Atreverse a ser hereje

Hoy se tiene mucha información, pero se comprende muy poco. Es decir, el mar de información nos desborda y sin embargo es muy, pero muy poco lo que comprendemos de ella. A tal punto que cada vez nos acercamos más a nuestra propia destrucción.

Estamos en el siglo XXI; siglo de los avances tecnológicos y científicos más asombrosos que nadie hubiera creído se materializarían algún día. Año dos mil trece. Es un año con las mismas características de los anteriores.

No hay grandes diferencias, pues para el ser humano la historia se repite una y otra vez sin darse cuenta y, si lo hace, pasa de agache sin rechistar. Cierra los ojos y cree que todo es consecuencia de la misma realidad que vive cotidianamente: la maldad, la pereza, el desamor y el engaño, entre muchos otros factores. Tal vez estas son las excusas y argumentos esgrimidos por las lúcidas y preclaras mentes de nuestros líderes, intentando ocultar la verdadera realidad.

Hoy, él acepta los hechos pensando que los merece, porque así lo quiere el destino o Dios que, en última instancia, es el culpable de todo lo nefasto que le sucede a la tierra en general y al hombre en particular, según los extremistas y dogmáticos líderes espirituales, quienes creen que Dios es un ser omnipotente y castigador. Sin querer herir susceptibilidades, argumentos refutables desde cualquier óptica.

Se sabe de sobra que sobre la humanidad se cierne un caos general amenazante: alertas de guerra, desplazamiento, hambruna, armamentismo, contaminación ambiental e insalubridad, violencia intrafamiliar y contra la mujer, desprotección en salud, desempleo, pobreza extrema e invisibilización del ser humano por quienes han tenido y tienen en sus manos la forma para acabar de una vez con los desequilibrios sociales y económicos existentes, pero que no mueven un dedo por resolverlos. Caldo de cultivo para cometer cualquier barbaridad.

El capitalismo, sistema sociopolítico, generador de grandes riquezas para unas cuantas naciones, no obstante haberse analizado críticamente por Marcuse en los años sesenta, como una forma devastadora y explotadora de la condición humana, sigue su carrera esquizofrénica sin que haya talanquera que lo detenga. Ahora con un nuevo ropaje, pero con la misma finalidad, exprimir los recursos naturales y humanos no importando los medios. Entonces, los casos de alienación, de productivismo a gran escala, de consumismo desmedido, de la utilización de los medios masivos alienadores con la gran masa humana y la publicidad estupidizante y esterilizante son las herramientas empleadas por el neocapitalismo para seguir convirtiendo al hombre actual en un ser unidimensional incapaz de un pensamiento crítico y de una actitud contestatarias contra todo aquello que lesione sus libertades y autonomía.

El hombre se ha convertido en un ser domado por el consumismo y la idolatría a una racionalidad aletargante y ciega; o como diría Morín “el error, la ignorancia, la ceguera progresan, por todas partes, al mismo tiempo que nuestros conocimientos”. Racionalidad mediada por el uso indiscriminado de una tecnología que socava la estructura mental de los individuos sin darle oportunidad de mirar otras esferas o dimensiones de su ser. Hoy se tiene mucha información, pero se comprende muy poco. Es decir, el mar de información nos desborda y sin embargo es muy, pero muy poco lo que comprendemos de ella. A tal punto que cada vez nos acercamos más a nuestra propia destrucción.

El economista chileno Manfred Max Neef dice en algunos de sus intervenciones que “Nos han hecho creer que la única forma de entender y tomar decisiones en torno a temas económicos es la teoría neoliberal, sin embargo basta mirar alrededor para darse cuenta lo macabro del sistema, que lejos de servirnos a nosotros, nos tiene atados”. Análisis que demuestra cómo el interés económico de unos cuantos prima sobre el interés colectivo, propiciando una desigualdad alarmante que tal vez ha conquistado, como el mismo economista lo dice, “en tres décadas lo que el Cristianismo y el Islam no han conseguido en dos mil años: conquistar el mundo entero”.

Asimismo, el planteamiento de Max Neef, quizás intencionado hacia el pensamiento desalienado de quien tenga una nueva forma de mirar la realidad, sin tener que tributarle a un sistema neocapitalista desproporcionado con la raza humana y con la naturaleza, busca abrir un espacio de reflexión en la comprensión de una realidad agobiante y descalificadora del ser humano. Pues, sus ideas trascienden el aquí y el ahora, apostándole a una economía medible por los beneficios para hombres, niños, mujeres y ancianos, mas no por la cantidad de edificios y carreteras nuevas que se hayan construidos.

Parangonándolo, “Mi verdadero terror es que se haga realidad la ficción, donde, en una sociedad de bárbaros polarizada, los ricos se parapetan detrás de alambre de púa, rejas de alta tensión, muros con astillas de vidrio y vigilantes armados, mientras que alrededor, en medio de paisajes pesadillescos, los marginados vagabundean y roban”. Creo que esa es una realidad nuestra y no está muy distante de lo que este economista consideró, en algún momento, una ficción en una de sus entrevistas.

Por Edinson Pedroza Doria, colaborador de Soyperiodista.com