La ciudad y los niños: Un granito de arena para un futuro mejor

El Museo de Arte Moderno de Medellín inició en el 2010, con el apoyo de Bancolombia, un programa dirigido a 60 niños de 8 a 12 años en los barrios Villatina, La Iguaná y Llanaditas para compartir con ellos espacios creativos a través de la palabra y la imagen.

En Medellín, en medio del conflicto social armando que desescolariza y desplaza estudiantes (Nota 1), el Museo de Arte Moderno de la ciudad inició en el 2010, con el apoyo de Bancolombia, un programa dirigido a 60 niños de 8 a 12 años en los barrios Villatina, La Iguaná y Llanaditas. El objetivo era compartir con ellos espacios creativos a través de la palabra y la imagen para conocer como sentían y vivían la ciudad. La segunda etapa se inició en mayo del 2011 con el apoyo de las fundaciones Huellas y Ratón de Biblioteca, la Corporación Presencia Colombo Suiza, la inclusión del barrio La Torre, parte alta de Santo Domingo Savio, y 20 niños más, para un total de 80, también entre los 8 y los 12 años.


La ciudad y los niños


Apoyados en las ideas plasmadas en las investigaciones y obras del psicopedagogo italiano Francesco Tonucci (Nota 2), el equipo multidisciplinario de lectores, pedagogos, escritores, artistas y fotógrafos que adelantó el programa aprendió de los niños su visión y su lectura de la ciudad. Respetando el profundo conocimiento de los menores sobre la geografía de su barrio y la historia de su familia, mediando entre este saber, fomentando la libre expresión, canalizando sus pensamientos e ideas, sacaron adelante un proyecto que brilla con luz propia en medio de la oscuridad de oportunidades que tradicionalmente acompaña a los sectores con mayor población infantil, que son también los más golpeados por la violencia.


Cómo lo hicieron


La única exigencia para adelantar el programa era que el barrio tuviese carencias, niños dentro del rango de 8 a los 12 años de edad, un local comunitario para los encuentros, y ganas de participar. Definidos los barrios, el equipo docente, semana a semana, y en cada una de las comunidades escogidas, se reunía con los niños a jugar, a escuchar cuentos y narraciones, a plasmar sus emociones, sus vivencias, y su manera de entender la ciudad y la vida.


Además de las actividades de cada grupo durante las 24 semanas de duración en cada ciclo, se permitió la reunión de todos los grupos en un espacio común, y bajo una mirada distinta. A manera de ejemplo, la visita al zoológico no se centró en enseñar sobre los animales sino en aprender como los niños se relacionan con los demás, expresan su solidaridad, viven sus propios conflictos, entienden y viven su relación con la naturaleza, crean palabras nuevas y significados diferentes partiendo de algo común y conocido, de su propia realidad. La visita al Museo el domingo 23 de octubre fue otra salida que permitió la interacción de los grupos, con la ventaja de que incluyó a las familias y mostró el registro gráfico de lo logrado, con el antes y el después. Todo ello plasmado en escritos, dibujos, cartas, comentarios y fotografías.


Las cartas, escritos y dibujos


Algunas veces el grupo docente integrado por Maribel Giraldo, Liliana Martínez y Cesar Cano, con la coordinación de Alejandro Lobo, partía de la lectura de una historia. Apoyándose en la fascinación que sienten los niños por las buenas lecturas, lograron “edificar puentes de sentido común entre lo real y lo imaginario, para ampliar la realidad que existe en cada uno de ellos”. En ocasiones el punto de partida era un relato de los propios niños.


Los niños de cada sector mantenían correspondencia con los demás. Al comienzo sus cartas no tenían un destinatario específico pero a medida que fueron interactuando con los otros, eran libres de escoger a quien escribían. Este correo se llamó “La Rosa de los Vientos”. Cartas llenas de emociones, expresiones y sentimientos. “Te quiero mucho…aunque no te distinga”, escribe una niña en una de ellas.


No siempre usaban letras. Muchas veces solo dibujos, porque a través del dibujo los niños dicen lo que no pueden expresar con palabras, desde cómo se perciben ellos mismos, hasta su concepción del entorno, y sus relaciones familiares y sociales. Todo hace parte de “La Bitácora de la Ciudad”, un valioso testimonio de la memoria colectiva de nuestros niños que el MAMM está guardando y en el cual nos invita a participar enviando una carta a cualquiera de ellos.


Las fotos


Los fotógrafos Federico Ruiz y Carlos Tobón capturaron parte de esa historia. Lo general y lo particular, las risas y el llanto, los colores de los ojos, la piel, el alma, la ropa y hasta el aire que se respira en cada barrio. La vida individual y colectiva, y la articulación entre ambas. El crecimiento personal y de grupo. No solo de los niños. También del equipo pedagógico que poco a poco se fue ganando la confianza y el cariño de los menores, partiendo de algo tan elemental y simple como el respeto hacia su sentir y hacia sus formas de expresión.


Nada tan difícil como captar la esencia de un niño. Estos fotógrafos lo lograron. Cada imagen es un testimonio que cuenta dos historias: la del momento de la foto y la de lo que hay detrás de él. Los momentos de las fotos que acompañan este reportaje son simples: el niño afrocolombiano que se cubre la cara con ambas manos es Steven, vive en Villatina y se cubrió el rostro porque estaba llorando a causa de una pelea que tuvo con otro niño. Su siguiente fotografía, tomada 4 meses más tarde, lo muestra feliz, mirándose en un espejo, orgulloso de su cara pintada y con su pulgar derecho hacia arriba indicando “Lo logré”. Al principio las peleas eran frecuentes, con el tiempo disminuyeron. La niña se llama Carolina. En la primera foto se ve algo triste y se percibe tímida, con un letrero de “Te amo” sobre su boca cerrada. En la segunda está radiante. Toda una muestra de los logros del proyecto.


Los momentos que van más allá de las imágenes dependen de la interpretación de cada espectador y del conocimiento de los procesos psicosociales que ha vivido Medellín a través de su historia, en especial desde la formación de los cinturones barriales que a partir de los 50 se anclaron en la capital de la montaña. Vale la pena dar una mirada a estos cientos de momentos de cada uno de los niños. Para hacerlo, visite las páginas web del Museo y de los fotógrafos.


Nota 1: http://www.personeriamedellin.gov.co/index.php/finish/62-informes/3823-i..., página 39 y ss.


Nota 2: Francesco Tonucci (Italia, 1940), también conocido como "Frato", es autor de numerosos libros sobre el papel de los niños en el ecosistema urbano y de artículos en revistas italianas y extranjeras. Su libro "La ciudad de los niños", recoge el experimento que realizó en Rosario, Argentina, e inspira a educadores y políticas educativas alrededor del mundo.


http://www.elmamm.org/la-ciudad-y-los-ninos/


www.federicoruiz.com/fotografía/2011/10/la-ciudad-y-los-ninos-2011/


www.cargocollective.com/carlostobon/


www.federicoruiz.com/fotografía/2010/12/mamm-y-bancolombia/


Cartas a los niños: correo del MAMM, educació[email protected]


Por Elsa Tobon, colaboradora de Soyperiodista.com