El centro de Bogotá, más allá de la multitud

Por la séptima se pueden apreciar todos los sectores sociales y toda clase de trabajos: pasan el gran empresario, el obrero, el vendedor informal, el empleado, el habitante de la calle, el pintor, el músico, el cantante, el indígena artesano.

Llovizna. El cielo está nublado en el centro de Bogotá. La gente camina rápido, saca sus sombrillas, corre, se ve en la lejanía la multitud de personas caminando, ocupadas, apresuradas. El tiempo corre. Por la séptima se pueden apreciar todos los sectores sociales y toda clase de trabajos: pasan el gran empresario, el obrero, el vendedor informal, el empleado, el habitante de la calle, el pintor, el músico, el cantante, el indígena artesano.

Es todo un recorrido de exposición de talentos, hay algo que une a todos a pesar de las diferencias de estrato e ingresos, todos quieren sencillamente estar “bien”, conseguir una mejor calidad de vida, salir adelante.

Un artista urbano personifica a un leñador. Es un señor ya con sus años, está subido en un tronco artificial, su vestimenta es un overol café, tiene un hacha y usa maquillaje que le da una apariencia más rígida.
La estatua de leñador cambia de posición a los 20 minutos. Una mujer se acerca a depositar una moneda en el tarro que él ha dejado sobre el andén. El hombre le da dos machetazos al tronco, limpia el hacha, coge la mano de la mujer y le da un beso. Ella sonríe y sigue.

Más tarde se acerca una mujer con su hija adolescente. La joven deposita una moneda, el hombre hace el mismo movimiento, esta vez le da el beso en la mano, y tiene la intención de darle uno en la mejilla. La joven mira a su mamá, y ella le dice “no, guácala”.

Dos hombres de paño pasan por mi lado derecho, uno le comenta al otro “a mí me falta la quincena de marzo”. En agosto de 2012, la tasa de desempleo de Bogotá se ubicó en 9,6%, cifra inferior a la obtenida por la nación (10,5%), pero superior a la alcanzada durante el mismo periodo del año anterior (9,2%) según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas, DANE.

Una mima pasa con un señor.. Ella le silva coquetamente y le manda besos. El señor camina rápidamente con una risa casi invisible y le da una moneda al final. Ella gana diario normalmente de 10.000 a 20.000 pesos, tiene un hijo de nueve años esperándola en casa.

Los indígenas artesanos venden sus coloridos collares, hechos con sus propias manos en cualquier esquina del centro de Bogotá, rebuscándose el sustento diario que les arrebataron. Son 6.379 indígenas que se encuentran en situación de desplazamiento en Bogotá, de acuerdo a lo reconocido por la Agencia Presidencial Acción Social.

Según fuente de la página oficial (http://indigenasdesplazados.wordpress.com/), varios indígenas reclaman que en el momento de buscar empleo se les solicita la Libreta Militar, afirmando que esto se debe a la falta de conocimiento por parte de los empleadores sobre las leyes indígenas (respaldadas por la Constitución Política de 1991), que los exime de la prestación del servicio militar. Así pues, los indígenas dicen que si llegaran a aceptar la solicitud del empleador, estarían negando automáticamente el regreso a sus propias tierras puesto a que la posesión de la Libreta Militar incrementaría las amenazas en contra de sus vidas en sus propios lugares de origen.

Este es el centro de Bogotá, más allá de sus bellas edificaciones coloniales, de sus calles estrechas y antiguas, de ser un lugar turístico e histórico que se delimita por las calles primera y 34, desde los cerros orientales hasta la Avenida Troncal Caracas, se ve la realidad de miles de colombianos que decidieron o los obligaron a vivir en la indiferente Bogotá.

Según el economista Eduardo Lora, “los problemas laborales en Colombia son en gran medida el resultado de una combinación de factores que están limitando la demanda laboral: una macroeconomía poco dinámica e inestable, un ambiente institucional adverso a la inversión privada y una legislación laboral que encarece el trabajo y limita la flexibilidad de los salarios”.

Bogotá pareciera no tener oídos ni voz, hay oportunidades pero no alcanza para todos, entonces se le abre paso al rebusque. Uno se limita a caminar y si mira la realidad que viven cientos de colombianos sin ingreso seguro se daría cuenta de que somos una sociedad poco solidaria e insensible. No es necesario conocer las problemáticas a fondo, solo mire a su alrededor.

Por María Angélica Calderón Sarmiento, colaboradora de Soyperiodista.com

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