Construir legitimidad, tarea clave para la nueva Colombia

Cada elección no es más que una vuelta a la ilegitimidad de los sucesivos gobiernos que no pueden llevar adelante sus planes si no es con una feroz represión oficial y la imposición de políticas que contradicen las esperanzas de los ciudadanos.

EL ESPECTADOR

En los últimos 50 años, ninguna elección presidencial en Colombia a superado el 40% del censo electoral. Es decir, de los casi 30 millones habilitados en las últimas citas electorales, de esos 30 millones de ciudadanos inscritos, solo acudieron a las urnas cerca de 13 millones. 17 millones se quedaron en sus casas. De esos 13 millones, el actual presidente ganó en segunda vuelta con 9 millones. 4 millones votó en contra y 17 lo ignoró. Esos 21 millones son los que demuestran que los últimos gobiernos son ilegítimos, unos más que otros, pues nunca la votación global a superado el 51% de los votos, que es lo que da legítimidad a un gobierno en cualquier parte del mundo.

En su afán por adquirir legitimidad, el Gobierno de Álvaro Uribe Vélez se inventó la política de la “Seguridad Democrática”, o Plan Patriota, que consistía en ejercer una autoridad sin fisuras empezando por el monopolio de las armas en manos del Estado, la unidad territorial y unas leyes que amparasen a todos. Y lo hizo a su manera. Los paramilitares pusieron a sus disposición las armas de sus guerreros a cambio de 8 años de cárcel en parcelas que hacían verdaderos candados de seguridad a las capitales regionales. Ideó un sistema de tierra arrasada para acabar con los grupos armados de izquierda. Sus acciones militares lanzó 4 millones de campesinos a las ciudades. Otros tres millones al exterior.

Era su política para recuperar la autoridad y el monopolio de las armas. Para obtener el ansiado 51% de votos del censo electoral, no dudó en utilizar sus narcopolíticos, quienes, en comunión con los criminales más nefastos de la historia universal, recorrieron campos y ciudades llevando a los votantes a las mesas bajo una diversidad de amenazas, incluída la muerte. La justicia colombiana, llevó a juicio a el 90% de senadores, representantes, gobernadores y alcaldes, de la “U”, el partido político de Uribe, por vínculos con grupos armados financiados por los grandes terratenientes, los industriales, los políticos de alta élite y el capital transaccional.

Esa fue su política de unidad territorial. Pero no sirvió de nada. El Estado Colombiano no existe como una unidad o un ente único. Hubo un tiempo en que cada sector de la sociedad tenía su propio ejército, su zona geográfica y sus propias leyes. Los Campesinos tenían, y tienen, a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia; Los intelectuales de las ciudades tenían al M-19; los indígenas al grupo armado Quintín Lame; los sectores católicos al Ejército de Liberación Nacional; Los narcos al Mas; Los Obreros al Ado, el gobierno al Ejército Nacional y el Ejército Nacional a los Paramilitares, y los paramilitares a...

Cada grupo armado ejercía, y ejerce, los que aun existen, presión armada sobre los votantes. Así que cada elección no es más que una vuelta a la ilegitimidad de los sucesivos gobiernos que no pueden llevar adelante sus planes si no es con una feroz represión oficial y la imposición de políticas que contradicen las esperanzas de los ciudadanos. De allí la gran abstención que desemboca en la ilegitimidad de los últimos gobiernos colombianos.

Es pues, una tarea urgente en Colombia construir legitimidad. Movilizar a esos casi 18 millones de votantes que no ejercen su derecho al voto por miedo, decidía o porque considera que con o sin política su vida seguirá siendo la misma, es fundamental. Es necesario saber cuantos hombres y mujeres de esos 18 millones apoyan alas guerrillas. Por ahora sabemos que sólo el 23% del censo electoral apoya a los gobiernos, incluido en ese 23% las burocracias propias de las administraciones de turno, a la compraventa de votos, a los que van a votar con la pistola en nuca..es mejor no seguir que quedamos en nada.

Pero ¿Cómo construir legitimidad?. Ojo. Esta legitimidad no tiene nada que ver con la “autoridad” que pregonó Uribe a punta de pistola, cuyo resultado no fue otro que cientos de miles de soplones, pago de recompensas, bombardeos indiscriminados, asesinatos selectivos de sindicalistas, obreros, estudiantes, trabajadores de los derechos humanos, campesinos, opositores, periodistas, falsos positivos, etc. Ese afán desmedido de hacerse legitimar lo llevó incluso, a manipular un plebiscito para hacerse reelegir para un tercer mandato. No, esa no es la legitimación que hay que construir. Ese poder, alcanzado a través de piruetas, zancadillas y muertes debe ser enterrado.

La legitimidad tiene que construirse con la democratización de la tierra, que es uno de los primeros acuerdos a que han llegado los negociadores de la paz en La Habana. Habrá que democratizar la riqueza nacional, democratizar la política y reformar las estructuras del Ejército. Habrá que sembrar la semilla del nuevo país a partir de una verdadera política de paz que incluya estas cuatro medidas como columnas básicas del fundamento del Nuevo estado Nacional. Es la única manera de construir legitimidad.

Pero también se debe llevar una sana política de reincorporación a la vida civil de los combatientes, la reparación a las víctimas del conflicto, a los campesinos, alas víctimas del genocidios de la Unión Patriótica, a las víctimas de los asesinatos de los exintegrantes de las Milicias de Medellín y del Ejército Popular de Liberación, a las vítimas de secuestro y desplazamiento, a las víctimas colaterales del conflicto armado. Una verdadera política para dar una respuesta sensata a los más de 60 mil desaparecidos, a las familias de los más de tres mil jóvenes presentados como muertos en combate, incluyendo la atención a los desplazados y la recuperación de sus tierras.

Es necesario convocar a los colombianos al unísono por la paz para que participe activamente en el diseño del nuevo país. Y que nunca más se excluya al campesino, al obrero, al ciudadano común y que nunca más pensar diferente en Colombia sea motivo para ser declarado objetivo militar de uno de los tantos bandos armados, sino que esa diversidad de pensamientos sirva de base par construir el país del tamaño de nuestros sueños.

Por Arturo Prado Lima, colaborador de Soyperiodista.com