Traigo la espuma del río

La música llanera, que junto con el vallenato constituye una de las dos expresiones musicales más fuertes del país, esta a punto de desaparecer. O al menos, lo que va quedando de ella, es una especie de cascarón, algo con la apariencia de aires llaneros, pero vacía de contenido y esencia.

Se supone que hace uno setenta u ochenta años Alejandro Wills dio forma a lo que se llamó música llanera, cuando compuso su Galerón Llanero: “Aguas que lloviendo vienen, aguas que lloviendo van/ Galerón de los llaneros es lo que se cantará”. Era una música tipleada, acompañada de guitarra, así como se escuchaban los antiguos vallenato de Bovea, y con un marcado sabor andino.

Contenía dos elementos bien claros: una rima marcada y definida, y un contenido paisajista y del oficio en su letra: “Sobre los llanos la palma, sobre la palma los cielos/ sobre mi caballo yo, y sobre yo mí sombrero”. En el cincuenta, Luis Ariel Rey, se presentó por primera vez en una plazoleta en Villavicencio y con un conjunto de amigos, “los jilgueros”, le dio un marcado acento local y regional a la música de los llanos. Había reciedumbre y sequedad, y su voz aguda y fina definió los que sería por muchos años la música del llano. “Yo soy como el espinito, yo soy como el espinito, que en la sabana florea, le doy aroma al que pasa, ay al que pasa, y espinó al que me menea”.

Unos años después, en los sesenta, llegaron dos maestros para completar el cuadro: Miguel Ángel Martín y David Parales Bello; el uno de Tame, y el otro de Arauca; quienes impulsaron las primeras academias de música llanera en el Departamento del Meta. David Parales trajo de la vecina Arauca, tan cercana a Venezuela, un instrumento que encantaba por su majestuosidad y presencia: el arpa.

 Treinta y dos cuerdas y cuatro escalas de musicales tenían un efecto envolvente y cautivador. Se tocaba sin bajo eléctrico, con furruco, a golpe de maraca, en los patios y jardines de una ciudad que latía a las faldas de la cordillera y todavía recordaba los viajes de ganado que venían desde Arauca y San Martín, antes de ser embarcados hacia Bogotá.

No se puede negar que con notoriedad, algunos compositores y cantantes han logrado prologar y llevar adelante el género, como Aries Vigoth y Marco Sergio Rodríguez, en fuerza combinada con autores venezolanos, como Reynaldo Armas y Luis Silva, bastante comerciales, pero que fueron larvando lo que puede ser el principio del fin.

Primero, como dice Alberto Baquero, el historiador llanero; las bases económicas y sociales que fueron cama del nacimiento y florecimiento del folclor llanero, tienden a desaparecer; el hato ganadero, los oficios y el trabajo de llano han dado paso a nuevas formas de explotación, uso y trabajo en la región, donde se contempla en lontananza un machín, mientras pasa solitario un llanero con el poncho terciado encima de una moto.

Segundo, a diferencia de un Simón Rodríguez en Venezuela, que ha mantenido altura y dignidad de lo no comercial de sus canciones, todavía referenciadas a lo que es o solía ser el llano, los nuevos compositores entonan baladas acompañas de cuatro, maracas y arpa, lo que crea la ilusión de ser música llanera, cuando en el fondo y su esencia no lo es. Canciones de un llanero que maneja su sedan al salir de su oficina, viajando raudo a través de una avenida mientras la recuerda a su amada, son como un rayón en los discos de antes o un bache que se abre abruptamente en la carretera.

Mientras tanto, en las principales emisoras del Meta, Casanare y Arauca, se apodera de la programación o el diseño de sus parrillas un crossover llamado “ranchenato”, que combina con intensidad en su programación diaria la música norteña de apología al narcotráfico y los aires vallenatos subidos de cresta en lo romántico. Y los flocloristas, compositores y músicos, por supuesto, se rasgan las vestiduras, pero tampoco atinan a evidenciar la perdida de autenticidad en sus composiciones llaneras, las cuales no bastan que se acompañen de un arpa, porque para lo que dicen, igual pueden ir respaldadas de un acordeón o una guitarra acústica.
 

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