieran saltarse la fila del plan de vacunación apelando a esa estrategia.

Las discusiones en torno a los turnos asignados en algunos hospitales resultaron otra señal de los primeros problemas que se asoman. En el Hospital de Kennedy, en Bogotá, un grupo de internos y residentes de medicina se quejaron por haber resultado relegados en la jornada de vacunación.

El médico y psiquiatra Milton Murillo lamentó lo sucedido en su cuenta de Twitter: “Lo ofensivo, además del evidente desorden, es que decidan cortar por lo bajo con internos y residentes. El mensaje es claro: son profesionales de salud de segunda mano, a pesar de ser la fuerza de tarea más robusta de los hospitales”. Y añadió: “Ayer en muchas fotos, incluyendo las de Kennedy, salían vacunándose personas que sé que llevan años, años, sin tocar un paciente”.

Lo visto en Perú es una advertencia de los peligros que acechan en las filas para ser vacunados. Un presidente, ministros, rectores de universidades, diplomáticos y hasta gerentes de laboratorio, en total 487 personas han aparecido en la lista de los que se hicieron aplicar la vacuna de Sinpharm en secreto y aprovechando la puesta en marcha de un ensayo clínico para evaluar su efectividad. ¿Cuál es el riesgo de tráfico de influencias en Colombia para presionar los saltos en las etapas previstas? Nadie lo sabe, pero la historia de corrupción en algunos municipios del país no resulta una señal alentadora.

Por ahora el plan de vacunación planteado por el Gobierno en el papel ha recibido un amplio consenso. Si el Gobierno colombiano tiene suerte y las compañías farmacéuticas cumplen lo pactado, a finales de febrero habrá en el país 192.000 dosis de Sinovac, 217.000 de Pfizer (117.000 a través de Covax) y 750.000 de AstraZeneca (a través de Covax). En marzo llegarán 2’308.000 más de Sinovac, otras 1’750.000 de AstraZeneca (por Covax) y 500.000 de Pfizer.

Pero como le contó Gerson Bermont, director de Promoción y Prevención del Ministerio de Salud, a El Espectador, la primera etapa, en la que se espera vacunar a 1’691.366 personas, entre las cuales están todos los mayores de ochenta años y los trabajadores de la salud, “será un proceso relativamente sencillo que funcionará como lo ha hecho el Programa Ampliado de Inmunización (PAI), que anualmente administra entre 25 millones y 40 millones de dosis en Colombia”.

El verdadero reto aparecerá en las etapas siguientes. En la segunda etapa, por ejemplo, se aspira a vacunar a siete millones de colombianos. Esa cifra y las restantes, hasta alcanzar los 34 millones de colombianos, serán las que pongan a prueba no solo el sistema de salud, sino a toda la sociedad. Ojalá esta vez seamos capaces de romper con la sentencia que soltó sobre nuestras cabezas Yu Takeuchi, legendario profesor de la U. Nacional y matemático: “Un colombiano es más inteligente que un japonés, pero dos japoneses son más inteligentes que dos colombianos”.

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