Acuerdo Agrario por la Paz

La época del campesino con azadón pico y pala ya está mandada a recoger al igual que el campesino iletrado y por ello es preciso desarrollar la nueva estrategia que permita a esos seres humanos vivir con dignidad y ser tributario de propiedad, de salarios justos, de educación tecnológica agrícola y de respeto.

EL ESPECTADOR

El latifundio, ese rezago feudal e injusto de poseer pocas manos la vastedad de tierras colombianas y así excluir al campesino que la trabaje de su posibilidad de propiedad sobre ellas, es en ultimas un rezago histórico que será necesario acabar e inventar una nueva forma de explotación de la tierra distinta del pastar y dormitar de ganado vacuno en tan inmensos territorios para solaz de sus latifundistas propietarios ganaderos.

Al latifundio se le une la política mezquina que excluye y a la vez ha propiciado el dominio político de esas regiones. Ya que la posesión de la tierra crea el poder necesario de quien la tiene y somete así a su arbitrio a quienes la trabajan. No era insólito escuchar de boca de latifundistas magdalenenses por allá por los ochenta, la necesidad de mantener el poder amen de sometiendo al campesino a su carencia de tierras también a su ignorancia letrada, ya que era mejor dejarlos sin educación para que no tuviesen capacidad de pensamiento crítico protesta y reivindicación de derecho alguno. Así, aún se somete al campesinado colombiano a través de su carencia de tierra, de su ignorancia educativa y su pobreza extrema. Basta ver la estampa típica del campesino colombiano de hoy para saber que aun esta esclavizado por formas de propiedad y trabajos propios de un pasado remoto que en Colombia se niega a fenecer aun en pleno siglo XXI.

En Europa por contraposición su desarrollo en gran parte se fundamenta en la ausencia de latifundio, en la capacidad de propiedad de la gente que cultiva la tierra, su alta tecnificación, su organización empresarial a través de cooperativas directas que comercializan el cultivo y eliminan intermediarios favoreciendo los precios para las familias campesinas. Ese sería un modelo bueno para aplicar en Colombia y subsanar el déficit agrario a que nos ha sometido la tradición latifundista del país.

La época del campesino con azadón pico y pala ya está mandada a recoger al igual que el campesino iletrado y por ello es preciso desarrollar la nueva estrategia que permita a esos seres humanos vivir con dignidad y ser tributario de propiedad, de salarios justos, de educación tecnológica agrícola y de respeto. También tienen derecho a ver con optimismo el futuro.

Por ello bienvenido sea el acuerdo Gobierno-FARC sobre la cuestión agraria ya que ello en principio y sobre el papel subsana las ofensas hechas a esa clase campesina desposeída y de la cual miles abrazaron las armas a fin de luchar por sus derechos hasta hoy cuando dicho acuerdo reconoce que la injusticia sobre lo agrario ha jugado papel fundamental del conflicto. Falta entonces que el papel se traduzca a la realidad, que el paso de los días muestre que la realidad se traduzca en bienestar.

Así el acuerdo y lo que parece ser la reelección próxima de Santos jugara de baza importante en la garantía y definición del nuevo sendero que podría tomar la Colombia rural.

Por Alfredo Iván Niño Maldonado, colaborador de Soyperiodista.com

 

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