Cumbre contra el hambre

Dirigentes de todo el mundo han celebrado en Roma una reunión de emergencia para buscar soluciones a la crisis provocada por el aumento de precio de los productos alimenticios básicos.

Por desgracia para aquellos a los que pretenden ayudar, los reunidos han vuelto a demostrar que politizar un problema, aunque sea con la mejor de las intenciones, es el camino más directo para empeorarlo.
 
Por el contrario, se ha echado en falta una mínima autocrítica por parte de la organización anfitriona, el Fondo Mundial para la Alimentación (FAO) de las Naciones Unidas, que, a pesar de sus medios y competencias, ha sido incapaz de prever lo que está sucediendo y de identificar con claridad sus causas, lejos de histerias y confusiones interesadas.

Sin embargo, hay dos lecciones muy importantes que la FAO debe extraer de la situación actual: que las soluciones milagrosas no existen de hoy para mañana cuando se trata de productos agrícolas y que el modelo de asistencia que se ha practicado en el último medio siglo no ha servido para llegar al fondo de los problemas, aunque algunos, como Rodríguez Zapatero, sigan pensando ingenuamente que serán sus donaciones las que los resuelvan.
 
La solución pasa por enseñar a pescar no para vender el pescado por un móvil, sino para alimentarse él y su familia. Inversiones en proyectos productivos, no en donaciones que se pierden en el camino o se quedan los corruptos dirigentes. Lástima el esfuerzo que sirva para tan poco. 
 
 

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