El 'éxtasis' de la farmacia

Los colombianos se vuelven cada vez más adictos a fármacos de venta libre y de control para calmar la ansiedad, depresión, hastío y males infundados.

EL ESPECTADOR

Los colombianos se vuelven cada vez más adictos a fármacos de venta libre y de control para calmar la ansiedad, depresión, hastío y males infundados.

*Eva es una joven universitaria que dice estar bajando su promedio académico porque últimamente se le olvida lo que estudia. Eva inhala polvo de oxycodona, un poderoso analgésico derivado del opio recetado con fórmula médica que mitiga el dolor crónico y provoca una intensa sensación de bienestar, pero como efecto secundario causa una pérdida gradual de memoria.

“La probé un día después de terminar con mi novio”, dice Eva, quien además de volverse adicta al narcótico, asegura que también ha perdido el interés sexual. La joven se las ingenió para que su médico le recetara el medicamento inventándose una “punzada insoportable” en su cuello producto del estudio y que no se aliviaba con analgésicos comunes.

Eva hace parte del casi un millón de colombianos, entre los 17 y 55 años, que usan drogas adictivas y se automedican, de acuerdo con los más recientes reportes de urgencias y citas de control médico de las entidades prestadoras de salud –EPS-, y varias instituciones de asistencia de salud mental, como la Fundación Miller y la Fundación la Luz.

“Drogas de la felicidad”

Sin embargo, la oxycodona y otros derivados del opio de uso frecuente como la metadona, la codeína y la hidrocodona o “Vicodin”, popularizado por el Dr. House de la TV, no son los más apetecidos. Los superan los sedantes y ansiolíticos para el tratamiento del sueño y la ansiedad, respectivamente, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud –OMS- y el Ministerio de la Protección Social.

Incluso, las llamadas “drogas de la felicidad” y de venta ilegal como cocaína, marihuana, metanfetamina y heroína tienen menos demanda que los medicamentos de vigilancia, tal como se desprende del informe de la OMS. Sin embargo, expertos en el tema dicen que las cifras no alcanzan a revelar el verdadero drama de la adicción, debido a que la recolección de la información es muy compleja.

Un documento de la Asociación Colombiana de Siquiatría dice que hay una falsa creencia de que al comprar una droga en la farmacia con receta o sin ella, es segura y no causa ningún daño, mientras las drogas ilegales de la calle son peligrosas y matan. Pero la realidad es que la pastilla de la droguería puede ser tan dañina y fatal como las drogas callejeras, en opinión de los especialistas.

De hecho, “la automedicación y el consumo de fármacos son ya un problema de salud pública en el país”, dijo José Posada Villa, asesor del Ministerio de Protección Social, dado que cada vez más personas con síntomas de angustia y ansiedad productos del ajetreo de la vida cotidiana, se ‘enganchan’ a los medicamentos como una vía rápida y económica para conseguir alivio.

Los medicamentos de mayor consumo en los últimos años son los tranquilizantes alprazolam, pregabalina y diazepam; los antisicóticos clozapina, clonazepam y risperidona; los antidepresivos sertralina y amitriptilina; los analgésicos opiáceos hidrocodona, metadona y tramadol, dice el informe.

Hipocondría y adicción

“En Colombia el uso indiscriminado de medicamentos recetados y autorecetados está aumentando de manera alarmante, y aunque muchos no son dañinos pueden resultar peligrosos si no se administran bien”, dijo Hugo Gallego, médico experto en Toxicología y asesor de la OMS.

Siquiatras adscritos a programas contra la adicción coinciden en que si hoy se consumen más medicamentos de control que la marihuana y la cocaína –las de mayor consumo-, se debe a que los consumidores se han vuelto tolerantes a estas últimas y ya no reaccionan al placer como antes, y por eso se pasan a las drogas recetadas.

La otra cara de la adicción es la hipocondría, una creencia de que los síntomas son señales de padecimientos graves. Se estima que 5 de 10 colombianos sufren de hipocondría, y la mayor parte de ellos recurre a medicamentos, pues consideran que su poder farmacológico los protegerá de sus supuestos males.

“Los hipocondríacos son los pacientes más complejos de tratar, pues viven acosados por ideas fatalistas sobre la enfermedad”, dice la siquiatra Karen Horney, en su libro “La personalidad neurótica de nuestro tiempo”, lo que corrobora la tesis de la Asociación Colombiana de Psiquiatría, de que este tipo de pacientes debe ser tenido en cuenta en los planes de salud del estado.

Fármacos vigilados y sin control

En Colombia hay restricciones para comprar medicamentos de control y se requiere receta médica, debido a que muchos de ellos producen dependencia física y mental, pero su misma prohibición los ha convertido en un negocio tentador para las droguerías, que obtienen millonarias ganancias, de acuerdo con el más reciente Estudio Nacional de Consumo de Sustancias.

Otro aspecto que ha desatado críticas ante el abuso de fármacos, es la permisividad de las multinacionales farmacéuticas respecto a los riesgos inherentes para la salud. “Ahora llegan a los consultorios mujeres y hombres normales que por problemas rutinarios recurren a las pastillas por recomendación médica, a cambio de enfrentar tales dificultades”, dice la médica siquiatra Ana Lucía Vélez.

El mercado de los laboratorios farmacéuticos mueve cerca de 3 billones de pesos anules, pero sigue creciendo gracias a la estrecha relación que estos tienen con los médicos responsables del control de la formulación. Esta actividad ha sido cuestionada desde el punto de vista ético y profesional, y denunciada en años anteriores por las dádivas y contraprestaciones que reciben los médicos a cambio de recetar sin justificación fármacos que causan adicción.

Se estima que millones de colombianos, entre jóvenes y adultos, han usado en los últimos cinco años drogas de control con o sin fórmula médica, lo que preocupa a las autoridades sanitarias del país, responsables de regular y vigilar la distribución y consumo de estos medicamentos que pueden causar daños irreversibles a la salud y la muerte misma si no hay vigilancia profesional.

El estado posee además el monopolio de 10 fármacos señalados como los más propensos a provocar adicción y problemas de salud, como el fenobarbital, el opio, la hidromorfona y la morfina. Sin embargo, parece haber un mercado negro de estas sustancias y otras que son de uso hospitalario y de venta exclusiva en establecimientos autorizados, como lo señala la OMS.

El Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos –Invima- pidió a las casas farmacéuticas que adviertan en sus etiquetas sobre el riesgo de adicción de ciertos compuestos, pero los consumidores en la mayoría de los casos pasan por alto tales consejos, debido al silencio de los médicos y porque el mensaje muchas veces no se alcanza a leer por su letra casi ilegible.

Eva dice por su parte que aunque ha bajado la dosis de oxycodona y le preocupa estar perdiendo la memoria y su apetito sexual, no puede dejarla porque se deprime y le sobreviene “una horrible sensación en el cuerpo” cuando no aspira 3 o 4 líneas al día del peligroso opiáceo.

 

Por Uriel Ariza-Urbina, colaborador de Soyperiodista.com

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